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Granada, 25/03/2002

No soy ningún delincuente

Sr. Director de IDEAL: Soy un joven residente en Granada desde hace ya seis años. He cursado mi carrera y actualmente trabajo en esta ciudad. Tengo 23 años y pago los impuestos como todo ciudadano español. Es por eso que me entristece enormemente ver la actitud que se está propagando por todo el país con respecto a los jóvenes y el derecho a divertirse.

Comprendo plenamente (y comparto) las quejas de los vecinos afectados por el fenómeno del 'botellón'. Lo que no entiendo es por qué de un día para otro se ha procedido a criminalizar el derecho a divertirse y a los jóvenes.

Desde mi punto de vista (reafirmado por los últimos informes del Instituto Nacional de la Juventud) las medidas que se están adoptando son excesivamente restrictivas, hipócritas y deudoras de un modelo anglosajón que no funciona ni en sus países de origen (Reino Unido y EE UU). Lo que me hace plantearme cuál es el verdadero objetivo de dichas medidas, decretos y normativas (y su vistosa aplicación policial).

No creo que se esté buscando una solución real y formativa al problema, sino más bien que se está proyectando una imagen distorsionada, manipulada y totalmente populista y electoralista del asunto. El resultado de dicha estrechez de miras y de planteamientos erróneos son las actuaciones fuera de lugar de la Policía en los últimos días en nuestra ciudad; aunque ya digo que es un fenómeno extendido a todo el país (la Cumbre Europea en Barcelona).

En mi caso sé de lo que hablo pues hace dos semanas fui conducido de malas maneras y a empujones a la comisaría por cometer el error de manifestar estas mismas opiniones ante dos agentes de la Policía Local de Granada. No sólo tenemos que acatar leyes electoralistas e inadecuadas, sino que además no podemos manifestar nuestro descontento ante semejantes medidas.

El derecho a divertirse se ha criminalizado, y ahora es visto como un lujo caprichoso y exótico de los jóvenes que nadie comprende, y que es 'tolerado' mientras no afecte a las estadísticas electorales. Lo mismo ha pasado con el derecho de asociación, de libre circulación y de manifestación en la Cumbre de Barcelona.

Tengo 23 años, pago mis impuestos, vivo de mi trabajo y ni soy ni pienso sentirme como un delincuente por divertirme hasta altas horas de la madrugada y dar mi opinión contraria al pensamiento establecido.

Fernando Martínez Romero. Granada

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