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Barcelona, 21/07/04

Clos ordena mano dura con los bongós y otras molestias callejeras

Los percusionistas deberán dejar la Ciutadella y las estatuas de la Rambla no podrán obstruir el paso
Una inspección revela que el 29% de las terrazas no tienen licencia o se exceden al ocupar la acera
Carles Cols

Un bongosero sigue con su actividad en el parque de la Ciutadella pese a la orden del alcalde, ayer a las ocho de la tarde. Foto: LAURA GUERRERO
La pacificación de las calles de Barcelona por la vía de campañas de sensibilización se mantendrá como estrategia de la que el ayuntamiento espera frutos a medio y largo plazo, pero para aliviar la olla a presión en la que la ciudad iba camino de convertirse este verano por ruidos y otras quejas vecinales, el alcalde Joan Clos ordenó ayer simple y llanamente mano dura.

Los bongoseros ya no podrán utilizar el parque de la Ciutadella como punto de encuentro. La presencia de estatuas humanas en la Rambla se limitará para que su actuación no tapone el paso de viandantes. Los altavoces e instrumentos de percusión de los músicos de la calle serán requisados. El acoso a la venta ambulante se intensificará. Y, en un ejemplo más del cambio de estrategia decidido, los perros de vagabundos y mendigos serán incautados si no cumplen las normas sanitarias vigentes.

¿Tan mal está la ciudad? Ayer, el propio alcalde, en la presentación del plan de choque, facilitó algunos datos. "Queremos conservar nuestro carácter de ciudad abierta y mediterránea --insistió Clos--, preservando también la convivencia". A modo de ejemplo, el alcalde informó de que tras una campaña en la que han sido inspeccionadas prácticamente todas las terrazas de bares y restaurantes de la ciudad (2.521), se ha descubierto que un 28'5% merecían ser sancionadas, 485 por ocupar más acera de la permitida y 232 por carecer de licencia.

MULTAS MILLONARIAS
Los locales, de hecho, son uno de los frentes de batalla contra el ruido que el ayuntamiento anunció ayer. Clos recordó que las sanciones que está dispuesto a aplicar sin contemplaciones por consumo de alcohol fuera del local, cierre más tarde del horario establecido y ruidos a la salida del bar pueden alcanzar los 6.010 euros (un millón de pesetas), y para aquéllos que realizan actividades distintas a las de la licencia (restaurantes que se reconvierten de noche en discotecas) la multa puede llegar a los 60.010 euros (10 millones de pesetas).

En ese capítulo, el de los locales molestos y, sobre todo, reincidentes, el Ayuntamiento de Barcelona ha abierto una inexplorada línea de acción. Algunos infractores, cuando acumulan varias denuncias sobre la mesa, cambian el nombre del titular del local como si se hubiera llevado a cabo un traspaso y, con ello, ponen a cero el cuentakilómetros de los procesos administrativos. Contra esa treta, la concejala Assumpta Escarp anunció ayer que el ayuntamiento inscribirá en el registro mercantil y en el de la propiedad los expedientes abiertos para que figuren como una carga ante cualquier hipotético traspaso de titularidad.

VARAPALO PARA MAYOL
Este "plan de choque" --así lo definió Clos-- fue anunciado 24 horas antes de que el consistorio se reúna hoy en el último pleno antes de las vacaciones. La oposición tenía previsto atornillar a Clos con la cuestión del ruido, pero en especial a la teniente de alcalde Imma Mayol, defensora de que los bongoseros utilizaran el parque de la Ciutadella de día. En ese sentido, Clos impuso ayer en público su autoridad ante Mayol, pero es cierto también que le dio un estético respiro. El fin de la percusión en la Ciutadella --aseguró Clos-- cuenta con el acuerdo con los bongoseros, a los que se ha prometido la búsqueda de un emplazamiento alternativo antes de una semana. No obstante, ayer por la tarde seguían tocando allí.
LA APUESTA INICIAL
Mayol apostaba en un principio por un diálogo entre los percusionistas y los vecinos de la zona, con el propósito de que estos últimos aceptaran el redoble de los tambores de día. El diálogo, al final, ha sido otro. Clos aseguró ayer que, a cambio de ese prometido rincón alternativo menos molesto, los bongoseros asiduos de la Ciutadella aceptan que a sus colegas que incumplan el pacto se les requisen los instrumentos.

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