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Albacete, 09/06/09

Los expedientes por ruido abiertos por el Ayuntamiento de Albacete no llegan al centenar

La alcaldesa de la ciudad insiste en que «estamos siendo muy contundentes» en la lucha contra la contaminación acústica
El Instituto de Consumo edita 10.000 ejemplares de una 'Guía del Ruido'
DOLORES CARCELÉN

Tráfico Albacete
El tráfico es una constante en las calles principales de Albacete / LA VERDAD
Acabar con la contaminación acústica, con el ruido, es fundamental, porque ésta puede dañar seriamente la salud física y mental de quien la padece. Precisamente, la alcaldesa de Albacete, Carmen Oliver, insistía ayer en que su Ayuntamiento está siendo «muy contundente» con este problema aparejado a las ciudades.

En su opinión, la capital cuenta con una de las normativas más combativas, ya que la Ordenanza contra el Ruido permite actuar a la Policía Local al sobrepasar límites que oscilan entre los 25 y los 30 decibelios, es decir, el ruido que generan una conversación o una oficina tranquila.

Sin embargo, llama la atención que el año pasado sólo se abrieran 45 expedientes por denuncias entre particulares y 38 por actividades de tipo comercial, como la descarga en un supermercado, el aparato de aire acondicionado de un negocio o la terraza de un bar. En total, no se llegó a los cien expedientes y en lo que va de año se han abierto únicamente 26. Es previsible que el número de denuncias supere al de expedientes, pero Oliver no disponía ayer de esos datos.

La ordenanza municipal sitúa los límites entre los 25 y los 30 decibelios

La barrera para causar lesiones en el oído se sitúa en los 80 decibelios

La alcaldesa comparecía ante los medios de comunicación para presentar una Guía del Ruido, que cuenta tanto con el apoyo del consistorio como con el aval del Instituto de Consumo de Castilla-La Mancha. De hecho, se espera que los más de 10.000 ejemplares de la primera edición lleguen a las asociaciones de consumidores, amas de casa y colegios de la región.

Diseñada por la empresa Plano Gusano, esta guía pretende explicar qué es el ruido, cómo afecta a la salud y qué se debe hacer para reducirlo. Julián García, uno de los implicados en el proyecto, explicó que la pretensión no es la de dejar enmudecer a las ciudades, ya que el ruido se ha democratizado y es, incluso, necesario en las grandes urbes. La idea es que, con actividades sencillas y breves explicaciones, el ciudadano aprenda la escalada de decibelios. García reconoció que la ordenanza albaceteña está por encima de la Ley, pero también apuntó que en Albacete la prueba aún no se ha superado.

El reto

No hay que olvidar que antes del año 2012 la ciudad, de acuerdo con la normativa europea, tendrá que contar con un mapa de ruidos. Este proyecto empieza ahora su andadura con un presupuesto de 93.700 euros y un plazo de un año para terminar de dibujarla.

Para la alcaldesa iniciativas como la guía presentada ayer sirven para avanzar en calidad de vida. Y es que el ruido es capaz de poner en pie de guerra a todo el organismo, generando estrés, hipertensión, problemas de estómago y taquicardias. Las molestias que causa el tráfico, percibidas desde el primer piso de una calle transitada, no deben mermar la capacidad de audición de sus habitantes. Sin embargo, este ruido irrita, impide conciliar el sueño, sobresalta, genera impotencia y acaba por afectar seriamente a quien lo padece.

El mal del albañil

Más allá del obrero que trabaja sin protección, el peligro del ruido no es tanto dejar a su víctima sorda como desquiciarla. Según explicó ayer a este diario el jefe de Sección de Otorrinolaringología, el doctor Gonzalo García Álvarez, la terraza de un bar, los altavoces de una discoteca o el claxon de un coche no te dejan sordo, pero sí que son un factor más a la hora de acelerar el proceso de pérdida de audición.

Lo más lesivo son las frecuencias agudas, como las que genera el tráfico, aunque todo depende de la intensidad y del tiempo.

Entre los cero y los veinte decibelios está el umbral de audición. Entre los veinte y los cincuenta, se situaría el sonido que genera una conversación, que se consideraría ruido en el momento en el que moleste. Entre los cincuenta y los ochenta decibelios estarían los sonidos que genera un restaurante y a partir de aquí se cruza la barrera de lo que realmente puede causar una lesión física en el oído, sobre todo si la exposición es prolongada.

De ochenta a cien decibelios generan, por ejemplo, las obras, el tráfico pesado o la maquinaria industrial. Más allá llegarían las discotecas, las canteras y el ferrocarril y los ciento cuarenta decibelios, altamente nocivos, los provocaría una explosión. A partir de los ochenta decibelios, al estrés se le pueden sumar el trauma acústico crónico y el agudo, con síntomas como sordera transitoria y zumbidos intermitentes, así como pérdidas irreparables.

La exposición permanente a un ruido que supere los límites nocivos, es decir, los ochenta decibelios, puede generar un trauma acústico crónico, un deterioro irreversible de la audición. De todas formas, quien tenga dudas sobre cómo distinguir el sonido nocivo del que no lo es, debe tener claro que se considera «ruido» todo aquello que molesta. El daño que produzca dependerá de la persona, de la intensidad y del tiempo de exposición.

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