Madrid, 28/01/2002 Los vecinos de Centro llevan las protestas contra el «botellón» a la plaza de la VillaJAVIER AMIGO / VICTOR AUNIONCerca de 400 vecinos de Centro continuaron ayer su protesta contra el botellón, llevando hasta la misma plaza de la Villa una muestra de lo que ellos se encuentran en la puerta de su casa cada fin de semana.Cristales rotos, plásticos, cartones y restos de comida fueron esparcidos frente a las dependencias municipales. Dos pequeñas hogueras y algunas meadas completaron el escenario de una situación insostenible para los habitantes de unos barrios que sufren una degradación progresiva en sus calles. La protesta comenzó a las 12.00 horas de la mañana en la plaza del Dos de Mayo, donde se leyó un comunicado en el que se definía la acción como «una reunión de vecinos, para la que no necesitamos ningún permiso; cualquier otra calificación es cosa de la Delegación de Gobierno. Si cada fin de semana se hacen botellones frente a nuestras casas, ¿por qué no vamos a hacerlos nosotros frente al Ayuntamiento?». Antes de salir hacia la plaza de la Villa, se convocó a los asistentes para las próximas acciones que se van a llevar a cabo. Todas las semanas se harán sentadas frente al Ayuntamiento y se van a enviar cartas de protesta al Comité Olímpico Internacional (COI), denunciando que «con un Gobierno municipal como el que existe es inviable una candidatura olímpica». Además, los vecinos van a asesorarse para emprender acciones legales de manera individual contra el Ayuntamiento. Desde la plaza del Dos de Mayo, los vecinos fueron caminando ordenadamente por las aceras como simples peatones. A medida que la protesta avanzaba por las calles de La Palma y San Bernardo, se fueron uniendo más personas a las 100 que salieron de la Plaza. Gente de todas las edades, desde jóvenes hasta ancianos e incluso familias enteras con niños, se sumaron a la marcha. A las 13.00 horas llegaban a la plaza de la Villa. Allí los esperaban tres furgones del Cuerpo Nacional de Policía y un recinto vallado para controlar la protesta. Frente a las dependencias municipales los vecinos reprodujeron un escenario lo más parecido posible al que encontraron ayer por la mañana, antes de que los servicios de limpieza hicieran su trabajo. «Esta situación no nos gusta, ni aquí ni en nuestras calles y plazas», aseguró uno de los portavoces de la protesta. Entre cristales rotos, basura y hogueras se gritó en contra tanto de Alvarez del Manzano como de Ruiz-Gallardón, pues consideran que ambos deberían haber tomado cartas en el asunto hace mucho tiempo. «Se están comiendo el barrio y no podemos quedarnos de brazos cruzados», contó un vecino que tras más de treinta años viviendo en la calle Velarde no va a dejar que le echen «por culpa de la desidia municipal». Una vez terminado el botellón de protesta, efectivos del Cuerpo Nacional de Policía, que hasta ese momento se habían mantenido a la expectativa, procedieron a pedir el DNI a los que pensaban que eran organizadores de la protesta. Esta petición se realizó cuando la mayoría de los medios de comunicación se habían marchado y apenas quedaban treinta o cuarenta personas frente a la Casa de la Villa. «Aquí no hay ningún organizador, cada uno ha venido por su cuenta. Si quiere pedir la documentación, tendrá que pedírnosla a todos», le increpó una vecina a los agentes. «Aquí se ven las intenciones del delegado de Gobierno: criminalizarnos a nosotros. Pero no tenemos ningún problema en entregar nuestros carnés, pues hemos venido aquí a reclamar que se cumplan las leyes, somos prisioneros en nuestros barrios», explicaron los vecinos, mientras pacíficamente se identificaban ante las Fuerzas de Seguridad del Estado. «Pasividad municipal»El único concejal presente en la concentración fue Angel Lara, de IU. «Estamos hartos de decirle al alcalde que en Madrid existen unas ordenanzas municipales y que bastaría con cumplirlas para que este problema dejara de existir, al menos parcialmente», afirmó.Por su parte, el portavoz municipal socialista, Rafael Simancas, dijo comprender a los vecinos, pues «tienen motivos más que sobrados para manifestar pacífica, pero clara y contundentemente, su desesperación».También hizo hincapié en el carácter social del problema, pues «decenas de miles de jóvenes madrileños, muchos de ellos menores de edad, se están dejando la salud. Todo esto ante la pasividad inaudita del gobierno local y del regional». El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui, expresó ayer «la preocupación por las concentraciones de jóvenes en lugares públicos de la capital en los que se bebe alcohol», pero no dijo nada al respecto de la protesta ciudadana de ayer por la mañana. «Están destruyendo el barrio»El eco de los tambores todavía resuena en lo más profundo de las viejas calles del barrio. La alfombra de cristales rotos y basura se mezcla con el agrio olor a alcohol y orín pisoteado por los cientos de jóvenes que han disfrutado de un botellón más. Cuando el reloj de la mesilla marca las 6.00 de la mañana, Pablo, un vecino que llegó al barrio hace un año, logra, por fin, conciliar el sueño.«Mi casa se ha convertido en un infierno», dice mientras observa por la ventana los rescoldos de la última hoguera que un grupo de jóvenes encendió, hace ya demasiadas horas, para combatir el frío de la noche. Fuera, cuando el día empieza a despuntar, un vagabundo bebe los restos de lo poco que queda de los cientos, quizás miles, de litros de licores ingeridos por la multitud de jóvenes que como todos los viernes y sábados se han congregado en la plaza. El botellón se ha instalado desde hace varios años en muchos de los parques y plazas de la ciudad, pero el distrito Centro se ha convertido en la meca de esta forma de ocio que cada día es practicada por chicos más jóvenes. Quizás sea un problema de educación, como recordaba uno de los concejales del distrito, pero lo cierto es que muchos de los vecinos, como Luz, una señora de 84 años que llegó al barrio hace más de cincuenta, no se atreven a salir a la calle a partir de las siete de la tarde. «Los jóvenes se sientan en el portal de mi casa a beber y casi tengo que rogarles que me dejen pasar», afirma mientras mira su puerta llena de graffitis. Los comercios y bares de copas, los mismos que fueron testigos de la mítica movida, acumulan pérdidas de hasta el 40% debido al mal ambiente de la zona y al descenso de la clientela. Algunos culpan a los comerciantes recién llegados al barrio de la situación, ya que «dispensan bebidas alcohólicas hasta altísimas horas de la madrugada». Otros, la mayoría, exigen a las autoridades municipales que hagan cumplir las normativas y que se pasen más por el barrio. Todos forman parte de un problema que «está destruyendo el barrio» y que «empaña la imagen de una ciudad tan especial como Madrid», según uno de los manifestantes.
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