Palma de Mallorca, 11/07/04 Las cosas de la vida... en PalmaLa pesadilla de vivir o trabajar en el Paseo del BorneVecinos y comerciantes de la zona denuncian la «falta de sensibilidad» de Cort al permitir y ordenar la ejecución de obras en pleno veranoDowglas ReyesVivir en las inmediaciones del Paseo del Borne o tener un negocio en sus aledaños puede ser sinónimo de mala vida. De muy mala vida. Ruido y polvo son el pan nuestro de cada día en esta céntrica zona de Palma desde que, hace dos meses, se iniciaran las obras de instalación del sistema de recogida neumática de basura.«Estoy harta. No puedo ver la televisión con los ruidos, tengo la casa llena de polvo… Un horror», grita Elena para hacerse escuchar. Y para demostrar que no exagera, invita al inesperado visitante a entrar en su casa y a seguirla hasta el balcón, orientado hacia el Paseo del Borne. «Esos cristales los limpié no hará todavía una hora y mira cómo están ya». Pero eso no es nada, asegura el ama de casa, peor lo tiene la vecina del primero, Paqui, con un bebé de tres meses y un marido vigilante. «Ellos sí que te podrán contar», sentencia Elena. «¿Que cómo lo hacemos? Pues como podemos. Mi marido se encierra con el niño en la habitación. El todavía, como está de guardia toda la noche, cae como un tronco cuando se mete en la cama. Quien lo pasa peor es el niño, pero bueno… No queda más remedio que aguantar», comenta resignada Paquita González, de 28 años. Entre los comerciantes de la zona se escuchan las mismas quejas: «Todo se te llena de polvo y no puedes atender a los clientes con tanto ruido» . Eso, por no mencionar las pérdidas astronómicas que a algunos establecimientos ha supuesto la «brillante idea del Ayuntamiento de hacer obras en plena temporada alta». Desesperados«Estamos desesperados. Las ventas han bajado un 80 o 90 por ciento. Primero fue la feria, que con las lonas nos aislaba de la gente… y ahora esto. Yo no me opongo a que se hagan las obras, pero no en el mes de julio, que es cuando una puede levantar un poco el vuelo», lamenta Carmen García, propietaria de una tienda de decoración.Al lado de su establecimiento, Ignacio Piña tiene su negocio, una tienda de artículos de piel que en los últimos tiempos ha registrado pérdidas de hasta un 50 por ciento. Para el comerciante, de unos sesenta y pocos años, realizar obras en esta temporada del año denota «una falta de sensibilidad por parte del Ayuntamiento». Máxime cuando los afectados habían pedido en reiteradas ocasiones que los trabajos se realizaran durante el invierno o en cualquier otro momento del año. Pero Cort «pasa de todo el mundo y va a su bola», argumenta. «Pocos clientes que hay y encima esta canallada. Parece que quieren arruinar el centro de la ciudad. Y lo peor es que lo están logrando», comenta con pesimismo el dueño de Buen Gusto. Para Ignacio no había necesidad de llegar a esta situación; si el Ayuntamiento de Palma, por la razón que fuera, no podía realizar las obras en otro momento, sí podía al menos «poner dos turnos de trabajadores y así se hubiera podido acabar antes, pero cuando no hay interés…». «¿Cómo en menos de 24 horas cambiaron los raíles del tren de Soller?», pregunta el comerciante aludiendo a las obras realizadas entre el jueves y el viernes en la intersección de las calles Balmes y Eusebio Estada. «Empezaron ayer a las ocho de la noche y ya hoy (ayer para el lector), antes de las nueve de la mañana, habían acabado todo. Había interés porque era el tren de Sóller». Uno de los negocios más afectados con las obras es el de Antonio Roig. Cuando el empresario dice que tiene a los obreros «dentro del comercio», no exagera. O lo hace muy poco: a la altura de su estanco, ubicado en el número 20 del Paseo del Borne, la acera se estrecha hasta el punto de poner en peligro la