Huelva, 03/12/04 Campañas insensatasfélix bayónSIEMPRE me ha enternecido la confianza ciega que la Junta de Andalucía tiene en la propaganda. Cree que los problemas se pueden solucionar haciendo campañas. ¿Que nuestra convergencia con Europa va mal? Se inventa lo de la Andalucía imparable y tan campantes. Es la ventaja que tiene tirar con pólvora del Rey: nunca se evalúa la utilidad de estas campañas, como no se evalúan los efectos de las subvenciones, ni del subsidio agrario ni de los cursos de formación que dan, con tanto provecho para ellos, patronal y sindicatos. Así, las campañas, las subvenciones, el subsidio agrario o los cursos de formación se terminan convirtiendo en fines en sí mismos. Mientras las radios siguen emitiendo el anuncio de los 2.500 millones, lleno de errores –o mentiras– y pronunciado con un acento andaluz de fantasía, los periódicos comienzan a dar uno sobre la movida nocturna que da gusto verlo. El protagonista es un chico más bien joven, aunque ya demasiado crecidito para hacer el tonto de madrugada: yo diría que está en la treintena. Tiene los ojos semicerrados y resacosos, barba cerrada de dos días y el pelo limpio y despeinado estudiadamente para la foto con cepillo y secador. Del personaje sabemos poco, pero el pelo que exhibe en el pecho denuncia que no es nada metrosexual. Aunque no sea yo quién para decirlo, está entradito en carnes. A su derecha, y sobre el omnipresente logo de la Junta, un texto que no es un modelo de síntesis: "A que no te gustaría que tus vecinos montaran una ruidosa fiesta en la calle a la diez de la mañana del domingo. Entonces, ¿por qué lo haces tú a las cinco de la madrugada?" Y, más abajo, en letra menuda, la moraleja: "Respetemos el sueño de los demás. Tengamos la fiesta en paz". No sé a quién se le habrá ocurrido este disparate pero, ¿alguien se puede creer que los que llenan las calles de broncas, ruidos y vómitos durante la madrugada no se han dado cuenta aún de que molestan? Lo saben, pero les da igual. Lo de preguntarles si les gustaría que sus vecinos hicieran lo mismo a las diez de la mañana no tiene sentido ni retóricamente. Todo lo más, es una invitación a prolongar la movida hasta el mediodía por si acaso a alguien se le ocurre vengarse. Lo cual es altamente improbable. Si los grandes almacenes quitaran las cámaras de vigilancia y las sustituyesen por carteles que dijeran algo así como "no robes: otros terminarán pagando lo que te llevas", los hurtos se dispararían. Por eso no acaba el ruidoso botellón: porque participar en él no tiene consecuencias adversas. Sale gratis. El papel de los poderes públicos no es el de moralizar. Su función es la de cumplir las leyes. En este caso, las que defienden que la gente pueda dormir y que no se ensucien las calles. Lo demás son ganas de perder el tiempo y de tirar nuestro dinero en campañas insensatas.
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