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Valencia, 19/06/08
FOGUERES DE SANT JOAN

Las fiestas del ruido y la música

Los estallidos de la pólvora y la sintonía de las bandas llenan el aire alicantino 24 horas

REDACCIÓN

Mascletá Plaza de los Luceros
Detalle del encendido por parte de un pirotécnico de una de los morteros que forman parte de una mascletá, en la plaza de los Luceros
Al que no le guste el ruido que se vaya de Alicante en los días de Hogueras. No hay un momento de tranquilidad hasta bien entrada la mañana del día 25. Cuando no es la tradicional y machacona despertá lo son los pasodobles que se tocan durante los paseíllos que los miembros de los diferentes distritos realizan por las mañanas.

Luego están las mascletaes, las tracas, los fuegos artificiales nocturnos y los petardos que continuamente suenan las 24 horas del día. Pandillas y pandillas de chavales se pasan horas enteras encendiendo petardos en las calles, en las plazas, en las fuentes de las plazas. Es la fiesta de la pólvora en toda su dimensión. Es la fiesta del ruido.

Tras las pachangas de la mañana y las mascletaes del mediodía, por la tarde, en los diferentes desfiles y por la noche, en las barracas, la música es continúa hasta el amanecer. Cuando el sueño vence al cansancio hacia las ocho de la mañana, vuelve la rueda a girar, con la despertá.

Esto es Alicante en Fogueres un concierto continuo de ruido, ruido y más ruido. Las bandas de música se confunden con las tracas, las tracas con los petardos de los pandilleros, las carretillas o cohetes borrachos con la música de las barracas, enlatada o no.

Y si todo eso no fuera suficiente están los ruidos de los claxons de los coches atascados en alguna congestión de tráfico, porque el centro de la ciudad está cerrado y tan solo pueden entrar los residentes.

La fiesta de las hogueras es la del concierto de los cohetes y las diferentes músicas pero también lo es del caos de tráfico que se forma desde el día 19 de junio hasta bien entrada la madrugada del 25. Desde la plantá a la cremá. Desde el amanecer hasta el siguiente amanecer.

¿Que sería de la fiesta sin el ruido? No habría juerga. A todo ello hay que añadir el ruido de las mesas de los comensales que en los diferentes racós y barracas los festeros se reúnen para pasar ratos agradables con las familias, los amigos, los invitados. Los barraquers tienen sus espacios acotados para pasar ratos de tertulia, con abundante comida y bebida con los amigos. La barraca es algo propio de las fiestas de Alicante. Nada tiene que con la barraca tradicional valenciana, sólo el nombre. Lo que pasa que los alicantinos viven la fiesta en la calle.

Toman el aperitivo en la calle, comen en la calle, beben en la calle, durante los cinco días que dura la fiesta, ya sea de día o de noche, por la mañana o por la tarde.

En fin queda la playa, lugar de los más jóvenes para pasar las resacas de las cortas noches del mes de junio. Hay un bando del alcalde que prohíbe dormir en la calle, pero estos días son diferentes.

A lo largo de estas noches dormir es sólo un paréntesis, un corto paréntesis en los días de la fiesta alicantina. Se empieza de pequeño con los petardos en los portales, en las entradas de las barracas. Se sigue con los cohetes borrachos para asustar a los amigos, continúa con las noches de baile y más baile en cualquier rincón, ya sea una barraca, ya sea en plena calle, ya sea en el balcón de cualquier casa, o en la plaza de toros, mientras se observa la corrida de Manzanares.

La música y la pólvora forman un matrimonio que no se disuelve en Alicante durante sus días y sus noches de juerga continúa. Es la fiesta de la pólvora, pero es, por encima de cualquier cosa, la fiesta del ruido, del ruido constante que no para. El Mediterráneo es una zona donde sus habitantes tienen a bien hablar a gritos, pero es por la música, por las fiestas, por los cohetes y la pólvora.

A lo largo de estos días de hogueras, no hay aparatos de decibelios, las motos de los adolescentes no molestan en la madrugada porque lo que molesta y de verdad son las musiquillas machaconas del bakalao y la máquina, el chill-out o cualquier cosa que haga ruido sean las diez de la mañana o sean las cuatro de la madrugada.

La cuestión es hacer ruido, cuanto más ruido mejor. Los ruidos se superponen. Tienen sus edades, desde la infancia, a la adolescencia. Tienen sus ratos de diversión y de cabreo permanente a lo largo de las madrugadas que no dejan dormir a quienes quieren disfrutar de la fiesta pero que también reclaman el derecho al descanso, al sueño, aunque sea poco. Es el derecho de cualquier persona, sea festero o no. Pero estas son las fiestas del ruido, de un ruido constante.

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