Málaga, 24/05/05 La brigada contra el ruidoUn grupo de ingenieros de sonido evalúa estos días el tipo de insonorización que necesitan las casas de Guadalmar para evitar que los aviones suenen como si atravesaran el salónJUAN CANO
Tras aplicar una compleja ecuación, los investigadores determinarán qué capacidad de aislamiento tiene cada uno de los adosados y, por tanto, qué clase de insonorización necesitan. Los vecinos de Guadalmar atienden sus quehaceres cotidianos en compañía durante estos días: «Pasamos de tres a nueve horas midiendo en cada vivienda», explica el ingeniero de sonido David Reche, uno de los técnicos especialistas en la investigación de ruidos.
Cuartos habitablesSu tarea les obliga a recorrer (trabajan en parejas) todas las habitaciones exteriores de la casa, además de las habitables, como el salón o la cocina, independientemente de su ubicación. Se hacen dos tomas; primero con las ventanas abiertas, y luego cerradas. «Instalamos micrófonos dentro y fuera de la habitación para captar cómo se refleja el ruido en la casa». La fuente de sonido, en este caso, no emana de las turbinas de los aviones. En los jardines de la urbanización se coloca un amplificador que emite un tono grave a 80 decibelios, un nivel considerado peligroso para la salud. «Tenemos un sonómetro que registra todos los parámetros de estudio», indica Reche. La información queda grabada en una tarjeta de memoria y luego se analiza en un ordenador. El TupolevLos 80 decibelios del amplificador recuerdan a los vecinos al Tupolev, un avión fabricado en Rusia, para ellos el más ruidoso de todos. Entre las leyendas del vecindario circula que, cuando pasa la aeronave, tiembla hasta el suelo y, si vuela bajo, saltan incluso las alarmas de los coches. El aislamiento depende, sobre todo, de los materiales con los que se haya construido la vivienda y de los tipos de puertas y ventanas, por cuyas rendijas se suele colar el ruido con más facilidad. En una casa de calidades normales, aplicando los 80 decibelios en el exterior, las barreras naturales (puertas o ventanas) rebajan el nivel a la mitad. Así, las mediciones del equipo de investigación darán cuerpo a un informe en el que se analizará el poder de aislamiento acústico de todas y cada una de las viviendas de la huella sonora del aeropuerto, es decir, aquellas donde el paso de los aviones se convierte en una constante en sus vidas. «En el informe se aconseja también el tipo de insonorización», cuenta uno de los expertos. De su juicio depende que los vecinos de Guadalmar puedan olvidarse por fin de la hora a la que pasa el dichoso Tupolev.
Insonorización en el entorno de BarajasLa insonorización de las viviendas del entorno del aeropuerto de Málaga seguirá los precedentes marcados por Barajas. Allí, el plan de aislamiento acústico llegó a una decena de municipios, como Madrid, Mejorada del Campo, Paracuellos del Jarama, Fuente El Saz de Jarama, Algete, San Sebastián de los Reyes o Coslada.Las obras de insonorización comenzaron en septiembre de 2001. La primera actuación de envergadura se desarrolló en San Fernando de Henares, a cuatro kilómetros del aeropuerto, donde se aislaron 1.800 inmuebles. Hubo que actuar principalmente en las ventanas. Según explicaron en Volconsa, una de las empresas que ejecutó los trabajos, Coslada fue una de las localidades que presentaba mayores problemas de ruido. Se cambiaron ventanas, puertas, cubiertas e incluso portales de los edificios, y se revistieron las fachadas exteriores. Los problemas de ruido en Coslada se agravaban en el barrio de La Estación. Los aviones pasan a poca altura de los bloques de pisos y el problema de ruido era «exagerado», comentaban entonces en Volconsa. En un primer momento, incluso, se planteó la idea de trasladar a los vecinos a otra parte de Coslada para alejarles del zumbido de los aviones.
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