Valencia, 23/05/2001 LAS MIGASRuido, desmemoria y farolas en ValenciaJesús CiveraEsas esferas de cristal que rematan las recargadas farolas estilo imperio, o así, resulta que se le caen a Jurado porque se llenan de agua, las esferas, en cuanto llueve. Menos mal que no le han caído a nadie encima. Barberá, mientras tanto, vende una parte de la memoria de Valencia, el balneario de Las Arenas, al mejor postor, y el mejor postor, que no será tonto, coloca un hotel. El ayuntamiento, otra que tal, pretende sacar a concurso la explotación de un hotel de lujo en la antigua fábrica La Lanera y sin renunciar a la propiedad del edificio cuando no le importó desprenderse, ¡ay!, del balneario mentado más arriba. Por otra parte, el ruido en las calles alcanza niveles tercermundistas, y ya comentaba Manuel Lloris el otro día con prosa casi cervantina las alteraciones biológicas que causan los coches-discoteca o las motos con escape libre campando a sus anchas y vulnerando todos los límites de la salud pública (en el Tribunal Constitucional hubo una vista oral, excepcional, por el caso de una mujer de Valencia capital, cientos de noches de insomnio, una verdadera tragedia humana su testimonio). ¿Cuántas patrullas de la policía hay en Valencia para controlar el ruido infinito? Lloris preguntó a un urbano: una. Después está la suciedad, inmensa, perenne, decimonónica también, y no hay motivo aquí para responsabilizar al gobierno municipal de Valencia: los ciudadanos no se libran. Pero uno se traslada a León, Burgos o Vitoria, Girona o San Sebastián, y no hay color. Valencia se homologa a Dar Es Salaam, y me quedo corto. El PP, conservador, debería proteger la memoria, y protegernos del ruido, de la suciedad, de la rapacidad especulativa, de las farolas que se caen. ¿O no?
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