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Barcelona, 02/01/06
ADIÓS AL 2005 // LOS INCIDENTES

Instintos básicos

  • Excesos alcohólicos, orines callejeros y gamberradas saludaron la llegada del año en que entrará en vigor la ordenanza cívica
  • Nadie pensó en la norma en Nochevieja
P. CASTÁN / M. NAVARRO / SERGIO LAINZ

Fue una ironía del destino. Las 12 campanadas saludaron al año en que entrará en vigor la nueva normativa cívica (la próxima semana), mientras la multitud rendía todo un homenaje al incivismo. Si hay una noche donde los excesos se multiplican y los instintos más básicos se exhiben con menos tapujos que nunca, esa es la Nochevieja. Y la de ayer no fue una excepción, totalmente de espaldas a cualquier nueva normativa.

Beber a destajo en plena calle y orinar en la misma proporción contra cualquier pared fueron las actividades estrella de los que celebraron la juerga en la vía pública. Giulio y dos amigos italianos, recién llegados a Barcelona en busca de "alcohol, fiestas y chicas", improvisaron la primera parte de su particular juerga en en el Portal de la Pau. Unos amigos les avisaron de que en la plaza de Catalunya habían puesto coto a las botellas, así que se fueron en busca de espacios abiertos. Al sufrido monumento de Colón le llovieron las botellas y fue trepado con vehemencia etílica. La ecuación de Nochevieja y botellón se abría paso donde podía, como en la Rambla, alfombrada de cristales, y en la plaza Reial.

Pasadas las campanadas, los objetivos se dividían. Para unos lo primordial era encontrar taxi. "Nos ofrecen hasta billetes de 50", explicó un taxista alucinado, mientras los mossos paraban a taxis sin el taxímetro encendido para comprobar posibles fraudes. La caza del taxi provocó que la gente se insultara, discutiese y hasta casi llegase a las manos para conseguir uno libre. Para los taxistas, el negocio no estuvo exento de tensión. Frente al Maremàgnum, un taxista tuvo que bajarse del coche y enfrentarse con un martillo a dos turistas que no le pagaron. Los mossos tuvieron que escoltar a otro chófer en la calle de Pelai, cuyo automovil había sido rodeado por un grupo amenazante de usuarios. Incluso a las ocho de la mañana grupos de gente que no quiso coger el metro seguían deambulando en búsqueda de la luz verde.

La otra necesidad, más primaria, era desalojar las grandes cantidades de alcohol ingeridas durante toda la noche. Hicieron pis en plena plaza de Catalunya, contra quioscos y contra los sufridos puestos de la Feria de Reyes de la Gran Via, donde los mossos tuvieron que prestar ayuda a un vigilante de seguridad.

En el Paral.lel una furgoneta policial sorprendió in fraganti a una joven que orinaba entre dos coches con las medias de rejilla enredadas en los tacones y un pañuelo de papel entre los dedos. El sirenazo la enderezó del golpe.

Baile sobre una furgoneta

El susto fue parecido al que sufrieron los amigos de una inglesa de más de 50 años que le dio por bailar encima de una furgoneta de la Guardia Urbana, en la plaza de Catalunya. La imagen fue tan surrealista que nadie se atrevió a bajarla. Lo hizo ella sola, de golpe. De allí, fue trasladada al hospital. La atendieron en el compartimento vecino en el que ingresaron al paquistaní que se precipitó desde varios metros de altura en la entrada del párking de la misma plaza.

Y es que tanto alcohol no es bueno. Una pobre turista de Manchester compareció sola, bebida, bien vestida, llorosa y sin dinero frente a los mossos. A escasos metros, su marido compartía uvas a dos bocas con una joven. La mujer suplicó que alguien la acercara a su hotel. Era tanta la pena y la borrachera que llevaba encima la mujer que consiguió que un intendente de los mossos cogiera su coche particular y la acercara al hotel.

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