Granada, 2/11/2000 Una posible solución al 'botellón'Sr. Director de IDEAL:Soy uno de los muchos propietarios afectados por el síndrome del botellón. Yo vivía antes en calle Martínez de la Rosa y tuve que cambiar de piso para poder descansar y evitar los ruidos y demás ingredientes adjuntos de las continuas e interminables noches de botellón pero he tenido poca suerte en el cambio, ya que ahora el sitio elegido por los botelloneros es donde vivo en la actualidad. El botellón consta de tres fases muy diferenciadas: 1.ª, reunión, acoplamiento y compra de las bebidas; 2.ª, ingerir, hasta su completa terminación, todas las bebidas compradas, y 3.ª, borracheras incontroladas, pérdida de la personalidad, dando rienda suelta al ego que cada cual lleva dentro. La fase que más nos molesta es la tercera, pero que nace como consecuencia de la segunda, es decir, cada uno, con unas botellas de más (cuando esto ocurre son aproximadamente las tres o cuatro de la madrugada de cada día de la semana), realiza actos que en condiciones normales no lo haría, como orinar en las esquinas y portales, vomitar (debido al exceso de alcohol) y cómo no cantar a pleno pulmón (lástima que siempre lo hacen los que no saben o tienen muy mala oreja), vociferar, pelearse, arrojar basuras, romper las botellas vacías contra el suelo, etc., etc. Si nuestro Ayuntamiento se dignase prohibir el consumo de bebidas en la vía pública, al igual que existe en otras ciudades y comunidades y por supuesto en la mayoría de los países desarrollados (incluido América ese país al que tanto nos gusta imitar, menos en lo bueno) Si esto lo hiciesen, se evitarían todos los males del botellón (juventud alcohólica, consumo de drogas, borracheras, ruidos, peleas, basuras excesivas, etc.) y no tendrían nuestros concejales que perder su tan preciado tiempo en buscar sitios, ni alternativas a esta fatídica actividad (a Dios gracias, de sólo una parte de la juventud). Alberto Ruiz Pareja. Granada.
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