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Alicante, 19/2/2001

Cientos de jóvenes desafían en el Monte Tossal la prohibición de beber en la calle los fines de semana

A pesar de que hay un decreto que lo impide, la Policía Local permite el consumo, vigila y controla que no haya problemas
VICTORIA MORA

Botelleo en Alicante Es medianoche, la madrugada acaba de empezar y para muchos no acabará hasta que los primeros rayos del sol despunten. Decenas de coches se concentran en los aparcamientos escalonados que hay en el Monte Tossal, a espaldas del estadio de fútbol Rico Pérez. Ahí empieza la noche que muchos nunca saben dónde acabarán. Unos dentro de los coches y otros en pubs improvisados a ras de cielo. Los radiocaset de los coches vomitan música, toda clase de sonidos, desde bakalao hasta melódica. En el aparcamiento se dan cita desde las parejas solitarias hasta los multitudinarios grupos de amigos que se han encontrado por la tarde en un centro comercial para comprar la bebida. Unas mil pesetas de gasto para comenzar la noche al raso. Los más caseros acudirán después al Barrio, luego al Puerto y si quedan ganas, a las discotecas que salpican la provincia y que mantienen la ‘marcha’ hasta la mañana. La Policía Local conoce que se bebe en la calle pero lo único que puede hacer es controlar que no haya altercados.

Los botellones no hacen distinción de clase social ni de edad. Las concentraciones de jóvenes que invadían el parque de Canalejas durante los fines de semana acabaron de celebrarse por orden municipal expresa, pero aquellos que empezaban la noche consumiendo bebidas alcohólicas en la calle o en los llamados coches bomba se han traslado y ahora se sitúan en lugares menos llamativos, donde no molestan a nadie porque en la zona no hay vecinos y donde pueden entonarse sin tener que gastarse un dinero por una copa que la mayoría considera que es abusivo. Cientos de jóvenes desafían cada fin de semana esta prohibición. Para algunos es necesidad y para otros, una moda. Actualmente sólo en días de fiesta que decreta el propio ayuntamiento se puede beber alcohol en la vía pública.

«Te cobran por una copa lo que vale una botella», reconoce Alberto, un joven que era fiel a los fines de semana de Canalejas y que hoy lo es a la zona de aparcamientos del Monte Tossal. Los grupos de amigos tienen sus propias zonas donde comenzar las noches del viernes y del sábado. Las más multitudinarias además del Monte Tossal son las laderas del Castillo de San Fernando, en la bajada, donde cientos de jóvenes charlan, ríen y beben junto a los pinos mientras que una patrulla de la Policía Local controla la situación para que nadie haga alguna tontería con los vehículos o se acerque demasiado a las zonas habitadas. Otros grupos se dan cita en zonas descampadas junto a zonas de expansión de las barriadas. Mientras, patrullas de la policía controlan la situación para evitar desmanes. A pesar de la prohibición expresa tanto municipal como autonómica de no consumir alcohol en la vía pública, los agentes no actúan a no ser que se dé una situación que suponga peligro o moleste a los vecinos de los alrededores. En el Monte Tossal una patrulla recorre el lugar varias veces durante la madrugada. Desde las once de la noche y hasta las tres de la madrugada se produce la entrada y salida de jóvenes que beben alcohol en la calle.

La mayoría son mayores de edad que llegan con sus coches o sus ciclomotores. Un grupo de 18 amigos acude todos los fines de semana. La mayoría está sentado en sillas de playa. Sólo beben whisky. «No es recomendable mezclar, si no echas a perder la noche», confiesa Fernando, un almeriense que da a entender que beber en la calle no significa ser un inconsciente. Otro amigo insiste en que demos a conocer su lema: «Primero me tomo la copa con agua y luego me las tomo como el agua».

En un coche tres amigos se fuman un porro. «Lo que tendrían que hacer es legalizarlo», reivindica Carlos, que es murciano y está con unos amigos alicantinos en el interior de su Peugeot 305. Dos coches más lejos un grupo de chavales de unos 20 años ríe. Uno de ellos apoyado en su BMW quema chocolate mientras rehuye hacer comentario alguno.

La mayoría de los jóvenes deja en el suelo los restos de la fiesta nocturna y botellas de cristal y de plástico amanecen con la luz del día mientras los deportistas y quienes se acercan a ver algún partido o simplemente a pasear al día siguiente se encuentran los restos de la batalla de la noche anterior, porque sólo unos pocos alimentan los contenedores.

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