Granada, 18/5/2001 TRIBUNA ABIERTAEl porqué de 'Granada qué'Remedios Murillo CubillasDECÍA Ortega y Gasset en 'Ideas y Creencias' "que el que renuncia a ser lo que tiene que ser ya se ha matado en vida. Es un suicida en pie". Esta frase me ha llevado a preguntarme ¿servirá este aserto para el 'ser' de una ciudad? ¿Será posible que estos seres vivos que llamamos ciudades renuncien a ser lo que deberían de ser, al papel que la historia les tiene asignado y sean suicidas que se mantienen en pie, pero con el espíritu ya cadáver? ¿No será que las ciudades no se suicidan sino que las suicidan, es decir, que las asesinan? No quiero hacer una tesis sobre esto, pero sospecho que Granada ha emprendido ese camino de no ser lo que tiene que ser, y en ese caso habría que darle la razón a Ortega. Aquí huele a muerto. No hay duda de que nuestra ciudad ha abandonado su autoestima. Ella que cautivaba a tantos, que hizo correr ríos de tinta en versos enamorados, es hoy un ser apático y gris, en el que nada brilla, en el que todo tiene un halo de dejadez y suciedad. Esta Granada acogedora, reflexiva pero sincera, coqueta y orgullosa parece haber caído en la trampa de la postmodernidad, en el cansancio espiritual que deja una sensibilidad embotada, sin ilusión y sin estímulos para luchar. Hasta aquí, he querido esbozar algo de lo que detecto en el devenir de la ciudad. Por suerte ella tiene gentes, granadinas o no, que están dispuestas a sacarla de ese paréntesis, a exigir de quien tiene el poder que pongan coto a tantos desmanes, a tanta dejadez, a tanta falta de autoridad que va dejando a nuestra ciudad convertida en una ruina, sin belleza, sin lustre, y lo que es peor avanzando hacia un 'Harlem' andaluz. En una televisión local he visto una entrevista con un alto ejecutivo de una de las pocas e empresas que tiene Granada y que por cierto estuvo a punto de sucumbir. Este señor la ha reflotado y convertido en floreciente y rica industria. Se quejaba de que no hay planes para una ciudad futura, de que Granada funciona 'tapando agujeros' y alentaba a buscar especialistas que enderecen el rumbo, contando con las peculiaridades de Granada. Eso es lo que él hizo cuando tomó en sus manos una empresa en quiebra, mal gestionada y que ahora tiene proyectos, riqueza e imaginación para funcionar durante cien años. Parecía que este empresario hablaba por la boca de estos numerosos granadinos que se han unido en la campaña de 'Y Granada ¿qué?' ¿Qué proyectos futuros para una ciudad habitable tienen nuestros políticos? ¿Qué se ha hecho de una ciudad para el silencio y el relax? ¿Qué maldición pesa sobre el patrimonio histórico? ¿Qué solución hay para el endiablado tráfico? ¿Qué será de la ciudad cuando haya perdido la mayoría de sus 'marcos incomparables'? ¿Qué lamentaciones habrá que elevar y a quién, cuando nuestra juventud tenga el índice de alcoholismo más alto de España? ¿Qué es necesario para que se cumplan las normas vigentes de la venta ambulante? ¿Qué ocultos intereses han hecho de Granada una isla dentro de Andalucía 'aislada' por tierra, mar y aire? ¿En qué ciudad se hubiera dejado un mamotreto como el edifico del 'Rey Chico' después de haber pagado por él tantos millones? ¿Qué puede ocurrir, en barrios donde la ley se ejerce como en el antiguo Oeste americano? Estos ¿qué?, no son nada, para los que los ciudadanos, unidos democrática y altruistamente, al margen de ideologías, vamos a plantear ante nuestras autoridades, en una postura de urgencia y exigencia. A este 'ser-ciudad' lo amamos y queremos evitarle una eutanasia pasiva. Aún tiene vida, podemos reanimarlo con ilusión, con asesoramiento, con buenos doctores y con el tratamiento adecuado. Hemos de ilusionarla de nuevo para que sea lo que tiene que ser. Que erguida y orgullosa exija el puesto que le corresponde en una Andalucía a la que le crece la cabeza desmesuradamente, amenazando con convertirse en un ser hidrocéfalo cuyo cuerpo enfermo a duras penas puede sobrevivir ante la falta de estímulos, ideas y 'nutrición'. Lucha difícil y desigual, en la que los ciudadanos volveremos a oír los consabidos insultos de carcundia, derecha intolerante, plañideras, etc. T odo lo anterior, nos resbala, por incierto, y nos hace ver lo increíble que puede ser para algunos el amor gratuito y desinteresado hacia el bien común que es la casa en la que habitamos. Porque lo que me resisto a pensar es que de verdad estén convencidos de que Granada va bien, de que nada es mejorable y de que su gestión, como munícipes (el que toma una tarea) es la que debe de ser. Nuestro deseo, al formular la pregunta Y Granada ¿qué?, es la de apoyar y animar a los que hoy dirigen a la ciudad para que nunca la respuesta sea 'requiescat in pace'. REMEDIOS MURILLO CUBILLAS
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