Palma de Mallorca, 30/07/04 'Caso Megapark'/ Cursach cae en la trampaLa Policía Local inspecciona por sorpresa la discoteca MegaPark y la pilla 'in fraganti' vulnerando el nivel de ruidosLa Patrulla Verde irrumpió el pasado miércoles en el local, midió el nivel de la música y denunció al Grupo Cursach por superar los límites acústicos permitidos - Por este mismo motivo, Cort clausuró hace unos días al 'biergarden' vecinoEsteban UrreiztietaLa Patrulla Verde de la Policía Local ha pillado in fraganti a la discoteca que posee Bartolomé Cursach en la Playa de Palma vulnerando la normativa de ruidos. Que la sala al aire libre de Cursach desprende un infierno sonoro es de sobra conocido por todos y cada uno de los vecinos de la zona. Lo complicado hasta ahora había sido que la Policía Local lo certificara mediante sus mediciones. Y el porqué de esta dificultad es que, curiosamente, cada vez que la Policía Local se disponía a acudir al MegaPark, la sala bajaba la música como por arte de magia minutos antes de la llegada de los agentes. Pero el miércoles por la tarde dejó de ser así por primera vez en mucho tiempo.El complejo MegaPark se venía oliendo tras su polémica reapertura este verano y por su irregular situación, denunciada por EL MUNDO/El Día de Baleares, que la inspección estaba al caer y llevaba varios días con el nivel de su música inusualmente bajo. Sus medidas de precaución las extremó aún más al comprobar hace tan sólo unos días que su local vecino caía en las redes de la Policía Local precisamente por vulnerar el nivel de ruidos. Este biergarden , que recibe el nombre de Don Quijote, fue denunciado por una vecina y sufrió los rigores de la Patrulla Verde. Esta constató que superaba los límites acústicos y ordenó su clausura. De esta manera, el Ayuntamiento de Palma echaba el cierre a un local que tenía en su haber una sola denuncia, pero consentía en cambio mantener abierto el MegaPark, que acumula ya más de cuatrocientas por el mismo motivo. Pero el pasado miércoles y contra todo pronóstico le llegó el turno al establecimiento del ya ex máximo accionista del Real Mallorca por primera vez en lo que llevamos de verano. Y cayó en la trampa. A la espera de lo que decida Cort a raíz de esta denuncia, y si clausura o no la sala, lo que ha quedado claro este verano es que el Ayuntamiento de Palma ha perdido uno de los pulsos más importantes en los que se ha tenido y se tendrá que batir con Bartolomé Cursach. Un nuevo pulsoLos escándalos que han envuelto durante meses a la macrodiscoteca MegaPark no han sido suficientes para frenarle. No ha bastado que saltaran a la luz las mil y una irregularidades del complejo y el hecho de que desarrolla una actividad que no se ajusta a la licencia que tiene. Tampoco ha servido de nada conocer el trato de favor que el Consistorio le ha venido dispensando desde que se inaugurara en 2000, uno de cuyos ejemplos fue la retirada de una denuncia interpuesta contra el complejo por orden del anterior gerente de Urbanismo. Tampoco ha bastado que los ciudadanos supieran que no cumple la ley y que este verano tampoco iba a poder ajustarse a ella. De nada ha servido que la Patrulla Verde de la Policía Local detallara recientemente todos y cada uno de los problemas que alberga el complejo. Y ni siquiera ha bastado un nuevo y demoledor decreto municipal para obligar a Cursach a ajustarse a las normas. El magnate del ocio ha desafiado a las autoridades. Volvió a abrir las puertas de su establecimiento más polémico el pasado mes de mayo. Y lo hizo por todo lo alto. Mientras, el Ayuntamiento de Palma continúa asistiendo impasible al espectáculo.La postura de CortY, de momento, el único movimiento que ha hecho al respecto es declarar públicamente que permitirá que la discoteca siga abierta de par en par porque, según Cort, «legalmente puede estarlo». A la vista de la publicación por parte de EL MUNDO/El Día de Baleares de las innumerables deficiencias del recinto, el Area de Licencias de Actividades de Cort encargó el pasado mes de marzo una inspección exhaustiva del complejo a la Policía Local.Todo apuntaba a que el equipo de Catalina Cirer iba a seguir aplicando luz y taquígrafos sobre un recinto cuyo sótano (que hace meses era una de las mayores macrodiscotecas de Baleares con capacidad para 8.000 personas) se apresuró a precintar la pasada Nochevieja tras denunciar este periódico que iba a albergar una macrofiesta sin tener licencia de ningún tipo. Pero su postura ha variado. Eso, a pesar de que este periódico ha desvelado que el ingeniero de Cursach falseó hasta en dos ocasiones los planos de la macrodiscoteca haciendo creer al Ayuntamiento y a su Colegio que el complejo tenía aparcamiento o que estaba cerrado por un techo.Y ni una cosa, ni la otra.
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