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Barcelona, 01/07/03
Muertos de éxito

La Barceloneta sufre la eclosión del turismo barato y de la apertura al mar de la ciudad

LUIS BENVENUTY
Las medidas para paliar las conductas incívicas serán únicamente el control de los horarios de los chiringuitos y el de la venta ambulante

Imma Mayol dice que es preocupante la falta de respeto al espacio público

Los vecinos de la Barceloneta no aguantan más. Quieren la independencia. El mar y la playa, tan relajantes durante las estaciones frías, se convierten en verano en origen de ruidos, inseguridad y basura. Por ello, la Barceloneta pide los mismos privilegios que una ciudad costera. Manel Moscat, presidente de la asociación de vecinos, lamenta que el barrio se parezca cada día más al peor esterotipo de Lloret de Mar. “Cada año viene más gente de turismo y las fiestas en la playa están de moda, lo que se traduce en más delincuencia, ruidos y orines.” Las 65 toneladas de basuras recogidas por el Ayuntamiento en la noche de Sant Joan fueron una anécdota, pero las quince que se retiran cada fin de semana son una realidad cotidiana.

“Si pueblos más pequeños que nuestro barrio tienen comisaría –prosigue Moscat–, nosotros también necesitamos una, y más contenedores de basuras, mejores accesos, retretes… Hemos enviado un manifiesto al alcalde, y si en quince días no vemos soluciones, nos movilizaremos.” La Barceloneta quiere la independencia. No por cuestiones de solera o identidad propia, sino porque, como dice uno de sus vecinos más activos, el viejo anarquista alemán Norberto Maier, “estamos hartos de padecer las consecuencias de que Barcelona se haya abierto al mar y el Ayuntamiento la haya vendido al turismo y a los bares”. El barrio está cansado de sufrir el veraniego incivismo de turistas y barceloneses.

Que la inquilina de un bajo enferma de asma –ha de dormir con la ventana abierta– padezca cada noche los efluvios de las micciones de los fiesteros de la playa, no es sólo culpa del Ayuntamiento de Barcelona, aunque el incremento de usuarios de las playas no derive en más dotaciones de limpieza. Fuentes de Parcs i Jardins, instituto municipal responable de la limpieza de las playas, dicen que todos tienen derecho a usar la playa, “pero ni los turistas ni los barceloneses pueden acostumbrarse a dejar las latas para que las recojamos. Barcelona está estas semanas sobrepoblada, y mantenerla habitable es responsabilidad de todos”.

Moscat dice que la calidad del turismo ha menguado. “No es una cuestión de dinero, sino de actitud.” Sábado noche. Un suizo orina en una palmera mientras su amigo pregunta por una discoteca. “Es que hemos bebido cerveza”, se disculpa. Unos estadounidenses se marchan de la playa dejando tras de sí varios cartones de pizza y una veintena de latas compradas a los pakistaníes que las venden hasta el alba. Al menos, este sábado los chiringuitos cerraron a su hora y el incremento policial amedrentó a los ladrones al despiste que suelen atraer las aglomeraciones.

Maier añade que la masificación turística ha derivado en una degradación de las costumbres de los vecinos de siempre del barrio. “La gente se trata cada vez peor, se acostumbra a hacer ruido olvidándose de los demás y la consecuencia es que somos enfermos acústicos.” Además, dice Moscat, los barceloneses no han atesorado una cultura playera. Apenas han trascurrido diez años desde la creación de las playas olímpicas. “Parece que no saben que se pueden hacer más cosas que tirarse catorce horas entre bocadillos y bebidas.” La playa ofrece más posibilidades, como jugar al takatá, deporte creado por los vecinos de la Barceloneta, cosas de la identidad propia.

Los problemas de suciedad y ruidos de las playas de Barcelona no son una cuestión de servicios municipales, sino de civismo. Así opina la concejal de Parcs i Jardins, la ecosocialista Inma Mayol. “No hay que limpiar más, sino dar una mejor educación ambiental –asegura–, es muy preocupante la falta de respeto a los espacios públicos, la suciedad en las playas y el vandalismo en los parques.” No obstante, no hay ninguna iniciativa municipal en pro del civismo en las playas prevista para este verano.

La edil apunta que “hicimos la prueba de reforzar los contenedores en la noche de Sant Joan para comprobar después que no se usaron”. Mayol señala que desde que se crearon las playas olímpicas “ha crecido cada año el número de actividades que acogen”. Sin embargo, matiza, muchos barceloneses no han interiorizado aún una cultura cívica y respetuosa respecto a su uso. “No se puede echar toda la culpa a los turistas porque la mayoría de los usuarios de las playas son barceloneses.” Mayol piensa que Barcelona “puede digerir su turismo, aunque éste no debe subir”. La solución no pasa por limpiar más, sino por educar mejor.

Con todo, las medidas para paliar las conductas incívicas este verano serán sólo el control de los horarios de los chiringuitos y la venta ambulante. “Los temas de educación se han de hacer bien. No se pueden improvisar. Haremos una campaña específica para las playas, pero tendrá que ser para el verano que viene.” Lo que no se puede hacer, termina la edil, es dejar de limpiar, aunque la gente se acostumbre a que recojan sus desperdicios.

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