El Diario Vasco Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes


San Sebastián, 20/02/06

Expertos alertan de los problemas de audición que puede provocar el uso de auriculares

Recomiendan, especialmente a los jóvenes, bajar el volumen y limitar el tiempo de escucha de música
ANE URDANGARIN

«Sordera del iPod». Médicos de EE UU han cogido prestado el nombre del archiconocido reproductor digital de música -el de los auriculares blancos- para describir el aumento del número de jóvenes que empiezan a presentar problemas de audición. La advertencia ha llegado del otro lado del Atlántico, de un grupo de expertos de la Universidad de Northwestern que han alertado del peligro de pasar demasiado tiempo escuchando música a todo volumen conectado al MP3. «Estamos viendo en gente joven problemas típicos de adultos», ha dicho uno de esos doctores, Dean Garstecki, experto en Audiología, quien achaca parte de la culpa a un hábito cada vez más común: el uso de los auriculares de botón, aquellos que se colocan dentro de la oreja, directamente en el pabellón auditivo.

No hace falta cruzar el charco para percatarse de la presencia cada vez más generalizada de estos cascos en miniatura (en la calle, el autobús...) y de los problemas que su uso excesivo puede provocar. «Si llevas el MP3 puesto a 100 decibelios todo el día, lógicamente influirá antes o después en la capacidad auditiva», asegura Jesús Algaba, jefe del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Donostia. Aunque el experto matiza que este ruido no influye de la misma forma en todo el mundo, «porque en las mismas condiciones de ruido, hay personas con más probabilidad de quedarse sordas que otras. Hay gente que es más sensible al ruido y se hacen pruebas para medir esas sensibilidad».

Evolución del 'walkman'

Los actuales reproductores digitales de música son una evolución tecnológica del walkman, que causó furor en la década de los 80, y del posterior discman. Estos aparatos de pequeño formato y cuidado diseño permiten almacenar cientos o miles de canciones, dependiendo de su capacidad. La duración de sus baterías posibilita también que muchas personas, sobre todo las más jóvenes, pasen en algunos casos horas escuchando a sus grupos y cantantes favoritos. El problema reside en el tiempo de exposición y el volumen. Y en la dificultad para detectar unos síntomas graduales y establecer una relación inmediata y evidente entre causa y efecto.

«Funcionalmente no es fácil percatarse del problema. Los jóvenes quizás se darán cuenta de que no oyen del todo bien cuando se someten a una audiometría», explica Mirari Pérez Gaztelu, médico foniatra de Aransgi (Asociación de Familiares de Personas Sordas de Gipuzkoa). La especialista subraya el hecho de que con estos aparatos el sonido «entra directamente» y matiza que hay muchos tipos de sonidos. «Las personas que usan esos reproductores no escuchan, la mayoría de los casos, música clásica», dice refiriéndose a los adolescentes, mientras explica que los sonidos muy marcados y fuertes tanto por su frecuencia repetitiva como ritmo (chumba-chumba) pueden resultar más perjudiciales.

La secuela más evidente son los problemas selectivos de audición, pero Pérez Gaztelu también apunta otra consecuencia: los acúfenos. «Son ruidos o sonidos que oye la gente cuando no hay una fuente real que los produzca. El sonido viene de dentro», explica. Se trataría, grosso modo, de lo que algunas personas definen como ruidos en la cabeza o zumbidos en el oído que aparecen tras la exposición a ruidos muy fuertes. «Son sonidos que se producen porque ha habido un desequilibrio», cuenta la especialista, quien describe estos ruidos, según el testimonio de sus pacientes, como el sonido que saca un lavavajillas, cristales rompiéndose...

Como una discoteca

El volumen tiene buena parte de culpa a la hora de propiciar la aparición de estos problemas. Según el estudio de la Universidad de Northwestern, un reproductor de la marca iPod a máximo volumen puede alcanzar los 115 decibelios, y se ha constatado que muchos jóvenes escuchan música habitualmente a 100 decibelios, lo que equivale, por ejemplo, al ruido que hay en una discoteca, al que saca una sierra o la bocina de un coche a unos 10 metros.

«Ahora, durante esta entrevista estamos hablando a unos 60 decibelios», explica la médico, que comienza a susurrar para hacer entender lo que suponen 30 decibelios. «Un grito, medido a un metro a distancia, serían 90, y un grito fuerte, unos 100, los mismos decibelios que se pueden medir delante del bafle de un bar. A partir de 120 un sonido puede resultar lesivo. Hay que comprobar la intensidad de sonido, el tiempo de exposición y la distancia», explica Pérez Gaztelu.

Ante este panorama, los expertos coinciden a la hora de subrayar la importancia de tomar medidas preventivas para evitar males mayores. La primera sería bajar el volumen y, la segunda, limitar el uso de los auriculares. O lo que los expertos estadounidenses han convertido en la regla 60%/60 minutos, es decir, no conectarse a estos reproductores durante más de una hora al día y hacerlo con un volumen por debajo del 60% del máximo posible.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org