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Barcelona, 16/02/2001

EL VENDRELL

El vecino que mató el ruido a tiro limpio

REPORTAJE FERRAN GERHARD
  • Un hombre asesina en El Vendrell al inquilino del piso de arriba porque no le dejaba dormir El agresor se entregó horas después

    "El ruido le mató". Antonio, un vecino, resumía lacónicamente la causa del tiroteo que se produjo en la madrugada de ayer en el número 8 de la calle de Garbí, en El Vendrell, y que acabó con la vida de Jorge Alberto Martirena, de 30 años, de origen argentino y con pasaporte italiano. Dos de sus amigos quedaron heridos y su compañera resultó ilesa. El presunto autor del crimen, Miguel Angel Martínez Baena, de 31 años, se entregó casi 19 horas después: a las 18.55 de ayer entró, acompañado por sus padres, en el cuartel de la Guardia Civil de El Vendrell.

    Miguel Angel vivía en el primer piso, y sus víctimas, en el de encima. Se levantaba muy temprano para ir a trabajar y en numerosas ocasiones les había reprochado que ponían la música demasiado alta y no le dejaban dormir. "Ellos solían llegar tarde por la noche, armaban jaleo y eso le desquiciaba", dijo un vecino.

    Reyerta previa en la calle

    El miércoles por la tarde se peleó en la calle con Jorge Alberto, que sacó una navaja y le hizo un corte en una ceja. Fuera de sí, entró en un establecimiento de jardinería, se hizo con una horca metálica e intentó continuar la reyerta, pero clientes y empleados lo frenaron. "Gritaba que quería matar a alguien", explicó Josep Vives, dueño de la tienda.

    Con Jorge Alberto iban Diana Dori D. L., Oscar I. N. y Juan D. V. a las 0.30 horas cuando volvía a casa después de cenar. Abrieron la puerta del ascensor y no pudieron reaccionar. Les esperaba Miguel Angel, que disparó dos tiros con su escopeta de caza. Jorge Alberto cayó fulminado, Oscar se desplomó herido grave en un pulmón y Juan sufrió lesiones leves en la cabeza.

    "Hoy tenían que abandonar el piso, y eso que eran buenos pagadores, pero los vecinos los habían denunciado por las molestias que causaban", afirmó abatida Ana Lamas, que el 15 de septiembre pasado les alquiló la vivienda. Miguel Angel llevaba muchos años en la urbanización. Solitario, no se le conocían amigos. Nadie le creía violento. Huraño, sí. "A veces te saludaba, pero otras iba con la cabeza gacha y no decía nada", recordaba Dolores Abril, otra vecina.

    La Guardia Civil rastreó la zona en busca del arma, que no apareció. Precisamente le habían reclamado una escopeta porque había caducado el permiso pero, en vez de entregarla, dijo que no la tenía, que se la habían robado.

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