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Pamplona, 22/12/2001

Las familias pagarían hasta 4.765 pesetas por reducir ruidos

Una familia estaría dispuesta a pagar en Pamplona durante un año 4.765 pesetas por una reducción significativa de la contaminación acústica, según cuantifican en un estudio dos profesoras de la UPNA invitadas por la Unión Europea (UE) a participar en una investigación sobre la valoración económica del silencio. El estudio, elaborado por Mercedes Sánchez y Montserrat Viladrich junto a Jesús Barreiro, fue realizado entre los años 1999 y 2000 y recibió una beca del Plan de Formación y de Investigación y Desarrollo del departamento de Educación del Gobierno de Navarra.

En el trabajo se advierte que el incremento de la actividad económica ha convertido al ruido en uno de los principales problemas europeos, ya que una exposición a ruidos superiores a 40 decibelios influye en el bienestar del ser humano y, si se superan los 60, se considera perjudicial para la salud.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima en 65 decibelios el límite máximo recomendado para las personas, aunque la contaminación acústica no sólo tiene consecuencias fisiológicas (trastornos del sueño, pérdida de la capacidad auditiva, hipertensión o úlceras de estómago) y psicológicas (incremento de los niveles de ansiedad o nerviosismo), sino también económicas.

En ese sentido, se constata que los altos niveles de ruido influyen, por ejemplo, en la pérdida de valor de las propiedades, en la interferencia de las comunicaciones y en el aumento de los gastos sanitarios.

Ante estos hechos, la Comisión Europea elaboró un programa de acción medioambiental, que mantenía que "ninguna persona debería estar expuesta a niveles de ruido que dañaran su salud y su calidad de vida". El Ejecutivo de la UE comprobó que existía abundante información sobre los costes para reducir la contaminación acústica mediante, por ejemplo, la introducción de barreras anti-ruido o de asfalto aislante, el cierre de bares o discotecas o la colocación de dobles cristales en las ventanas, aunque no halló muchos informes que evaluaran el beneficio económico que reporta el silencio.

Uno de los pocos estudios sobre esta cuestión es precisamente el perteneciente a Jesús Barreiro, Mercedes Sánchez y Montserrat Viladrich, quienes, mediante encuestas, habían preguntado a las familias pamplonesas cuánto estarían dispuestas a pagar por el silencio, encuesta que cifró en 4.765 pesetas anuales la cuantificación económica ese deseo de silencio.

Ahora, la UE ha recurrido a Sánchez y Viladrich, junto a expertos de otros países de los Quince, para buscar una única cifra representativa del beneficio económico de la reducción del ruido, y el problema reside en que, de los estudios realizados hasta ahora en el ámbito comunitario, las conclusiones sobre lo que cada ciudadano estaría dispuesto a pagar anualmente por el silencio oscilan entre los 28 euros (4.648 pesetas) y los 120 euros (19.920 pesetas).

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