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Barcelona, 25/06/07
Noche de Pirotecnia y Coca / Los Desmanes

La juerga deja 30 toneladas de restos en la playa

Miles de personas ignoraron los váteres portátiles y orinaron sobre la arena

PATRICIA CASTÁN

Joven fotografía a otro que descansa tras la juerga
Un joven fotografía a otro, que descansa tras la juerga, en Sant Sebastià, a las seis de la mañana. Foto: JOSEP GARCIA
Cualquier bañista que se hubiese asomado al paseo Marítim de Barcelona a las seis de la mañana de ayer habría huido despavorido y también habría desistido de ir a tomar el sol al menos en unos días.

El aspecto que presentaba el litoral a esa hora era lamentable: latas y colillas por doquier, papeleras llenas y un hedor a orines insoportable en la parte baja del paseo. Pero el milagro se obró de la mano de 175 operarios de limpieza, que borraron la huella del incivismo y permitieron el doble uso de las playas, el baño diurno tras la juerga nocturna.

Un examen más a fondo de la arena le quitaba la buena nota obtenida a primera vista. "Hay muchísimas colillas, queda basura y huele mal", señaló Marina, una bañista que no quiso renunciar a su dosis de bronceado pese al miedo al síndrome de la mañana siguiente. Una limpieza más a fondo era casi imposible sin doblar el dispositivo.

Desde que la gente despejó la playa a las seis --invitados por agentes de la Guardia Urbana y los Mossos--, los trabajadores de limpieza, con 58 vehículos, no pararon hasta dejar el litoral presentable, con 30 toneladas menos de basura. Y no era tarea fácil, la sombra del incivismo dejó en segundo plano las 420 papeleras fijas y las 250 de cartón instaladas en la zona.

Mossos despejando la playa de gente para las brigadas de limpieza
Varios mossos despejan la playa de gente para que las brigadas de limpieza puedan actuar, al amanecer. Foto: JOSEP GARCIA
Todas las playas --en especial, la Barceloneta-- se llenaron de gente desde primera hora de la noche, aunque el ayuntamiento aseguró que hubo 10.000 personas menos que en el 2006. Pero los 100.000 presentes (barceloneses y muchos turistas) parecían más, acompañados de picnics, botellas, petardos y otros surtidos.

La mayoría cumplió las reglas del juego y el mensaje que rezaba en los carteles en forma de cómic instando a usar las papeleras. Pero a las cuatro de la madrugada muchas estaban a rebosar y la basura se extendía por la arena. Ya no había motivación para ir a tirar la lata de cerveza, el elemento más visible.

LATEROS Y 'BOTELLÓN'

Ni la incautación de 37.078 latas (25.000 en almacenes cerca de la playa) durante la noche evitó la presencia masiva de lateros. Llevaban neveras con hielo y vendieron lo que quisieron y más, a euro y medio. Algunos chiringuitos ajustaron precios para combatir la competencia, pero lo tuvieron difícil. El botellón fue omnipresente y hubo barras improvisadas.

Con tanto consumo no resulta extraño que la práctica más incívica fuera orinar a descubierto. Colas ante los váteres a parte, muchos celebrantes pasaron de ir al wc pudiendo aliviarse en cualquier pared. Los porches del tramo inferior del paseo estaban empapados de pis y por los cuatro costados se veían braguetas bajadas. Nadie lo impedía.

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