Alicante, 13/3/2002 Botellón, éxtasis y libertadJORGE JUAN EIROALos que se cogen la conciencia democrática con papel de fumar dicen que cualquier normativa que intente regular el botellón urbano atenta contra las libertades. Tal vez opinen algo parecido del reparto de pastillas de éxtasis en las macrofiestas a las que acuden jóvenes en enjambre. Puede que desde algunas instancias superiores, en algún momento, se les haya dicho que la libertad era eso. Un antiguo y memorable alcalde de Madrid dijo en medio de la movida: «Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad». A lo peor se le olvidó añadir que no basta con alcanzar la libertad, sino que hay que saber usarla.Lo primero será aclarar si importa más controlar el consumo de alcohol por los jóvenes, o proteger el sueño de los ciudadanos. Lo que está claro es que lo del botellón se ha convertido en un lamentable espectáculo en España, algo menos en Portugal y bastante frecuente entre los hooligans que vienen a ver los partidos del Manchester. Pero no es un espectáculo que pueda verse fácilmente en los países de mayor tradición democrática en Europa. Por algo será. Lo del éxtasis es cuestión paralela, pero distinta y mucho más peligrosa. Éxtasis quiere decir desviación. Se aplica a persona que se encuentran en un estado en el que se sienten «transportadas fuera del mundo sensible». Lo malo es que algunas no regresan, tras haber usado su libertad de elección. Antes de que algunos padres se desgarren las vestiduras al tener que acudir a un centro de salud en el que han ingresado a sus hijos adolescentes tras sufrir una crisis por consumo de pastillas, deberían plantearse cómo y cuándo hicieron dejación de sus deberes. La cuestión no se salda formulando una denuncia contra los organizadores de la fiesta, que puede que sólo sean culpables en parte. La culpa debe repartirse entre todos: entre los adolescentes, que saben perfectamente a lo que se arriesgan consumiéndolas; entre las familias, que deberían estar más vigilantes de horarios, usos, costumbres y compañías de los hijos menores de edad; entre los organizadores, que conocen perfectamente los límites de la Ley y, por fin, entre las Autoridades, que conocen la trama y tienen los medios. Cada palo que aguante su vela. No sea que tengamos que acostumbrarnos a los versos de Kajeta Kovic: «Escogió ser libre y murió como un perro».
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |