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Sevilla, 07/07/07

La Policía Local y la Nacional intervinieron anoche para dispersar el botellón de la Alameda

CRISTINA AGUILAR / J. J. B.

Efectivos de la Policía Local y la Policía Nacional se desplegaron a partir de las diez y media de la noche por la Alameda de Hércules cuando en la zona algunos jóvenes ya consumían alcohol en la vía pública.

Los efectivos de seguridad, organizados en grupos de cuatro y tres policías, requisaban las botellas y las vaciaban en los alcorques de los árboles, al tiempo que advertían a los consumidores de la norma que impide el botellón. En la mayoría de los casos los jóvenes optaban por dispersarse.

La Alameda era ayer el centro de atención del debate del botellón, después de las denuncias de los vecinos de inhibición del Ayuntamiento ante el problema.

A las nueve de la noche cinco jóvenes, ajenos a ello, tomaban vino en tetrabrick a las puertas de la Casa de las Sirenas, sede del Distrito municipal, cuyas escalinatas paradójicamente amparaban a los habituales de la botellona que pronto fueron medio centenar.

Para entonces ya tomaba posiciones la Policía que estacionaba hasta una decena de furgonetas en el perímetro el paseo. Hasta ese momento, la Policía había pasado por alto a los primeros bebedores. Pero pronto pasó a la acción. Ya los objetivos de los periodistas estaban pendientes del dispositivo.

Primero a los grupos reducidos de jóvenes que bebían junto a la puerta de un bar a quienes pedían que consumieron dentro del establecimiento y luego intervinieron en el grueso del botellón, en la Casa de las Sirenas, un grupo que en cuestión de minutos se disolvió.

No hubo hasta entonces la anunciada movilización de los miembros de la Plataforma por el Libre Uso del espacio Público, que el jueves animó a acudir a la Alameda sin bebidas y con cámaras «por si hay abusos policiales».

Tampoco habían hecho su aparición los vecinos que dijeron iban a sacar sillas y mesas para impedir que la calle Juan de Oviedo volviera a convertirse en urinario público. Una portavoz vecinal aseguró posteriormente a los periodistas que no saldrían anoche ya que la presencia policial era, «en contra de los ocurrido otros fines de semana», era ayer muy importante.

Sólo un grupo de estética punkie intentó un rebrote de botellón en la Sirenas. La cerveza de sus tres «litronas» acabaron en el arriate. No fue a más.

Los clientes de las terrazas, a esa hora ocupadas por familias mostraban su satisfacción por el dispositivo de seguridad en la zona, al igual que los camareros.

La Policía siguió recorriendo la Alameda y conminó a los clientes del Café Central a consumir las copas en el interior del local. Durante las primeras horas de la noche la zona estaba «controlada», los jóvenes que llegaban con bolsas se daban la vuelta buscando otros lugares menos vigilados.

En el ambiente, el temor a que se reprodujeran sucesos como los acaecidos en la Rambla del Raval de Barcelona o en el barrio madrileño de Malasaña, donde grupos de radicales se enfrentaron a la Policía a cuenta de la prohibición de celebrar botellones en la vía pública.

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