Málaga, 06/02/06 La UE obliga a casi 9.000 empresas en Málaga a reducir el nivel de ruidoUna directiva exigirá a partir del 15 de febrero a las compañías ruidosas que sus empleados lleven protectores auditivos y pasen controles médicos La contaminación no deberá superar los 87 decibeliosPILAR R. QUIRÓS
Más de 8.500 empresas malagueñas ruidosas, entre ellas talleres mecánicos, caldererías, salas de máquinas de hoteles, fábricas con maquinaria pesada, talleres de chapa y pintura, envasadoras, el aeropuerto, constructoras y telares tendrán que reducir sus niveles máximos de contaminación acústica hasta los 87 decibelios de media diaria (durante una exposición de ocho horas al ruido) o no superar los 140 decibelios de nivel pico (sólo en determinados momentos), tal y como dice la nueva directiva europea 2003/10, que el Gobierno deberá trasponer a la legislación española antes del 15 de febrero. Según los gráficos, más de 80 decibelios puede ser el ruido de una obra, el tráfico intenso o el funcionamiento de maquinaria industrial. En cuanto a los 140 decibelios de nivel pico, una contaminación absolutamente ensordecedora, corresponde a una explosión o a actuaciones experimentales. La contaminación acústica, más vulgarmente conocida como ruido a secas, ha pasado de ser un problema nimio o poco estudiado a acaparar la atención de la Unión Europea por varios motivos: porque una exposición prolongada puede generar problemas de salud (pérdida de audición, estrés, ansiedad y problemas psicológicos), perjudicar la comunicación, generar tensiones y accidentes laborales e incluso perjudicar al feto de las mujeres embarazadas. Según el ingeniero industrial Manuel Rejano de la Rosa, experto en contaminación acústica y autor de varios libros sobre el ruido urbano e industrial, las empresas afectadas serán, sobre todo caldererías (fábricas de tuberías y chapa), envasadoras, carpintería (tanto metálica como de madera), talleres de coches (zona de chapa), aeropuertos, obras de construcción y telares, entre otras. Pues bien, todas las que sus niveles de ruido sobrepasen los 80 decibelios deberán formar e informar a sus trabajadores sobre los efectos negativos del ruido y disponer para sus empleados de protectores auditivos. Los trabajadores, en este caso, deberán pasar un control de audición cada tres años. Para las empresas en las que sus niveles de ruido aún sean mayores, es decir 87 decibelios, los trabajadores deberán llevar protección auditiva obligatoria (como los cascos en las obras), deberán pasar controles auditivos todos los años y señalizar todas las zonas en las que se superen los 85 decibelios. Y sobre todo, y lo más importante, las empresas deberán acometer un programa para reducir la contaminación acústica. Los datos, según la UE, son claros: el 29 por ciento de los empleados europeos está expuesto a niveles de sonido demasiado elevados, al menos, durante una cuarta parte de su jornada laboral, según explican expertos en contaminación acústica. Es más, un millón de españoles se considera bastante o muy afectado por el ruido en sus empleos. El caso es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la pérdida de audición provocada por el exceso de ruido supone ya la enfermedad profesional irreversible más extendida. Por eso, la nueva directiva, que remodela otra directiva de 1988 que ya trataba esta cuestión, reduce los niveles máximo de ruido permitidos en el trabajo de 90 decibelios a 87 decibelios y también regula, como novedad, la exposición laboral en sectores de música y de ocio, tales como discotecas, salas de fiesta, bares con música, etcétera. El ruido sigue siendo la asignatura pendiente en países como España, que la OMS considera el segundo más ruidoso del mundo tras Japón y donde, tradicionalmente, no se han tomado medidas para reducir la contaminación acústica en casi ningún ámbito, ni en el privado ni el profesional.
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