Vitoria, 20/01/09 Las quejas por ruido llevan al Ayuntamiento de Vitoria a cerrar 14 locales de jóvenes en un año
No es que los jóvenes sean más ruidosos o los vecinos más irritables. Es que, sencillamente, cada vez hay más lonjas en Vitoria. Como pipero s riojanoalaveses, bajeras pamplonicas, chabisques navarros, o chamizos logroñeses. No existe un registro de locales en Vitoria, pero sí datos de lonjas advertidas o cerradas que pueden dar una idea del escenario global (no están todas las que son, pero son todas las que están).
53 clausuras en cinco añosSegún este registro, hace más de un lustro, en 2003, el Ayuntamiento redactó 14 informes y cerró once locales. Al año siguiente (2004) abrió más historiales (veinte), pero ordenó menos clausuras (siete). La cifra de sumarios se disparó en 2005 a 28, de los que nada menos que 16 desembocaron en cierre. Si 2008 ha sido el año estrella en número de avisos, 2005 fue el número uno en clausuras. El boom se debió, en parte, a que en aquel curso entró en vigor la nueva Ordenanza municipal de Ruidos. Las cifras disminuyeron un año después (2006), con 12 informes y tres escondrijos precintados. Más tímido aún arrancó 2007, año en el que, en todo el primer semestre, sólo se precintaron dos txokos. Por zonas, Zaramaga fue en 2008 el barrio al que más veces acudió la Policía tras recibir la llamada de algún vecino. En concreto, encabeza el ranking con 8 intervenciones seguido de Los Pintores (6), Lakua (5) y Arana (5). A la cola de esta lista negra se sitúan, entre otros, el Casco Viejo (1) y Adurza (1), acompañados de dos barrios que se estrenan en la clasificación: Salburua y Zabalgana -con una queja en cada barrio-. El incremento de inspecciones no se produce porque el Ayuntamiento tenga más o menos mano dura unos años que otros, o en unos barrios u otros. El Consistorio actúa sólo en función de las quejas de los vecinos, y en ningún caso por iniciativa propia. "La mayoría de veces llaman vecinos a título particular, pero también existen denuncias de asociaciones vecinales", detalla el portavoz de la Policía Municipal, Kepa Solla. Según explica, la decisión de cerrar o no estas singulares cuevas no la toman los agentes, sino el Departamento municipal de Medio Ambiente. El proceso es el siguiente: un vecino llama a la Policía, los agentes van "y redactan un informe, lo envían al Ayuntamiento y, allí, Medio Ambiente dicta una resolución. Habitualmente, concede un plazo de un mes para legalizar la situación, algo que se consigue presentando un proyecto de actividad y adaptando el txoko (insonorización, salida de humos, seguro, extintores: al igual que una sociedad gastronómica). Nadie convierte el habitáculo en txoko, así que el siguiente paso es una orden a los agentes para que lo precinten. "Después se debe notificar el cierre al afectado, pero esto es más complicado porque, la verdad, no solemos tenerlo identificado", explica el portavoz policial. Eso sí, para no errar en su visita al local, la Policía elige los momentos clave: fines de semana o a última hora de la tarde. Desde los 15 años ¿Qué se encuentran los agentes cuando entran a una lonja? Nada particular -salvo imprevistos-. Quizá alguna china de hachís, botellas, cartones; cajas de pizza y envoltorios de kebab. El kit-lonjas incluye "televisores viejos, butacas, la play y otros juegos, minicadena y algún que otro frigorífico", según señala el portavoz de la Policía; añade que se trata, "generalmente, de chavales de entre 15 y 20 años". Algo más mayores son Luis Cruz y su cuadrilla. Tienen de 24 años y en breve cumplirán 25. La mayoría trabajan y algunos ya se han independizado. La lonja, para ellos, es un lugar de encuentro al que acude más de una cuadrilla y donde ponen sus propias reglas. Son catorce y pagan veinte euros al mes cada uno. En la nevera guardan provisiones. Tienen un microondas desconectado. La mayoría de veces llaman a un restaurante chino o a algún otro servicio de comida rápida. Han organizado turnos de limpieza: cada semana, uno. Sobre todo el baño, lo más importante. El resto lo suelen adecentar cuando apetece. Se autogestionan. Es su cuarta lonja en cuatro años. En su caso, nadie les ha echado. Nunca han tenido problemas. Simplemente, emigran cuando encuentran un refugio mejor. De Arana a Txagorritxu, después a Coronación y por último, al barrio de Arana. Otros jóvenes ocuparán, tarde o temprano, esos locales vacíos.
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