Huelva, 11/06/06 Drogas, alcohol y violencia en las noches del polígono PolirrosaLos bares y discotecas han convertido esta zona industrial, y sus alrededores en un lugar donde celebrar una movida marcada por los excesosEl mismo triste espectáculo volvió a repetirse el fin de semana pasado en polígono Polirrosa de la capital, y van demasiados. Sus protagonistas eran otros, pero son siempre los mismos, pues en este drama titulado 'Llevar la movida a sus últimas consecuencias' los principales actores, así como sus antagonistas y extras van intercambiándose los roles. La situación se presenta como insostenible para algunos de los empresarios de la calle A de este polígono y para los vecinos de la avenida Príncipe de las Letras, principal vía por la que se accede a dicha zona. Zona que durante el día, de lunes a viernes, ofrece su cara más comercial e industrial, y que por la noche, de jueves a sábado, presenta su lado más oscuro, violento y peligroso como lugar de 'ocio' y 'diversión'. Desde hace unos años, esta calle se ha convertido gracias al alcohol, las drogas, la prostitución, todo ello mezclado con palizas, peleas entre bandas callejeras con tiros y navajas de por medio, rallies, botellón... en toda una explosiva coctelera que salpica con sus efluvios a todo aquel que esté a su alrededor. Pasaban las cinco de la mañana, de la madrugada del pasado domingo. Los vecinos, alertados, salieron a sus balcones. Un hombre sudamericano le estaba dando una paliza a una mujer, mientras otros compatriotas le alentaban y jaleaban. "Imagínese la dureza de los golpes, que los gritos de auxilio espetados por la víctima sobresalían entre tanto bullicio. Llamamos a la Policía y a una ambulancia. Aquella noche se personaron ambos, pero otras veces cuando los avisamos la Policía no aparece, y los de la ambulancia se niegan a venir –como los taxistas–, no vayan a salir también magullados" comenta una vecina de Príncipe de las Letras, agregando que a partir de la noche del jueves y hasta el mediodía del domingo "vivimos en un sin vivir. Aquí no hay quien viva". Un comerciante de la zona relata que hace unas semanas a altas horas de la madrugada del sábado él y sus trabajadores se pegaron un susto de muerte. De repente, las puertas de su negocio se abrieron dejando paso a un joven con la cabeza rajada y ensangrentada. "Llenó todo el suelo de sangre. Le atendimos. Llamamos al 061. Aquí no nos curamos de espanto. Trabajar por las noches en este polígono industrial, remarco, industrial, es toda una osadía" comenta, a la vez que ruega guardemos su anonimato por temor a posibles represalias. "Con lo que ya soportamos es suficiente". Y soportan bastante. El dueño de una de las naves, dedicada a productos de la construcción, dice que los sábados que ha tenido que acudir irremediablemente a trabajar ha presenciado "broncas que se han saldado con pistolas. A tiros limpios. Es indescriptible lo que aquí acontece los fines de semana. Yo, aún cerrando las puertas de la nave a cal y canto, paso miedo en el interior". Junto con las pistolas, otras de las armas de moda en la movida nocturna de la zona son las navajas. "Más de una vez ha tenido que atender el 061, en plena calle, a jóvenes heridos con puñaladas" dice un comerciante del lugar. Sin embargo, la última moda de Polirrosa va detrás de una botella. "Cuando están borrachos, se colocan en las distintas aceras de la calle y empiezan a lanzarse los botellines, vasos y botellas los unos a los otros". El ruido del estallido de los cristales es ensordecedor, y los desperfectos, como la basura que provocan dichos envites, son innumerables y no siempre pasan por aquí los barrenderos. "Aunque el Ayuntamiento nos obligue a pagar 'siempre' los impuestos de basura, no vemos los resultados, si ves más o menos limpio esto, es gracias a los trabajadores de la zona que dedican parte de su horario laboral a limpiar las calles de los efectos de la movida". Efectos que dejan un cuadro desolador de jóvenes tirados en plena calle durmiendo la borrachera, entre vómitos y botellas. Y guiados por la botella, otros jóvenes se montan en sus tuneados y estridentes coches para llevar a cabo carreras por las carreteras que cruzan y rodean el polígono Polirrosa. "Da miedo verlos conducir hasta arriba de alcohol y drogas" dice un joven trabajador de la zona que a veces también acude a ella para divertirse. Los que no se divierten son los vecinos de la avenida Príncipe de las Letras. Coinciden en señalar el molesto estruendo automovilístico producido por el devenir de las carreras. "No puedes dormir en toda la noche, ya que los rallies no tienen fin. Comienzan a las dos de la mañana y terminan a las once de la mañana del día siguiente" comenta una vecina perjudicada, ya que su piso mira hacia dicha vía. Pero lo menos malo, es aguantar el ruido. Lo peor es sufrir sus demoledores consecuencias. "Inician a correr desde el principio de la calle A. Por la mitad, comienzan a hacer el trompo con los coches, casi siempre robados, claro. Las piruetas acaban estrellándose en los vehículos aparcados en la avenida. Salen del coche y se van en otros. Los golpes son continuos y si el coche afectado es el tuyo, ya puedes liarte la manta a la cabeza". Los efectos de dichos trompos también los sufren los propietarios de las naves industriales. Estos se ven obligados, cada cierto intervalo de tiempo, a cambiar las grandes puertas de entrada a las mismas. Muchos han optado por colocar en las aceras pivotes de acero. Más vale prevenir que curar. Y a todo esto, hay que sumar, por una parte, el consumo de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, su tráfico y fácil distribución en la zona: "están al alcance de cualquiera" aseguran testigos presenciales; y, por otra, el cada vez más frecuente circular de la prostitución por sus calles. Por tal motivo no es de extrañar la actitud de varios comerciantes en echar el cerrojo a sus negocios el viernes al mediodía y no abrirlos, bajo una total incertidumbre, hasta los lunes por la mañana. "No trabajamos por lo que pueda pasar". Sin embargo, algunos comercios no tienen más remedio que abrir sus puertas. Como un negocio de grúas de la zona, que han optado por comprar otra nave en otro polígono para trabajar los fines de semana. Desde este negocio, comentan la imposibilidad de trabajar con un mínimo de seguridad, no ya solo por las noches, sino durante todo el fin de semana. Según algunos vecinos, la causa de esta mudanza fue la paliza que recibió un trabajador de la empresa de ayuda en carretera cuando intentaba entrar un coche averiado en dicha nave. "Le pegaron, le robaron, y se llevaron todo lo que allí encontraron a mano. Con toda impunidad. Esto es una ciudad sin ley". También bajo el anonimato más absoluto, una vecina y trabajadora de la zona, afirma que en las noches del polígono se cuece algo más, pero a un nivel insospechado. "Aquí se mueve mucho dinero. Aquí hay algo que se nos escapa entre las diferentes bandas que pueblan las noches de Polirrosa. Sólo un ejemplo, el dueño de un bar de la zona tuvo que cerrar sus puertas, los fines de semana, bajo amenaza de punta de pistola. Y los que amenazaban no eran los jóvenes gamberros que por aquí pululan" enfatiza.
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