Sevilla, 10/12/2001 La Sirena VerdeBotellódromosPor Belén BovilleCuando el mapa español de ciudades y pueblos va asumiendo el fenómeno social de la movida como algo propio de nuestros tiempos y las noticias sobre desperfectos, ruido, escándalos y gastos municipales en limpieza dejan de tener hueco en los periódicos, sorprende que las protestas vecinales también se hayan hecho tan comunes y generalizadas que los propios periódicos las contemplen como algo rutinario. ¡Qué pena de país! hemos pasado de las movilizaciones predemocráticas y vecinales de los 70 a esta apatía a la que nos están sumiendo los políticos.Ya solo nos movilizamos para exigir unos mínimos: poder dormir, pasear por nuestras ciudades sin sentirnos en un estercolero, no dedicar gran parte de nuestro presupuesto municipal a la limpieza o a la vigilancia. Mientras en Sevilla el alcalde, como casi todos los alcaldes, pretende manipular la libertad juvenil y reorientar a los jovenes a botellódromos especializados en alcoholismo juvenil, en Granada, y gracias a la presión constante de Francisco Morales y su «Granada contra el Ruido» se ha puesto en marcha un impresionante dispositivo policial de vigilancia. Y entretanto, nadie le pone el cascabel al gato, cuando todas las estadísticas oficiales del Plan Nacional sobre drogas han puesto el dedo en la llaga de nuestra creciente y alcoholizada juventud. Y algunos, demagógicos en esencia, hablan de libertades y que ello supondría el recorte de derechos civiles. Lo exigen los movimientos vecinales, lo piden los padres, lo aventuran los psicólogos, educadores y sociólogos: tenemos una juventud problemática y violenta, sin proyecto, reventando farolas y rompiendo institutos...¿alguien se ha planteado la relación entre esta amnesia colectiva y destructiva con la proximidad ilimitada al alcohol de alta graduación y a los mensajes continuos del marketing y la publicidad de las codiciosas bodegas? Si tanta preocupación hay con las drogas ilegales tendría algo de sentido que también las hubiera con las legales y que se limitara publicidad, fiestas, horarios y por supuesto la venta indiscriminada de alcohol en gasolineras, colmados, kioskos y panaderías a cualquier hora, en cualquier punto y a cualquiera que lo solicite sea menor o no. Una cosa es la tradición mediterránea, controlada culturalmente, del consumo del vino y otra la anglosajona, desaforada, inmediata, de beber hasta caer...sólo por perder el sentido. Probablemente a todos nos fuera mucho mejor si alguna comunidad se planteara esta limitación como una verdadera prioridad. Se vería que los políticos no son administradores del caos y sí responsables virtuosos de lo que es una sociedad sana, libre y con futuro.
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