Valencia, 23/02/04 El estampido se escuchó a diez kilómetrosQuinientos niños y adultos despiertan a la ciudad a base de «trons de bac» en el acto más madrugador de la historia reciente de la fiesta y continuada con la concentración de bandas a mediodíaMoisés Domínguez«He recibido varios mensajes en los que me daban las gracias por despertarles a primera hora en pleno domingo y en el Marítimo me han dicho que lo han escuchado sin ningún problema» decía Félix Crespo a mediodía, cuando empezaba a hacer balance del disparo de la despertà, que había puesto en guardia a la ciudad a las siete y media de la mañana, el acto más temprano de la historia reciente de la fiesta. Un fallero de Mosen Sorell-Corona, comisión que coordinó la organización del festejo, aún llegó más lejos: «a mi me han llamado desde Benetússer diciéndome que lo han escuchado con toda nitidez». El caso es que el concejal de fiestas lo tenía claro: «hemos querido recuperar una tradición que estaba perdida. ¿Cuantos años hacía que no se vivían estos momentos: el madrugón, ese ansia por conseguir una caja de petardos, explotarlos... creo que el objetivo se ha cumplido y queremos que continúe en los próximos años, como una forma de anunciar el inicio de la fiesta».La ciudad amaneció muy pronto. Desde casa de las dos falleras mayores partieron los fans del tro de bac. Primero, el grupo que iba con Laura Ortega; por detrás, y por otro acceso, los de Noelia Soria. Ambas viven en la zona de Gran Vía y aunque fueron numerosos los que se asomaron, o los que cerraron la cortina con evidentes muestras de fastidio -el temido pozal de agua no se lanzó desde ninguna enfurruñada casa-, los problemas fueron menos porque es una zona con mucho edificio de oficinas, como demuestra el otro concierto que acompañó a las comitivas: las alarmas que iban sonando a su paso. Porque las bandas de música quedaron ahogadas por el fragor de los petardos. Las incorrecciones, como tirar en las aceras, eran reprobadas por los propios organizadores, aunque algún miembro de Junta Central Fallera se lo pasó en grande haciendo lo que no debía: disparar varios petardos a la vez y hacerlo a los pies de los demás. Las falleras de la corte tardaron un poco en cogerle el truco: disparo recto y seco porque si no, no explota. «Vamos a sacar bola en el brazo» decía una, posiblemente sin imaginar las agujetas que, en estos momentos, seguro que sufren de hombro a codo. Doscientos niños y trescientos adultos disparando a la vez, justo en el momento que se apagaba el alumbrado público, dejaba un rimero de petardos sin explotar por detrás. Una cuadrilla de tiradores-escoba hacía estallar estos últimos mediante unos palos para dejar los menos posibles al alcance de imprudentes viandantes durante el resto del día. Quintaesencia del ruido«El efecto ha sido espectacular: estás en la plaza primero en silencio y oyes el ruido cómo se va acercando y, de repente, aparecen por una calle» decía un Crespo sumamente contento con la experiencia, que tuvo su remate con el fuego de la plaza. Mientras los más rezagados seguían tirando trons, ya se escuchaban las carcasas que estallaban en la demarcación de Mosen Sorell-Corona. Inmediatamente después, y en un visto y no visto, una auténtica pesadilla de fuego y ruido a cargo de las pirotecnias Gori y Valenciana tomó el espacio aéreo de la ciudad. Quizá tuvo un punto de sonoridad menor de lo que se imaginaban aquellos que pensaban que iba a ser la antesala del apocalipsis, pero consiguió el objetivo que decía Gori: «ofrecer algo diferente a lo de siempre porque si no, nos quedamos en casa». Objetivo conseguido, porque pocas zonas de la ciudad no se enteraron. Para acabar, una buena dosis de chocolate, que a Velarte y Alberto Martí les va la marcha de las fiestas populares. Eran pocos los madrugadores y hubo ración para todos sin necesidad de tumulto. Un final redondo... y a dormir, una vez despertados los demás.
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |