Pamplona, 25/07/2002 Sobre el botellón
VOY a tratar el tema del botellón, que tanto ha escandalizado a nuestros políticos, y que tan arraigado está en nuestras ciudades. Los jóvenes se inician en el botellón porque el precio de las copas en los bares es abusivo; y claro, si salen el viernes y el sábado, no les llega para todo. A primera vista, la solución ideal es el hiper: es la diferencia entre pagar 1.000 pesetas de media por la mejor botella de licor, a pagar 700 en un bar por un vaso de lo que se supone hay que llamar licor... En este sentido, el Sr. Adriansens apuntaba, en el programa de Mª Teresa Campos de Tele 5, la posibilidad de crear, como en el Caribe, unas plazoletas donde se sirviese la bebida a precios inferiores. Es algo parecido a lo que ocurre en Las Barracas Políticas: precios bajos en puntos localizados. Puede que de este modo se solucionase el problema de la limpieza, pero no el del alcoholismo en sí. En segundo lugar, al Gobierno se le ha ocurrido la idea de prohibir el alcohol en la calle. ¿Y qué van a hacer? ¿Detener a cada persona que vean bebiendo por la calle? ¡Por favor! Si desde pequeños se ha enseñado en las fiestas de cualquier pueblo, en La Ronda Copera, o en celebraciones de cualquier tipo, lo inocente y gastronómico que es tomarse una copita... Beber no está mal, el problema es cuando se confunde la degustación con la ingesta compulsiva ... Es como si en vez de pedirse un filete a la hora de comer, se compra la ternera entera. ¿A quién no le va a sentar mal eso? Del mismo modo, no es bueno ni estarse las 24 horas del día con el videojuego, ni delante de un ordenador absorto en un programa de chat... El exceso es la madre de todos los males. A los jóvenes se les escapa el alcohol... Si se les preguntan las causas, se arguye que se empieza porque lo hace la cuadrilla, y se sigue, porque ayuda a desinhibirse y a pasarlo mejor. En el fondo, lo que busca la gente cuando sale de marcha es conocer a más personas; pero si se emborrachan, se cae en un círculo vicioso: salir-beber-olvidar... el resultado es la vuelta al punto de partida: la soledad de la que se huía; aunque pagando una factura a largo plazo: la de la salud: Luego el problema principal es la timidez. Frente a este problema, el gobierno ha empezado con los programas de Ocio Nocturno , donde se hacen actividades lúdicas en un ambiente bastante diferente del acostumbrado. El problema es que esa alternativa no produce negocio, y consecuentemente, no se anuncia con tanto énfasis como la primera de ellas. ¿Qué es más atractivo, el anuncio de Whisky Dick, Gente sin Complejos , o un apartado de un diario local, en blanco y negro, con la posibilidad de apuntarse a clases de aerobic? ¿Qué se recuerda más, Malibú, con esos abueletes de la barca que dicen eso de Me estás extresando, o de nuevo, una frase fría, en una página sin color, anunciando el hip-hop? Señores, tenemos lo que nos merecemos. ACTUALMENTE, la publicidad de bebidas alcohólicas (no vamos a engañarnos) hace auténticas obras de arte. Recordemos por ejemplo la de chicos y chicas que se saludan con e Wass'up de la cerveza Budwieser. El gobierno debería invertir dinero en captar a los jóvenes con las mismas técnicas: creatividad y eficacia. Al final, al hablar con alguien sobre el fin de semana, se le pregunta: "¿qué tal?" y responde: "Muy bien. Buen ciego". En vez de contar qué hizo esa noche, lo cual sería imposible dado las lagunas que rondan por su cabeza, responde lo más fácil... Una pregunta ante la que no caben malas caras, pero que, a largo plazo, deja a la persona vacía y triste. Señores. Más que prohibir, ya sabemos qué niveles alcanzan en EEUU las tasas de alcoholismo -han cambiado el periódico de todos los días por la botella de la bolsa de cartón-; en vez de negar lo inevitable, potenciemos otras formas de vida. Y a la vez, ¿por qué no? Se debe enseñar también la otra cara de la moneda: mostrar el ridículo que hace la gente tras un consumo excesivo de alcohol, cómo los críos de cuatro años juegan en un parque lleno de cristales donde la noche anterior se celebró un botellón; y grabar también lo gracioso que resulta estampar una botella -como es el caso de muchos inconscientes que están bajo los efectos de la droga legalcontra la luna de un coche, que resulta pertenecer a un pobre hombre al que le ha costado pagarlo sudor y lágrimas. Y después, se deben mostrar las risas que producen las acostumbradas bebidas, pero como verdaderamente son; risas que no vienen a cuento, risas que hacen que la gente se convierta en el centro de atención; pero no por admiración, sino para convertirse en el blanco de todas las bromas, risas que más que a triunfar, ayudan a ser la vergüenza de los locales y de los amigos ante los que tanto se desea destacar... Por esta vía, serían los propios jóvenes los que se recriminarían entre sí; y no el gobierno. La medida de censura del alcohol se haría efectiva, pero no por imposición, sino por convicción propia. (*) Licenciada en comunicación.
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