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Córdoba, 15/01/06

Cielo de día, infierno de noche

Pulsar la opinión de los vecinos de Alderetes, una de las referencias de la movida cordobesa, tras las reyertas que Ciudad Jardín ha vivido en las zonas de pubs en el arranque de año, es meter el termómetro en una caldera incandescente de malestar. Tildan la situación de «insostenible
B. LÓPEZ

En Ciudad Jardín, sus calles se entrecruzan en cuadrículas casi perfectas de vías plagadas de comercios, salvo un par de ellas que forman un microcosmos del ocio nocturno: Julio Pellicer y Alderetes.

Acercarse a esta última calle, donde en la Nochevieja un joven (Anouar Jaddou) perdía la vida en una reyerta -hubo otras dos, con tres heridos graves, en Julio Pellicer y su entorno en la primera semana del año-, sirve para cruzarse con habitantes hartos de movida. Un vecino, que llegó hace cuatro años a Alderetes, lo tiene claro: «No entiendo cómo en una zona residencial hay todos estos bares juntos. No puede ser que un trabajador pase la noche en vela por el ruido».

En las principales vías de Ciudad Jardín, se pueden ver en torno a 35 pubs o locales con horario nocturno. Alderetes y Julio Pellicer suman 14 de ellos.

«Estos bares deberían ir a otro sitio», reitera otra vecina, que lleva viviendo desde 1971 en la confluencia de Alderetes con Damasco, donde en un pequeño tramo se concentran hasta siete pubs -dos están cerrados actualmente-. «La situación es horrorosa. ¡La movida nos va a echar de aquí! ¡Nos va a echar!», repite indignada.

Aunque tiene doble acristalamiento en su casa, asegura que en ella se oyen las amenazas antes de las peleas. Y recuerda que la reyerta en la que perdió la vida un joven vino precedida de «otra pelea horrible unos días antes».

«Salvajismo» en la calle

El día que falleció Anouar Jaddou ella no estaba en su piso. Explica que «hay fines de semana que me voy de aquí» para no soportar las noches de movida: «No sólo son los ruidos, sino las peleas, golpean los coches... Es un salvajismo». «La cosa está en un plan que no se puede aguantar», añade.

Aunque ahora se pone el foco en la espiral de violencia, recuerda también los incovenientes de la marcha tradicional: «Estamos en la cama y la música no nos deja dormir. Retumba en el interior de la casa y eso un doble acristalamiento no lo quita».

Denuncia que los pubs no suelen cumplir el horario de cierre (cuatro de la mañana viernes, sábados y víspera de festivo; tres el resto de días), y cree que el Ayuntamiento no interviene, porque «la movida da dinero a todos».

El presidente de la Asociación de Pubs de Ciudad Jardín, Rafael Arrabal, comparte plenamente la preocupación de los vecinos y entiende el miedo que sufre este colectivo. «Los comprendemos porque sufrimos igual que ellos el problema de la inseguridad ciudadana», asegura Arrabal, que puntualiza que «lo que no es normal es que la gente salga con navajas por la calle».

De hecho, asegura que estas dos últimas semanas en las que se intensificado la vigilancia de la Policía Nacional ha sido la de mayor tranquilidad que recuerda desde que hace siete años abrió su negocio. «Yo nunca he tenido niungún altercado, pero a todos, empresarios y vecinos, nos tranquiliza mucho más la seguridad que ahora vemos desplegadas por las calles».

La Asociación que preside Rafael Arrabal se creó hace unos años, pero se va a activar ahora con el objetivo de estar en permanente contacto con las administraciones, sobre todo el Ayuntamiento. «Queremos que nos informen de las medidas que va arbitrar el Consistorio con respecto a Ciudad Jardín», explica.

Sin embargo, otra vecina de Alderetes insiste en que «los pubs no cierran a su hora». Tacha la situación de «horrorosa e insostenible. Hay ruido, más alboroto que antes...». «Rara es la semana que no llamo a la Policía Local, pero no soluciona nada. Debe haber más agentes aquí los fines de semana», sentencia.

«¡Ojalá quiebren todos los pubs!»

Tiene doble acristalamiento en su casa, pero está pensando en reforzarlo e incide en otra «resaca» que trae la movida a los barrios: la inmobiliaria.

Confiesa que, cuando ella adquirió su vivienda en Alderetes hace tres años, tras pasar 45 en Madrid, «no sabía» que estaba asentándose en una «meca» del ocio nocturno. «Me la metieron, pero bien», confiesa mientras reconoce que «hay veces que me dan ganas de vender el piso». «Mi vecino de arriba ha tenido suerte y lo ha vendido. Pero es que estoy a gusto aquí y vender por culpa de esta gentuza... ¡Ojalá quiebren todos los pubs!», concluye.

Y es que una de las pocas cosas que hace flaquear el valor del ladrillo es tener cerca o, mejor dicho, debajo, como en este caso, la movida. Expertos en el mercado inmobiliario local consultados recuerdan que «en zonas de cierta conflictividad es difícil que el precio de la vivienda baje, pero sí es cierto que no sube en proporción a lo que aumentan los pisos sin problemas y tardan más en venderse».

