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Almería, 25/03/05

Una noche a la intemperie El 39% de los menores de entre 14 y 17 años acude al botellón

El botellón se ha convertido en una nueva forma de diversión creada.por y para los jóvenes, los encargados de poner las 'reglas' El porcentaje aumenta hasta el 52,2% para los de 18 a 21 años.Los jóvenes aluden al fomento de las relaciones sociales.Los hosteleros, preocupados por el consumo de alcohol por menores
ELENA TORRES

Casi el 60% de los chicos entre 18 y 21 años acuden habitualmente al botellón de fin de semana, según recoge un informe elaborado por la Junta de Andalucía. El porcentaje de las chicas que acuden al botellón, en el mismo tramo de edad, baja haste el 44,4%. Lo verdaderamente llamativo, sin embargo, es que según el mismo estudio más de un tercio de los menores de entre 14 y 17 años, en concreto un 38,8%, acude con regularidad al botellón, y otro 16,8% ha acudido alguna vez, aunque afirma que «ya no lo hace».

Después de los jóvenes de entre 18 y 21 años, el siguiente tramo de edad con mayor presencia sería el de muchachos de entre 22 y 25 años, con un 48% para los chicos y un 30% para las chicas.

En total, el 36,9% de los jóvenes entre 14 y 30 años, afirma acudir al botellón regularmente, mientras que un 32,4% afirma que lo ha hecho, pero ya no lo hace con regularidad.

El Instituto de la Juventud de Andalucía ha elaborado un extenso informe sobre las conductas de los menores de 30 años , en el que se estudian aspectos como familia y emancipación, formación y empleo o pautas de ocio y consumo.

Coste

El alto coste de las bebidas alcohólicas y los refrescos en los locales privados como principal causa aparece como principal motivo para la práctica del botellón, ya que en este sentido responde el 89,7% de los encuestados.

Pero no se trataría tanto de hacer asequible el uso del alcohol, como de «generar un espacio no restringido a la capacidad económica de quienes acceden a él», como asegura el informe.

Otra de las principales causas que esgrimen los jóvenes para acudir al botellón sería la posibilidad de «establecer múltiples y variadas relaciones». Esto se traduce, según el 73% de los entrevistados, en una oportunidad de conversar con los demás, en comparación con los problemas de ruidos que presentan los locales cerrados.

«Ésa es una de las cosas buenas que tienen los botellones, no es que puedas beber más barato lo que sea, sino que te puedes relacionar con todos, porque en las discotecas muchas veces ya no puedes ni hablar. Sin embargo allí conoces a un montón de gente, te hablas con ellos, a lo mejor no hablas con ellos en toda la semana y lo haces el sábado o el viernes por la noche», afirma uno de los testimonios recogidos en el informe de la Junta.

Espacio

Otras razones para frecuentar el botellón tienen que ver con el espacio. Se trataría de una forma de habilitar un espacio propio, al margen de las regulaciones adultas. Se trataría de crear un espacio propio y no regulado en el que poder compartir e intercambiar experiencias.

En cuanto a las consecuencias de esta actividad, la mayor parte de los jóvenes que acuden al botellón, el 65,5%, piensa que molesta a los vecinos.

Otro aspecto importante es la opinión de los jóvenes sobre las posibles actuaciones para acabar con esta práctica. El porcentaje más alto, un 46,4%, piensa que se podrían rebajar los precios en bares y discotecas, frente a un 12% que apoyan las campañas informativas de prevención o el 7,1% que se declara a favor de la prohibición.

Hosteleros

La presidenta de la Asociación Provincial de Hosteleros de Almería, Isabel Juan Rodríguez, reconoce que el botellón supone un impacto económico para los bares, pero la principal consideración de los asociados que representa tiene que ver con cuestiones éticas y morales. «Estamos contra el consumo de alcohol de los menores, también en nuestros locales. Nos parece bien que la Administración imponga medidas en locales públicos, pero pensamos que también tiene que hacerlo en la vía pública», asegura. Nicolás Salmerón Alonso, quien fuera en 1873 presidente del Estado, entonces República, probablemente no bebía, pues se le recuerdan gustos austeros y amor por el estudio. Paradójicamente, el parque de la capital que lleva su nombre acoge cada fin de semana a miles de jóvenes que hacen botellón.

«Con cuatro euros cada uno podemos tomar cinco copas. En un bar, una copa son cinco euros». Éstas son las cuentas del botellón para Manuel, y explican, en su opinión, la presencia de tantas personas en el parque, un frío sábado de marzo.

Tiene alrededor de veinte años. Ha venido al parque con su chica, Maribel, a la que conoció aquí, y un grupo de amigos. Dice que siempre se ponen por el mismo sitio. Esta noche se han colocado al borde del estanque, en la zona más frecuentada, la más próxima al Gran Hotel. Aquí cuesta transitar entre la compacta masa de cuerpos. La mayoría son adolescentes, pero también se ven caras casi treintañeras.

«Siempre nos ponemos en el mismo sitio. La bebida la compran entre dos o tres, va el que puede. Compramos de todo: whisky, ron, vodka Aquí quedamos con la gente y tomamos las primeras copas, para coger el puntillo. Después nos vamos de bares y discotecas. Todo el ambiente está aquí. Nos quedamos hasta las 2.30 o las 3.00 de la mañana», asegura Manuel, quien trabaja en un McDonalds.

Compra

La compra de hielo y vasos se deja para el último momento. Se consigue en el locutorio de la plaza Arapiles o en la gasolinera de Cepsa, junto al Cargadero del Mineral.

En los primeras horas del botellón, un numeroso grupo de personas se congrega en ante la puerta del locutorio. En el interior, una constante fila de chicos y chicas pasa por caja con bolsas de hielo, vasos de plástico o botellas de refrescos. Una bolsa de hielo y dos vasos grandes cuestan 1,90 euros. Otra fila igual se forma ante el mostrador de la 'gasolinera de Trino'. Los jóvenes llegan con las botellas de alcohol, en bolsas de plástico con el logotipo de conocidos supermercados. Aquí compran hielo y vasos, en paquetes de 20. Dos euros con cinco céntimos cuesta cada paquete. La bolsa de hielo de un kilo vale 1,50.

Bajo una palmera, dos hombres y una mujer destacan por su rojo atuendo. A pocos metros de ellos, la música de una furgoneta gris, con las puertas abiertas y sin nadie en su interior, atruena. Son miembros de la brigada social del Ayuntamiento. «La peor hora es a partir de las 2.30 y hasta 5.00. Hay veces que tenemos que llamar a una ambulancia, porque alguien ha bebido de más. Pero lo peor son los 'culeros', los que vienen a recoger lo poco que queda en las botellas: a veces se meten por medio y provocan peleas, otras veces se pelean por las botellas entre ellos. La mayoría son marroquíes y lituanos», afirman los vigilantes, que prefieren permanecer en el anonimato.

El botellón también tiene su espacio en Internet. Entre los 70.000 registros que aparecen en el principal buscador de la red, figura una encuesta titulada 'Qué hacer con el botellón', en la que ya han participado 2.272 personas. La mayoría, un 33%, de los que han expresado su opinión, se muestra a favor de crear botellódromos. A continuación aparece la opción de que los bares bajen los precios, con un 27%, y después vendrían los que votan por la prohibición, con un 25%.

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