Málaga, 24/03/05 RuidosROSA GÓMEZ TORRALBOMÁLAGA es la ciudad española que más ruido produce, después de Valencia. Según el Censo de Población y Viviendas 2001, el 47,8 por ciento de las viviendas tienen problemas con el ruido exterior, lo que duplica el porcentaje de población que dice sufrir molestias por esta causa en la Unión Europea.El ruido se convierte automáticamente en malestar y dificulta o impide la comunicación, la concertación, el descanso y el sueño. La persistencia de estas situaciones puede ocasionar efectos crónicos sobre la salud de las personas, la calidad de la convivencia y la economía de la ciudad. En origen, la función del ruido (rugido) era la alarma, el aviso en entornos amenazantes, lo que despertaba comportamientos de defensa, frente al sonido no ruidoso que permitió la comunicación. Los ruidos actuales, deben activar algún resorte ancestral de alerta y nos tienen todo el día a la defensiva, en permanente estado de desasosiego y perturbación. Cada vez me doy más cuenta de la importancia que tiene y de la tolerancia que podemos llegar a generar. Nos adaptamos a convivir con ruido de fondo, a mantener comunicaciones con interferencias, a oír sin escuchar, a escuchar sin asimilar. Al menos eso es lo que parece que le esta pasado al equipo de gobierno municipal, que en el borrador de Ordenanza Municipal sobre Contaminación Acústica, está elevando el nivel de ruido permitido por encima de los estándares aceptables. Van a promover nuestra candidatura a capital cultural del ruido, y en lugar de eliminar o al menos reducir la contaminación acústica producida por las fuentes tradicionales, como vehículos y maquinas varias, van a acabar elevando su voz y creando un nuevo foco de contaminación. Sigamos con la cultura del ruido, con el uso de teléfonos móviles en todo tipo de circunstancias, con conversaciones a pleno pulmón en espacios comerciales o de ocio y gritos y chillidos como forma de aprobación o reprobación a los más pequeños, por ejemplo. Galicia sintió la dimensión de la catástrofe del Prestige cuando el mar dejó de sonar. Ahí tenemos una posible medida de la salud acústica de Málaga, la posibilidad de oír el susurro del mar, el ritmo del batir de las olas. Para eso, antes tenemos que recuperar la capacidad de oír el silencio ¿Guardan ustedes en su memoria algún silencio en especial? Por ejemplo, aquella tarde de verano a la hora de la siesta, cuando el silencio iluminado por el sol nos deslumbraba y oíamos historias, a lo lejos, que quizás eran tan solo pensadas. No chilles, por favor, que los niños duermen, canta Bebe, porque levantar la voz es también signo de querer dominar, imponerse e incluso expresión de miedo. Por cierto, el cuadro El Grito de Munch (1893) sigue sin encontrarse y hay quien asocia su desaparición con la Costa del Sol. Qué ganas de dejar de ser el punto rojo en los mapas de ruido y de tramas delictivas internacionales...
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