Madrid, 22/12/2001 «Botellón», el refugio adolescenteUna antropóloga pasa seis meses infiltrada en grupos de jóvenes que se reúnen en la calle para beber y descubre un fenómeno de rebeldía y crítica ante la falta de alternativas socialesRAFAEL JOSE ALVAREZDesde fuera sólo se ve el brillo de las borracheras, el bullicio que no deja dormir, los vidrios rotos en el suelo y las huellas húmedas del orín. Pero, por dentro, el botellón, ese cóctel de jóvenes, calle y alcohol, es algo más, un refugio adolescente, una respuesta líquida a la falta de alternativas sociales, una sociedad en miniatura donde la bebida convive con valores como la comunicación, la empatía o la pertenencia a un grupo.Eso es lo que ha descubierto María Jesús Sánchez, una antropóloga a la que le llamó la atención ese mapa nocturno de la ciudad que luce parques y plazas llenas de jóvenes bebiendo hasta el amanecer. Desde su inquietud universitaria planteó un trabajo específico para el final de la carrera, algo científico sobre un fenómeno «estudiado siempre desde fuera, sin otorgar nunca la palabra a quienes lo protagonizan». Pasó entonces seis meses de botellón en botellón, de grupo en grupo, por zonas de Madrid y de Cáceres, triunfando y fracasando en el espionaje, bebiendo y parando. El resultado es un trabajo de 74 páginas, el único manual español sobre el botellón manufacturado desde la experiencia interna. Lo primero que advierte Sánchez es que hay «tantas formas de hacer botellón como grupos lo hacen», un aviso de lo heterogéneo del asunto. Sin embargo, entre las pautas comunes de esta práctica nacida a comienzos de los años 90 en los ambientes universitarios y escolares de Salamanca y Cáceres aparecen varias cosas. El botellón es patrimonio de chicos y chicas desde los 16 hasta los 25 años que compran alcohol en tiendas baratas para consumirlo en la calle, una actividad que no entiende de clases sociales y que se realiza en torno a, fundamentalmente, la cerveza y el calimocho (coca cola y vino), aunque el whisky, la ginebra, el coñac y otras bebidas alcohólicas irrumpen en función del bolsillo de cada grupo. Se hace botellón porque es más barato que tomar copas en los locales y para alcanzar altos niveles de alcohol. Pero, escarbando en la conducta de los chavales, María Jesús Sánchez vio que beber barato no es lo único que importa, ni lo exclusivo que une. «Los jóvenes que hacen botellón lo eligen libremente, ponen sus normas grupales y sancionan comportamientos, como mantener una actitud pasiva o reflexiva. Las habilidades sociales o la comunicación son clave». El botellón se monta en fechas de celebración y surge espontáneamente.«Se crea un tiempo de excepción en el que los chicos tienen un rol distinto al del resto de la semana. El alcohol les ayuda a desinhibirse. Una chica me decía que beber la ayuda a ser ella misma. Hacer botellón es una respuesta a una situación que restringe las posibles alternativas». Alternativas... El trabajo es crítico con el poder. «Las alternativas al botellón siempre se plantean desde sectores que no hacen el botellón». Por eso, el fenómeno responde, según la investigación, a tres determinantes: «Los sociales, porque hay un aprendizaje social del alcohol; los económicos, porque se ha desarrollado una industria de consumo para jóvenes con poco dinero, y los políticos, porque se establece lo que es desviado y lo que es normal. El botellón es una respuesta a unos condicionantes más que una invención carente de lógica». En esta noche callejera de grupo y alcohol se comparte la bebida por igual está mal visto monopolizar el mini (gran vaso) , se habla mucho de sexo, estudios o dinero, se buscan las risas del colectivo y se da calor al que lo está pasando mal. En muchas conversaciones, María Jesús Sánchez descubrió las palabras «un remedio ideal» cuando preguntó qué se conseguía haciendo botellón. Después, el trabajo explica por qué este fenómeno le es útil a quienes lo practican. «Aporta al individuo un sentido de la pertenencia, le involucra en el colectivo. Esta reunión excepcional, fuera de los días de diario, se considera liberadora (...). El sentimiento de empatía sostiene al grupo y si ésta no surge en esa noche o los primeros días, ese botellón desaparece (...). En situaciones de estrés, se relaja la tensión gracias al momento de excepcionalidad , pero también a la euforia que causa el alcohol (...)». O sea, en el botellón «prima la asertividad, la comunicación, la simpatía, se valoran las habilidades sociales. Una vez que empieza la ingesta de alcohol no se tolera el ensimismamiento.Se fuerzan las relaciones de sociabilidad». Esta antropóloga recuerda que, sólo en Madrid, el alcohol es el responsable del 9% de las enfermedades. «He visto a chicos de 14 años competir por ver quién se emborrachaba primero o a una chica diabética que no había comido nada en todo el día y no paraba de beber». Pero, lejos del acento moralista, Sánchez ha querido rascar en las razones de este agrupamiento aparentemente incómodo e insano. En la investigación sobresalen rasgos que diferencian el botellón según la edad de quienes lo hagan. En los colectivos más jóvenes (menos de 18 años) hay más grupos mixtos, se da un mayor sentido de la cohesión, se habla de alcohol, no se diferencian los grados de cada bebida sino el efecto que produce en cada individuo y se recibe con poca tolerancia al intruso. En los mayores de 18 años se permite más la independencia (ir de un botellón a otro o dejar de ir de vez en cuando), se habla de varios temas, se recibe al nuevo con indiferencia y se detallan los grados de cada bebida. Diccionario básico de urgenciaEl universo del botellón tiene sus reglas, sus pautas de comportamiento, sus lagunas, pero también sus lenguajes. En ese mundo interno y poco explorado hasta ahora, los actores pronuncian diálogos con frases hechas y palabras únicas, un idioma propio que aleja al intruso.El trabajo de investigación realizado por María Jesús Sánchez, con la colaboración de campo de Luis Rubio y Natalia González, está salpicado de términos extraños para quien no hay hecho botellón alguna vez. Sniffing: En muchas ocasiones, el botellón va ligado al consumo de drogas ilegales, como la marihuana. Los jóvenes utilizan esta expresión cuando aspiran el humo del cigarro de hachís que sale al hacerlo prender encima de un material ignífugo. Rayarse: Todo aquel miembro del grupo que incumple las normas del propio colectivo. Si alguien se cabrea, si inicia un enfrentamiento, si deja de aparecer, etcétera, puede recibir un consejo: «No te rayes» o una pregunta: «¿Por qué te rayas?». No me sube: En la carrera de los efectos de la ingesta de alcohol, significa que al individuo en cuestión no le está afectando en nada la bebida. Puntillo: La persona tiene los ojos brillantes o enrojecidos y comienza a presentar síntomas de euforia debido al consumo de alcohol. Ir pedo: Cuando los jóvenes que practican el botellón dicen eso es que no pueden tenerse en pie. En algunos casos, «ir pedo» ha sido el preámbulo de un coma etílico, de un aviso a los servicios sanitarios de urgencia. Acoplado: Es el intruso, el joven que llega por primera vez al grupo. Ha de ganarse la pertenencia al colectivo y será sometido a preguntas en relación a lo que hacía y con quién antes de aparecer en este grupo. Jaki: Pelotita llena de granos de arroz o de arena y que se golpea con las piernas o los pies para mantenerla en el aire el mayor tiempo posible.
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