Xávia, 30/08/06 Vivir en la línea de tiro de La PlanaLos vecinos del campo de Sant Jeroni advierten de que el «ruido es insoportable» y tienen miedo de que sus hijos coman perdigonesM. J. SISCARUna familia alquila una casa durante todo el verano en La Plana, en el corazón del parque Natural del Montgó. La intención, encontrar la tranquilidad inexistente en una gran ciudad. Este sueño bucólico se trunca al llegar, cuando descubren que disparos constantes ensordecen el ambiente y una lluvia de perdigones continua tiene lugar en el patio de la vivienda. Esta es la pesadilla de la familia de A.R. y el resto de vecinos del Camí de la Cova Tallada colindante al Campo de tiro Sant Jeroni de Xàbia. Inquilinos y propietarios de estas viviendas han emprendido este verano una batalla contra este recinto. «Lo peor es el ruido, los disparos incesantes son insoportables, pero también hay miedo». Así se expresaba la propietaria de la casa más cercana al campo, quien asegura que su actividad aumenta los días festivos y que incluso se desarrolla en las noches. «Desde que pusimos la denuncia, ya no han vuelto a disparar por las noches pero hasta ahora cada sábado por la noche había jaleo». La denuncia que interpuso A.R. contra los entrenamientos de tiro consiguió que la policía local de Xàbia hiciese unas mediciones acústicas que revelaron que los disparos llegan a 75 decibelios cuando el nivel permitido en el parque es de 35. También hubo una inspección que en cambio aseveró que el campo cumplía con todos los requisitos para su actividad según el presidente de la instalación, Jaime Soler. A.R., en cambio, lo niega. «Salta a la vista que no lo cumple, sólo hay que buscar la señalización y ver que no hay», apostilla. A.R. se ha estudiado todos los reglamentos que incumben a los campos de tiro, e invita a la periodista a consultarlos. Ciertamente el artículo 147 del Reglamento de Armas constata que «en presencia de terceras personas, los usuarios de las armas deberán actuar con la diligencia y precauciones necesarias para no causar peligro, daños, peligros o molestias a terceras personas o a sus bienes». Ante esto, muestra la presencia de balines en su casa y explica cómo los perdigones alcanzaron a los propios policías cuando hacían la medición, un hecho que también confirmó el edil de Urbanismo y Seguridad Rafa Bas a este diario. Su familia, al igual que la de Silvia Arias, otra vecina de la zona, están más preocupados por la salud de sus hijos. «En el patio o caminando hacia la carretera los perdigones te acribillan», explica Arias. «Son como picaduras de mosquitos», asegura su hija pequeña. Otra vecina protesta porque no sabe qué hacer para evitar que se los coman. «Aunque le digo que es malo, tengo miedo de que se meta alguno en la boca, sino es que le dan en un ojo». El biólogo José Luis Sánchez calificó de «muy grave» para la salud humana la ingestión de este material. A.R. muestra una radiografía que hizo la propietaria de la casa a su perro cuando este empezó a sentirse mal y no le encontraban nada presumiblemente por haber ingerido perdigones. «No quiero que mis hijos acaben así». Arias añade que «no puedes estar a gusto ahora porque estás afuera sin ropa jugando y en invierno porque entran a tu casa con los perros». Todos los vecinos están de acuerdo en que lo peor llega al abrirse la veda de caza, cuando los cazadores y sus perros merodean por sus propiedades como si fuese su casa y no dudan en apuntar en su dirección si coincide con la de su presa.
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