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Valencia, 23/12/2001

El «botellón» toma las calles

«Jóvenes pacíficos» se reúnen en la vía pública junto al vehículo con música a todo volumen Pandillas de jóvenes se reúnen en calles y aparcamientos de Valencia para beber alcohol y escuchar música los fines de semana. Son los conocidos «botellones», lugares escogidos para disfrutar del ocio nocturno, como alternativa a pubs y discotecas. Estas reuniones producen malestar entre los vecinos, mientras que la policía las tiene controladas, pero evita ser rígida con la prohibición de beber.
Daniel Tomás
«¿Qué pasa, que se han puesto de moda los botellones?», pregunta con cierta indignación uno de los pocos jóvenes que estos fines de semana desafían las bajas temperaturas y acuden al popular botellón de Mestalla.

Él y su grupo eran prácticamente los únicos que ignoraron el control de alcoholemia que el viernes por la noche había organizado la policía municipal en las inmediaciones del Mestalla. Era una situación excepcional, ya que habitualmente se reúnen en el aparcamiento del estadio cerca de 200 coches y más de 500 jóvenes, que buscan así una forma de diversión acorde a sus posibilidades económicas.

Según relató uno de los policías municipales responsables del control de alcoholemia, los asistentes a estas concentraciones callejeras son jóvenes pacíficos, que sólo han sustituido la asistencia a locales de ocio nocturno por esta fórmula. «Nunca montan peleas, ni plantean problemas de orden público», reconoce el agente municipal. Sin embargo, este periódico pudo ver cómo infiltrados entre la mayoría existen traficantes de todo tipo de drogas, tal como se realiza en los aparcamientos de algunas discotecas valencianas.

Según sostuvo el agente, los jóvenes suelen ser respetuosos con ellos cuando se adentran en estas concentraciones. «Tienden a dejar las botellas discretamente, ya que saben que está prohibido beber alcohol en la calle», comentaba. Ante la pregunta de si la policía hace la vista gorda ante la evidencia de que en los botellones se bebe en la calle, el agente dijo que «no nos ponemos muy duros porque lo único que podríamos denunciar es a alguien que viéramos beber y no ocurre, los chavales disimulan cuando pasamos».

J. R. F., un joven que conoce bien estos ambientes afirma que ha visto poner denuncias «en alguno de los botellones de la ciudad». Sin embargo, opina que lo que se da en el área de Mestalla no es estrictamente un botellón, ya que «en ciudades como Granada, donde se reúnen miles de personas, no hay coches abiertos con la música bakalao a todo volumen como ocurre aquí». Ésta ha sido la aportación valenciana a este fenómeno que se repite en muchas ciudades españolas.

Además del ruido que se genera en estos lugares, los vecinos de la zona tienen otra queja sobre los efectos de vivir cerca de un botellón. «Como no hay instalaciones, toman la zona como un váter público. En mi calle es habitual que vengan las chicas a orinar. Los sábados por la mañana te da la sensación de vivir en un auténtico retrete. Hay restos de meadas, vomitonas, incluso tampax», se queja un vecino de una de las calles adyacentes, la de Alfonso de Córdoba.

Con la presencia de la policía, que aparece cíclicamente por la zona, los jóvenes se desplazan a otros lugares que ya conocen de antemano. Así, el cauce del río a la altura de Jacinto Benavente también es tomado como punto de reunión. Éste es uno de los más concurridos. Además, su cercanía a la zona de la plaza de Cánovas ha fomentado el nacimiento de licorerías que suministran de alcohol a los asistentes del botellón de Cánovas, como se le conoce. Así, ha florecido un negocio alrededor de esta reunión espontánea en la calle. Allí se puede adquirir alcohol hasta altas horas de la madrugada, ya que los negocios cuentan con licencias de apertura de 24 horas. Los asistentes a los botellones conocen otros negocios a los que acudir. Son los vendedores a domicilio de alcohol y refrescos. A sus locales acuden los jóvenes a comprar todo lo necesario para comenzar su fiesta particular. «Yo he llegado a ver colas», nos explica J. R. F., y añade que «antes les podías llamar desde el móvil en la calle y te lo servían, pero ya no se puede hacer. Ahora tienes que meterte en un patio y esperar a que te lo traigan. Lo curioso es que sólo te lo entregan dentro del patio, nunca en la calle».

La zona de Mestalla no sólo sufre los efectos del botellón, sino que los domingos por la mañana los vecinos deben convivir con el rastro y las consecuencias que genera. En esta línea, un vecino que no quiso ser identificado, relató a Levante-EMV que prefiere el botellón al rastro. «Los domingos son peores, y no es por la suciedad del sábado por la noche, que la limpian muy pronto. El problema es que con el rastro llega una oleada de robos de coches en la zona».

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