Valencia, 25/06/09 LA CHISPAMúsica y ruidoCARLOS PAJUELO DE ARCOSNo hace una semana un músico callejero sintió el peso de la Ley sobre él. Y el peso le costó 200 euros por hacer ruido nocturno. No ha sido la SGAE. Las notas desafinaban, al parecer. Las putas siguen haciendo su carrera nocturna donde pueden, pero, se ve, que lo hacen en silencio; las motos y sus escapes libres adornan el cielo estrellado a la salida de las "disco" y el alcohol flota en el aire de los gritos que hieren el sueño y algunos botellones son eternos. A todos las ausencias de multas se ve que los envalentona. Oídos sordos. El músico solitario es más fácil de dominar, lo comprendo. Un alma inocente en solfa. Centenares de personas rompen el día frente al Ayuntamiento reivindicando mejoras en vez del despilfarro de la Formula i, y hacen la protesta con la cadencia de tapas y cacerolas, pitos y gritos y allí nadie les pone una multa. Es la cosa social. La ordenanza de los ruidos, como otras, place al munícipe y de esta suerte este va acumulando méritos y entretanto, entre la ordenanza y la realidad, surgen los problemas de logística y la estrategia policial de hacer cumplir la norma. Ser o no ser. El verano diluye la conciencia social. Las mesas a la sombra parasolesca invadiendo aceras desconchadas y los niños se ven que están aparcados en las aldeas veraniegas donde la charanga está más permitida. Las bicis de los que quedan se adueñan definitivamente del tobogán aceril y los músicos tocan en el fragor marinero de las terrazas apartamentiles formando parte del paisaje. El ruido y la música son géneros paralelos de un mismo orden y ambos, quizás, busquen un mismo objetivo. El músico y las masas antiformuleras vivir mejor en su realidad vecinal. ¿Por qué no multarlas al tiempo? ¿Es la hora del ruidomusical los que la diferencia? Esto es un «totum revolutum». Buenos días.
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