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Barcelona, 21/06/03

Botellón en ciernes en la Ribera

JULIÁN GARCÍA
El botellón es una cosa muy fea y más en una zona tan pimpante y labandista como el Born. Fea, por supuesto, a nivel estético. Tanto escaparate de tendencias, tanta gastronomía de fusión, para que los modernos del barrio acaben la noche sentados en un banco de piedra con una lata de Estrella en la mano.

La otra noche, dos motoristas de la Guardia Urbana disolvían amablemente a media docena de jóvenes que, sentados en el Fossar de les Moreres, empezaban a excederse con el nivel acústico de su conversación. En realidad no hacían nada malo (darle al palique y beber latas de birra compradas por un euro a un vendedor ambulante), pero daban la brasa a los vecinos. Uno de los chavales atendía a la prensa que, casualmente, pasaba por ahí en ese momento: "Las terrazas cierran ahora prontísimo y lo único que hacíamos era tomar una cerveza en la calle. Pasamos de meternos en un local con este calor". Realmente, la noche era deliciosa como para tomar algo al fresco.

Cosas de la severa normativa municipal sobre terrazas. Los viernes, sábados, domingos y víspera de festivo, las terrazas de la Ribera deben cerrar a la una de la madrugada. El resto de días, a las 23.30 horas. El descanso de los vecinos, dicen.

Pero no sé si cerrar las terrazas tan pronto es la solución; quizá esté aflorando un nuevo problema, un arma de doble filo. Los mismos vendedores que el año pasado ofrecían rosas en los restaurantes portan este año bolsas de plástico con birras supuestamente frías. La tentación es barata y refrescante. ¿No hay terrazas abiertas? Pues me compro una cerveza por un euro y me la tomo en la calle.

La otra noche, en el Fossar, los dos urbanos fueron muy amables y los chavales, más todavía. Que dure el buen rollito. Porque en la selva de la Rambla y la plaza Reial hace tiempo que de noche nadie es amable: el botellón y otras variantes del ocio garrulo han dejado ya grandes muescas. Y el ayuntamiento no querrá que se le expanda a otros barrios una cosa tan fea, ¿verdad?

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