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Granada, 12/05/2001

No toques el pito, que me irrito

j. A. G. / granada
SUS poderosos pitidos lo han convertido en el policía más popular de Granada, en un agente admirado por la eficacia con que dirige el tráfico, pero también criticado por quienes sufren sus fogosas maneras de manejar el caos circulatorio del centro. Muchos taxistas y conductores de buses elogian los sonoros pitazos que Alejandro García Bueno, conocido por 'Pavaroti', emplea para regular el tráfico a base de hercúleos golpes de pulmón a su Fox 40, un silbato de árbitro profesional capaz de dejarse oír entre los rugidos de cien mil gargantas en un estadio.

«Este pito cuesta mil pesetas y el que nos da la Jefatura, 30 duros», apunta 'Pavaroti' para subrayar la diferencia que hay entre un pito con fundamento y el de juguete de los otros policías. El caso es que el uso del Fox le ha granjeado las críticas de algunos compañeros, que le reprochan que vaya de 'policía estrella'. Él lo niega y dice que sólo procura hacer «lo mejor posible» su trabajo.

Con todo, sus principales detractores no pertenecen a la Policía. Son ciudadanos normales, gente que reside en el entorno de la plaza Isabel la Católica y de Puerta Real, y que dicen estar hasta el gorro de 'Pavaroti'. Entre ese grupo de irritados ciudadanos hay un vecino que decidió plantar cara a «este martirio diario». Hace ya dos años y medio que el hombre -que vive en el edificio del Banco de Santander, situado en pleno campo auditivo 'pavaritero'- inició un pleito en la vía de lo contencioso administrativo contra el Ayuntamiento de Granada al que responsabiliza de violar su propia normativa ambiental al dejar que 'Pavaroti' siga pitando.

El señor, que prefiere omitir su nombre, lleva desde entonces reuniendo pruebas para convencer a los magistrados que los «exasperantes» chiflidos del guardia están destrozando sus nervios y acabando con la salud de su familia. El último episodio del particular tira y afloja entre 'Pavaroti' y su molesto convecino se escribió hace tres días, cuando a eso de las once de la mañana y mientras pitaba el tráfico en Isabel la Católica, el agente recibió la inesperada visita de un notario que muy cortésmente le explicó que, a requerimiento del citado señor, se disponía a levantar acta notarial del número de pitidos que daba por minuto. «Me extrañé un poco porque nunca me había pasado nada igual», señala el policía, que, por si las moscas, comunicó el hecho a la Jefatura.

Los decibelios del guardia
El acta notarial estará lista la próxima semana y según dicen recoge unos 20 pitidos por minuto. «Y yo que pensaba que eran más», comenta 'Pavaroti' cuya única referencia en este asunto son las cartas de otras dos quejosas vecinas quele habían contabilizado entre 27 y 50 pitidos por minuto.

En cualquier caso son demasiados pitidos. O eso le parece al vecino del Banco de Santander: «Imagínese lo que son veinte pitidos por minuto durante seis horas. Eso no hay quien lo aguante». En aras de seguir reuniendo pruebas para ganar la batalla judicial contra el Ayuntamiento este ciudadano encargó que una empresa homologada por la Junta de Andalucía midiera la intensidad sonora de los pitidos del Fox 40 de 'Pavaroti'. El audímetro marcó 93 decibelios con las ventanas abiertas y 83 con las ventanas cerradas. En ambos casos se superaba ampliamente la franja de 45-70 decibelios de ruido diurno autorizado por el Ayuntamiento en la vía pública. En otras palabras, 'Pavaroti' podría ser multado por infringir la normativa de ruidos.

Pero hay más. El irritado vecino no descarta recurrir a la vía penal, aunque antes quiere solicitar un dictamen a la Academia de Medicina, a la que va a enviar los datos de los estudios que ha encargado a fin de comprobar si los pitidos del guardia son perjudiciales para la salud. En ese caso presentará una denuncia penal contra el Ayuntamiento por su «permisividad» en un delito contra la salud pública.

Tanta perseverancia tiene su explicación. «En mi casa, está todo el mundo desesperado. Mis hijas, que están preparando oposiciones, se tienen que ir a estudiar fuera. Los pitidos son tan incesantes que se pierde la concentración. Ni siquiera se puede oír la tele», se lamenta el hombre que acusa al Ayuntamiento de permitir este martirio. «Yo no digo que no pite, pero que lo haga con normalidad. No es normal que un domingo a las tres de la tarde le pegue siete pitadas a una moto que circula sola».

'Pavaroti', de 44 años, se defiende: «Yo sólo intento cumplir bien con mi trabajo». Muchos conductores dan fe de que lo hace.

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