seguridad de los viandantes. «Con tanto polvo y un acceso tan limitado, ¿quién va a entrar en mi negocio?», inquiere desesperado Roig. Antonio despotrica contra los políticos, a quienes, asegura, «se la trae floja lo que le ocurra a uno». «Ellos saben que el verano no es el mejor momento para hacer obras en una zona como ésta. Si todavía tuviéramos inundaciones… Pero a ellos les da igual porque eso no se refleja en su salario», añade el comerciante. «Pero los políticos están para pensar en nosotros», comenta inocentemente una clienta que ha escuchado parte de la conversación, tras pedir un paquete de Marlboro Light. «No nos engañemos, señora; ésos son los menos. Si hasta se compran trajes de 20 bolsillos», dice Roig mientras entrega el paquete de cigarrillos y un cambio de 50 céntimos. CucarachasJun to al estanco de Antonio se encuentra la Boutique Racha, con un acceso al público igual de limitado. Esta circunstancia ha provocado desde una invasión de cucarachas al comienzo de las obras, hasta un descenso en las ventas de un cincuenta por ciento, según asegura Juliana, empleada en la tienda desde hace dos meses.«Yo si soy turista y veo esto en obras, ni paso por aquí», apostilla la joven argentina, que no obstante asegura no sorprenderse con lo que está pasando: «En mi país se hacen igual o peor las cosas, así que estoy acostumbrada». La tienda Quesada, de tapicerías, alfombras y decoración, cada vez que llovía se llenaba de agua. Por eso, a diferencia del resto de los comerciantes de la zona, sus propietarias Isabel y Magdalena ven con buenos ojos los trabajos del Paseo del Borne. Eso sí, desean que se «acabe cuanto antes», que lo hagan bien y que sea algo «definitivo». «Si queremos que se acondicione el Paseo del Borne tenemos que soportar un poco las molestias. No hay otra manera de hacerlo», señalan. Las dos mujeres se oponen al tráfico rodado en el carril más estrecho del Paseo del Borne, algo con lo que según dicen están de acuerdo tanto los vecinos como los comerciantes. «Lo hemos pedido al Ayuntamiento muchas veces. Y supongo que algo harán al respecto: o colocarán pilones retráctiles o harán una calle peatonal», aventura Isabel. También defienden la construcción del aparcamiento de la calle Antoni Maura: «Es algo necesario para cualquier zona comercial». A algunos establecimientos las obras no les afectan demasiado. Es el caso, por ejemplo, de la tienda Arias, dedicada a la venta de ropa de marca italiana. Así, las empleadas Lola, Elena y Lorena afirman que «ni hemos perdido ni hemos ganado clientes: estamos más o menos igual». ¿El secreto de semejante estabilidad? «Quien quiere firmas Gucci o Dolce & Gabbana tiene que venir aquí, esté la calle cortada o no», señala con evidente orgullo Elena. Desde el lunes pasado el carril izquierdo de la calle Jaime III –donde se ubica el Corte Inglés– no tiene nada que envidiar al Paseo del Borne. El trecho que va de la calle de la Protectora hasta la calle de Can Asprer ha sido cerrado al tráfico rodado y levantado con el objeto de instalar los conductos de recogida neumática de basura. Las quejas de los comerciantes afectados no se han hecho esperar: «Es ridículo hacer algo así en una calle tan céntrica como ésta»; «no entiendo cómo se les ocurre en pleno verano»; «con las rebajas estaba viniendo bastante gente, pero ahora con esto… fin de la buena racha»; «tendremos ruido y polvo todo el día»... Algunos, sin embargo, intentan animarse pensando que podría ser peor. «Aquí al menos tenemos los soportales, que son bastante anchos y la gente puede caminar con comodidad. Tú imagínate los comerciantes del Paseo del Borne. Si nos comparamos con ellos somos unos privilegiados», afirma Rosalía, desde hace 30 años empleada de la Joyería Nácar.
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