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Valencia, 24/08/08

La contaminación acústica en el circuito alcanza los 121,7 decibelios

El ruido de los monoplazas supera ampliamente el umbral del dolor

Josep Bartual

Circuito Valencia
Desde las alturas. Desde algunos lugares se pueden ver las carreras de forma panorámica. Ferrán Montenegro
Con sonómetro en mano Levante-EMV decidió comprobar qué niveles alcanza la contaminación acústica dentro del recinto del circuito urbano. Son las 11:25 del pasado sábado. Los monoplazas llevan un buen rato en la pista con motivo de la tercera sesión de entrenamientos libres.

Con el aparato de medición nos acercamos al punto más cercano a la pista, justo en la puerta del edificio del Reloj. Allí los coches pasan a poco más de dos metros de artilugio que mide la contaminación acústica. El ruido es insoportable si no llevas tapones para los oídos. Van pasando los coches a velocidad de vértigo hasta que el Toyota de Jarno Trulli marca la máxima cifra en el sonómetro: 121,7 decibelios, es decir, muy por encima del umbral del dolor, que según los expertos comienza a partir de los 80-85 decibelios. Sólo unos 30 metros separan las viviendas de JJ. Dómine de la pista. Pueden imaginar lo difícil que debe ser echarse una siestecita con los bólidos rodando enfrente de la calle.

El punto del edificio del Reloj dio los índices de contaminación más altos del fin de semana en Valencia. En otro de los puntos calientes del circuito urbano, justo al final de la recta de la marina comercial, es donde los monoplazas alcanzan su velocidad máxima, 316 km/h.

Por tanto, van a tope de revoluciones y potencia. Sin embargo, el zumbido es tan fino que no supera la anterior cifra, y los coches a su paso por el bar de la lonja de los pescadores, marcan en el sonómetro 117,6 decibelios. Los boxes y la salida de los bólidos de los garajes tampoco es un buen lugar para educar el oído. Allí, el Force India de Fisichella alcanza los 116,4 decibelios. Lo que emiten los tubos de escape es un auténtico estruendo.

Más resguardados

En cambio, la impresionante sale de prensa, con sus cristales de 7 milímetros de espesor, calman la sinfonía de los Fórmula 1. Para trabajar se trabaja justo en los niveles máximos, es decir, 85 decibelios. ¿Y cómo lo vivirán los ricos en sus imponentes yates? En la dársena interior, rodeada por la pista, el sonómetros marca constantemente niveles superiores a los 85 decibelios por el efecto reverberación y alcanza una cifra máxima de 99,3.

Todas las mediciones se hicieron en el intervalo de una hora y durante los entrenamientos libres, cuando los coches ruedan dispersos y están entrando y saliendo constantemente de los boxes. Hay que tener en cuenta que durante la carrera, justo cuando el semáforo se apague, las cifras superan con creces los 125 decibelios, ya que hay que sumar los motores de los 20 monoplazas a la vez rugiendo por la pista urbana.

Para combatir el ruido, la familia del mundial utiliza cascos que insonorizan a la perfección o en su defecto tapones, más baratos e igual de útiles. Este redactor olvidó durante la prueba con el sonómetro proteger sus oídos. El resultado fue un intenso dolor de cabeza desde las 11 de la mañana, cuando inició las mediciones, hasta bien entrada la noche...

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