Sevilla, 01/05/05 Francisco Morote Jurado (Otorrinolaringólogo):«El volumen alto puede provocar en horas sordera irreversible»Por JOSÉ MARÍA ARENZANA-¿Contó alguna vez las letras de esa ciencia? -Sí, veinte. Es la palabra más larga del diccionario. -Pronunciarla es casi una gimnasia de sílabas... -Suelo decir, para restarle trascendencia: «Soy otorrinolaringólogo..., en el buen sentido de la palabra». (risas) -¿Somos la única especie capaz de hablar? -Es la característica diferencial de nuestra especie. Los órganos de fonación no fosilizan, salvo el hueso hioides, pero en Atapuerca se ha podido establecer que aquellos hombres oían y hablaban con las mismas frecuencias de referencia del hombre actual. -¿Hay palabras que suenan a lo que significan? Por ejemplo: «murmullo». Dan ganas hasta de decirlo bajito... -Sí, es curioso. Es algo que sucede, en mayor o menor grado, en todos los idiomas. -Nos gusta que rimen las palabras. Tal vez para el oído las rimas son como un chiste, un juego musical hecho con palabras, ¿no cree? -Es algo musical. Quizá por eso nos resulten atrayentes. No son tan monocordes como la prosa. Nos predispone a la música. Piense que a veces utilizamos la musicoterapia y para corregir la «erre» defectuosa en un niño se logra cantando. -Dicen que los humanos podemos hablar por la misma razón por la que nos resulta fácil morir atragantados, es decir, porque nuestra laringe está demasiado baja... -La zona de la glotis, donde están las cuerdas vocales, que es el elemento vibrador al expulsar el aire de los pulmones, es la más estrecha del aparato respiratorio fonador y es ahí donde se puede producir el conflicto. De pequeños nos decían en la mesa: «No cantes que se te puede ir por el otro lado». Suelo conservar, como hacía mi padre en su consulta, los cuerpos extraños que estuvieron a punto de ahogar a algún paciente. -He leído que la voz tranquila de una mujer atrae más la atención que la de un hombre, incluso que la de un hombre o una mujer a gritos, y que por eso en los sistemas de alarma, hasta de los aviones, es una voz femenina la que con toda calma avisa: «Está usted perdiendo altura y a punto de estrellarse». O bien: «Su tabaco, gracias»... -Las voces de mujer suelen ser más agudas y la capacidad de oír los agudos es la primera en degenerarse cuando perdemos audición. Desde luego a una voz serena se le presta más atención. Lo de que sea de mujer tal vez se deba a que nos resulte más seductor escucharlas a ellas. Lo cierto es que la voz es tan personal como pueda serlo la huella digital y puede medirse con toda precisión. -¿Por qué los jóvenes desean escuchar la música más alta que los mayores? -En el futuro, muchos jóvenes tendrán serios problemas auditivos. Los jóvenes emplean un volumen tan alto para aislarse. A la vez euforiza, porque altera la presión sanguínea, el ritmo cardio-respiratorio y hasta el equilibrio hormonal. Creen que al poner la música alta la paladean mejor. Craso error, porque el oído tiene un mecanismo defensivo contra los sonidos intensos, entre otros motivos para discriminar lo que nos interesa en lugares ruidosos. -Pues parece grave... -Sometidos a un volumen intenso y mantenido, perdemos sin darnos cuenta células ciliares de la cóclea que son irrecuperables y en cuestión de horas puede sobrevenir una sordera irreversible. -¿Y los pueblos donde hace sol son más ruidosos que aquellos donde hace frío o es sólo una falsa impresión mía? -Es porque pasan más tiempo al aire libre. Sevilla es una ciudad muy ruidosa, a la altura de Atenas, ambas mediterráneas y, por tanto, con ventanas abiertas y espacios y calles estrechas para crear sombra. -Un bebé nace sin saber andar y apenas ve otra cosa que manchas de luz. ¿Y el oído? -Oye desde que nace y hay métodos objetivos para medirlo, pero la función auditiva madura con el tiempo, como el sistema de equilibrio. -¿Y la voz? -El bebé ensaya sonidos y los intercambia con otros seres. Esos estímulos le permiten aprender que sus sonidos son signos que le sirven para relacionarse con los otros. -Dicen que si pudiésemos escuchar las bajas frecuencias, el ruido de un cuerpo en reposo sería tan ensordecedor como el de una catarata... -Gracias a Dios no podemos escuchar ni los infra ni los ultrasonidos. Sería un trauma sonoro permanente. Algo horrible. -¿El silencio existe o nuestro sistema auditivo y nuestro cerebro siempre murmuran algo? Es decir, ¿el silencio suena? -Mmm... Eso que dice es muy bonito. Sí, las células de nuestro cerebro contienen un potencial bioeléctrico que sigue actuando en reposo, a la espera de que se active. Sobre si el silencio suena es como plantearse dónde está una luz apagada cuando estamos a oscuras. -¿Qué sentido tiene mayor poder de evocación: el olfato, el oído, la vista...? -Además de los cinco sentidos tradicionales, solemos hablar del sexto, el sentido común, y del séptimo, que sería el del equilibrio. Yo añadiría uno más, el de la fonación. Aunque los cinco tienen fuerte capacidad de evocación, yo creo que el oído es el más potente en eso, pues la zona que procesa la audición a nivel cortical está muy cerca de la memoria. -¿La música sería algo así como un perfume para el oído? -Es algo más que eso. Es también un medio de expresión de las distintas civilizaciones. -No sé si oímos bien, pero escuchar, escuchamos poco, ¿no le parece? -(risas) Sí, escuchar supone una predisposición. Algunas madres piensan que sus hijos no oyen bien y es sólo que no prestan atención mientras juegan. -Alguien escribió: «Dios le dio dos oídos al hombre, pero sólo una boca, para que pudiera oír el doble de lo que dice». No está mal, ¿no le parece? -Sí, está muy bien. Cerré mi discurso de ingreso en la Academia con estas palabras: «...en el principio era el verbo, y el verbo, la palabra, era Dios. Audición y fonación, escucha y palabra, principio y fin, alfa y omega unidas desde siempre y hasta el final». -Supongo que en una encuesta la mayoría elegiríamos ser sordos antes que ciegos, pero al parecer las personas que son sordas y ciegas lamentan más lo primero... ¿Lo entiende? -Sí, perfectamente. La sordera aísla mucho más que la ceguera. La audición es el gran polo receptivo.
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