Gràcia no logra frenar el 'botellón' la primera noche de la fiesta mayorCientos de personas se reunieron de madrugada en la plaza del Sol para beber por poco dineroEl ayuntamiento descarta cambiar la normativa sobre el consumo de alcohol en la vía públicaJuan Ruiz
Este lugar se ha convertido en el epicentro del botellón en Barcelona. Pero nunca antes se había visto tal asistencia. La plaza se encontraba tan llena que era imposible cruzarla sin pisar las manos de los allí sentados o derramar alguna de las muchas latas y botellas de alcohol que consumían. Los jóvenes ocupaban hasta la barra de bar y el escenario, que aún no se habían estrenado. Entre cuatro y seis guardias urbanos vigilaban desde una de las esquinas de la plaza. Sólo vigilaban. "Estamos aquí para que no ocurra una desgracia. Pero no hemos recibido ninguna instrucción de desalojar a la gente", dijo uno de ellos. Vendedores ocultosDebido a la presencia policial y a que a muchos ya les habían requisado anteriormente su cargamento de cervezas, los vendedores ambulantes no ofrecían, como antes, alcohol delante de todo el mundo. Varios de ellos se escondían en los portales de las calles que van a dar a la plaza. "¿Una lata?", preguntaban en voz baja, de forma que parecía que estuviesen ofreciendo heroína y no cerveza.Pero la menor visibilidad de los proveedores no impidió que todo el mundo tuviese su ración de alcohol barato. "Sí, sabemos que muchos residentes se han quejado del ruido que hacemos. Pero son las fiestas de Gràcia y espero que lo entiendan", dijo Tazzio Lafalce, un italiano que vive en el barrio desde hace un año. Mientras, Jordi Portabella, alcalde accidental, aseguró ayer que el ayuntamiento no tiene previsto cambiar las normas sobre el consumo de alcohol en la calle, que dejan el tema a discreción de la Guardia Urbana. "Las cosas se intentan regular cuando tienes la necesidad de establecer unas normas de comportamiento porque el civismo se ha roto", declaró Portabella, en respuesta al presidente del grupo municipal del PP, Alberto Fernández Díaz, que el día anterior propuso que se prohibiera el consumo callejero. Dicen que Gràcia tiene dos caras. El anverso, los gracs, que han vivido aquí durante generaciones y exhiben orgullosos las particularidades frente al resto de Barcelona. El reverso, los graciencs, personas en su mayoría jóvenes que se sienten atraídos por el aire bohemio que se respira en el barrio, pero que también contribuyen a despersonalizarlo. Estos dos rostros se mostraron la noche del jueves en toda su claridad. Mientras los graciencs se reunían en la plaza del Sol, en el resto de plazas y calles típicas de Gràcia los gracs ultimaban los preparativos hasta altas horas de la madrugada. En las calles de Verdi, Mozart o Puigmartí los vecinos participantes en el concurso de adornos colocaban sin descanso vallas, pintaban pancartas o recortaban papeles. Los okupas de la plaza del Diamant también preparaban su fiesta mayor alternativa, con reivindicativas esculturas de cartón. DOs mundosAmbas caras de Gràcia sólo se cruzaron cuando, hacia las cuatro de la madrugada de ayer, los botelloneros de la plaza del Sol comenzaron a dar la fiesta por terminada. Al pasar por la plaza de Rius i Taulet muchos se toparon con voluntarios que seguían transportando andamios. Los gracs los miraron con desconfianza. Dos mundos en un mismo barrio.
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