Málaga, 12/05/2001 Las botellonalesFernando SánchezEn un estudio, que culpa del ruido al buen tiempo, el casco urbano de Málaga queda de los más ensordecedores de España. También de los más soleados.Quienes padecen estos rugidos climáticos son los últimos vecinos del solar del paraíso, que ahora han creado un premio para galardonar a los vendealcoholes menos ruidosos de la movida malagueña. Esta propuesta vecinal resulta de lo más imaginativa en la lucha sorda que mantienen contra los elementos. Lo de estos hombres y mujeres es resistencia numantina, máxime cuando el nuevo centro de la capitalidad se encuentra en el Parque Tecnológico. El clima de Málaga se presenta como el caluroso aliado que da sed y ganas de hablar a una ciudad ruidosa donde se bebe y se vive rigurosamente en la calle. Y el malagueño, soleado y callejero cosmopolita de cercanías, todo el año de romántico y sonoro turista de sí mismo. Desde el boquerón pudiente que acude a terrazas y bares, hasta el monetariamente menudito que hace botellones. Como quiera que el escandaloso botellón no sólo anda por plazas y callejuelas, sino que los clientes de los bares de copas lo sacan a la puerta, al fresquito de los geranios, debajo mismo del sueño de los balcones, la de esta céntrica vecindad parece una iniciativa plausible que quizá debería, por qué no, extenderse también a otras congregaciones alcohólicas a cielo abierto. Con lo que los botellones, además de ser bebibles, ahora también serían premiables. Basta con un reconocimiento público para pasar del conflictivo botellón clandestino a la consolidación social de las peñas botellonales del centro histérico. Dentro de poco, veríanse agrupaciones como 'La archisilenciosa peña del botellón por señas´ o 'Los comedidos trasegadores del Larios tónic´, por poner un ejemplo. La única norma impuesta a los participantes será la de beber y callar. La ingeniosa iniciativa vecinal puede originar también en estas pequeñas organizaciones criminales (no se olvide que el botellón está prohibido por un bando municipal) la aparición de nuevos cargos, como el presidente del botellón, responsable de compras, tesorero, etcétera. El ruido es la única manera de vida que tiene el centro si quiere sobrevivir, pero los inquilinos de la movida malagueña llevan años y canciones hartos de vivir con la misma ruidera todas las noches. Y el piterío del tráfico diario. Algunos padecerán lesiones irreversibles en los castigados tímpanos o habrán enloquecido por el musical insomnio noctario. Los médicos hablan ya del ruido excesivo como una patología acústica, aunque si de salud se trata, un botellón de confianza es una sana costumbre muy recomendable para mantener la higiene hepática de los malagueños. Al ser de las primeras en premiar estas cosas, las asociaciones vecinales malagueñas se han vuelto de repente tan históricas como las ruinas donde viven. Ya sólo les falta el lema de la campaña, que bien pudiera ser: 'Bebe y deja dormir´, 'Si bebes no rebuznes´, o 'A buen bebedor pocas palabras bastan´. Ánimo.
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