Santiago de Compostela, 14/08/06 Exceso de decibelios en Ameixenda para poder seguir la misa en casaEl párroco ha decidido instalar un equipo de megafonía en el campanario a petición de varios enfermosELIZABETH LÓPEZ
En el pequeño pueblo de Ameixenda (Cee, A Coruña) no hace falta salir de casa para oír misa. El párroco ha decidido que sus oraciones se escuchen a través de una potente megafonía instalada en el campanario de la iglesia. La iniciativa de don Andrés, popularmente conocido en la zona por su dinamismo, cuenta con más partidarios que detractores y surgió meses atrás a raíz de la petición de varios enfermos, cuyas dolencias les impiden asistir a los actos religiosos. El cura cuenta que optó entonces por complacerles, pese a albergar reparos, pues sabe que a algunos vecinos de este pueblo no les agrada que el oficio religioso les despierte o acompañe su aperitivo. Hay quien dice que el que quiera oír misa debe ir la iglesia. Así lo manifiesta una joven que, a la hora de la oración, desayunaba en un bar del pueblo en el primer domingo de agosto. Sin embargo, hay quien opina que la iniciativa no molesta a nadie y que ayuda a despertar la conciencia de la juventud. Así lo manifiesta otra mujer en el mismo bar. Ella y su acompañante aseguran que lo más recomendable es que todo el mundo oiga la misa. La verdad es que las misas amplificadas tienen más adeptos que detractores. Seguramente se debe a que la iglesia parroquial de Santiago de Ameixenda, que data del siglo XVI con una amplia cruz que domina su entrada, supera en afluencia de público a los dos bares y la tienda de ultramarinos que hay en el pueblo durante la celebración de los actos litúrgicos. La misa por megafonía, a través de potentes altavoces colocados en los cuatro costados de la torre del campanario, se emite los domingos de verano, a las diez y media de la mañana, mientras que en invierno se retrasa a las once. Además de ese acto litúrgico, los parroquianos se ven obligados a escuchar las misas, quieran o no, con motivo de los festivos del Apóstol, el Santísimo y la Inmaculada, entre otras fiestas patronales. Por si fuera poco, o tal vez por gentileza de la iglesia, las campanadas también resuenan por megafonía cada treinta minutos desde las ocho de la mañana para recordar a los vecinos la hora, un servicio del que muchos confiesan que agradecerían prescindir para no perturbar sus sueños los domingos.
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