Eso en Ciudad Jardín es un handicap, porque es un barrio con buena revalorización de la vivienda gracias, según los expertos, a su cercanía al Centro, a que tiene muchos servicios...

Un ejemplo práctico. Basta con entrar en una inmobiliaria e interesarse por un piso en Alderetes o Julio Pellicer. El responsable de ésta apunta que las viviendas de esas dos calles «suelen tener precios más bajos. Un piso en planta alta sin reformar en una de esas dos vías puede salir por unos 126.000 euros, mientras que en otra del barrio uno similar se puede ir a 150.000».

De vuelta a Alderetes, el cabreo crece. Cuando el redactor se acerca a un afable señor que entra en su portal con una bolsa de naranjas, se topa con una metamorfosis. Se le tensa la cara y sólo farfulla: «No me pregunte de eso, que estoy fatal con ese tema. Deberían cerrarlos todos». Pero lo que cierra es la puerta en los morros del periodista.

Un matrimonio, igual de tenso, aunque sin portazo, sintetiza con crudeza lo que vive cada fin de semana: «¡Esto es una feria! ¡Esto es un cáncer que nos ha salido a todos en esta calle!»

Lamentan, tras llevar treinta años viviendo en Alderetes, que tengan que aguantar «broncas, peleas...». Otro vecino se cruza con la pareja y se detiene. Reconoce que el ruido es «molesto, con lo que cuesta dormir» y que actualmente hay «más peleas». «En ese sentido, las Navidades han sido fatales. No ha sido agradable», añade.

Más policía

Y da su solución: «Tendría que haber más policía. Deberían poner una pareja fija aquí y otra en Julio Pellicer». Lleva 27 años viviendo en Alderetes y advierte de que «al principio la gente que venía aquí de marcha estaba muy bien, pero luego se ha ido metiendo gente mala de otros barrios».

Ciudad Jardín lleva desde que arrancó el año saliendo en los papeles todos los días asociada a violentos episodios. No es buena publicidad, y menos para un barrio con un importante polo comercial. En él y en las zonas aledañas, había 470 comercios en 2003, según el último estudio municipal.

El presidente de este sector en Ciudad Jardín, Jenaro Vázquez, cree que «la imagen del barrio no se va a ver empañada» por estos sucesos. «Siempre habrá gente que vincule las reyertas con Ciudad Jardín, pero este barrio no se ha vuelto conflictivo. Aquí, no hay sucesos así todos los días». «Han pasado a una hora concreta, pero en la jornada normal, laboral, no hay ningún problema de seguridad», concluye.

Seguir abordando a vecinos de Alderetes es asistir a un abanico de tipos de cabreos. Otro, que lleva a su pequeña, es la viva imagen de la resignación contenida. «Hay ruido, pero se llega a acostumbrar uno a todo», comenta. No lleva tan bien la escalada de violencia: «Últimamente, hay peleas serias, disputas... Cada vez es peor. Hay veces que vuelves con tus hijos de noche y se ve a la gente enzarzándose».

Se queja de que la Policía Local no suele atender a sus llamadas. Lleva dos años y medio viviendo en Alderetes y tiene la hipótesis de que el Ayuntamiento no controla la movida, porque es un tema que cree que electoralmente le puede pasar factura. Eso sí, recuerda que las mediciones de ruidos para que declararan esta calle, y otras de Ciudad Jardín, Zona Acústicamente Saturada (ZAS), lo que permitiría tomar medidas como la reducción de horarios de los pubs, se hicieron y «ahora el Consistorio las tiene en un cajón».

En mayo de 2005 acabó el estudio de la contaminación acústica en el barrio. A día de hoy, tras múltiples anuncios incumplidos de luz verde para las ZAS, el Ayuntamiento habla de que la declaración llegará en febrero.

¿El resultado de las mediciones? En Julio Pellicer diez de los doce puntos de control detectaron saturación de ruidos y en Alderetes los siete colocados superaron los límites permitidos.

Bajada de habitantes

Según el padrón municipal, el barrio ha perdido un 3,2% de su población entre 2002 (18.717) y 2004 (18.120). Para el presidente de la asociación vecinal de Ciudad Jardín, Luis Beltrán, esa bajada se debe a que «la gente se va del barrio a otra casa y deja la que tenía aquí alquilada a inmigrantes y estudiantes, en muchos casos población de paso que no se empadrona».

«No hay un descenso de habitantes por la movida», sostiene, para recordar que «aquí se están construyendo promociones y está llegando gente nueva también».

Está convencido de que la imagen del barrio no se va a haber afectada, porque «aquí no hay problemas de seguridad». «Lo que tenemos es una espiral puntual de actos violentos por masificación de jóvenes y bares en unas calles concretas y por un cambio de parte de la clientela de los pubs», concluye.

Dispositivos de Policía Nacional y Local tratan de erradicar los altercados.

Acaba la estancia en Alderetes. Nadie se ha quejado de ninguna otra cosa que no fuera la movida. Son las 14.00 horas de un fin de semana. Si uno atiende a la unanimidad de los vecinos, faltan unas horas para que la luz se extinga, y con ella su paz celestial, y dé paso a otra noche que, para ellos, será un infierno.

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