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Granada, 04/05/2001

El día en que el tío del tiempo no me hizo caso

Ruido hasta las tantas

ANDRÉS CÁRDENAS / granada
Lo hice constar: como me nombréis pregonero llueve. Y no me hicieron caso. La plaza del Carmen a eso de la una de la tarde parecía un poema de José Hierro: Ojú que frío... Y que lluvia... Terminar de dar el pregón y llover a cántaros. Como los cantaores malos. Y es que soy un aguafiestas y más fúnebre que el panteón de Drácula. Yo antes de venir a Granada creía que Sevillana era una compañía eléctrica y no un baile. Para mí todos los movimientos de las sevillanas me parecen iguales. Es como cuando veía a los remeros en las películas de romanos.

En el estrado dije lo que creí que debí decir, pero no fue suficiente para aplacar a la meteorología. Dos días antes había llamado a mi amigo José Antonio Maldonado, el del tiempo en televisión, y le había dicho que hiciera el favor de poner un huevo frito por aquí por Andalucía. Pero en vez de un sol puso una nube y muchas rayitas. También había intercedido ante Julio Marvizón, que es el de Canal Sur. Pero ni por esas. Últimamente nadie me hace caso. Dios inventó esta fiesta para darnos la dimensión exacta de su silencio. Eso dice Rafael Guillén en un poema. Y es verdad. El silencio era mayúsculo en la Cruz de la Plaza del Carmen. Los altavoces estaban apagados. El brasero gigante que preside la cruz era todo un presagio. «Podían echarle picón y aquí nos calentábamos todos», decía un paisano. La mujer, vestida de faralaes y muy emperifollada, pagaba su mal humor con su hija. Estaba más cabreada que la madre de Supermán cosiendo botones a la camisa de su hijo:«Niña, déjale un ratito el paraguas a tu hermano». «No. Que se hubiera traído él el suyo», dice la niña encorajinada. Me emociona ver tanto amor fraternal.

Escuela de cruces
Antes del pregón hablaba con Jesús Valenzuela, que junto con José Manuel Martín Villena, son los culpables de que yo me pusiera nervioso en el estrado. Jesús está pesaroso por lo que pasa en su partido. «Más que nada triste. Había puesto mucha ilusión en ese proyecto», dice. El proyecto es del Partido Andalucista, que si antes los militantes cabían todos en un taxi ahora, con tanta purga, caben en un Smart. La espera de Jesús a que se pronuncie el PA sobre su situación debe ser parecida a los de la casa de Gran Hermano que aguardan la expulsión. Hoy es el Día de la Cruz, olvídate de todo, le aconsejo. Y él me hace caso. Enseguida me cuenta que tiene el proyecto de crear una escuela para enseñar a gente a montar cruces de Mayo. «Es que todos los años gana la misma, la de Plaza Larga, y me tiene a las otras comida la moral». La lluvia es la protagonista. Amelia Romacho dice que «si no llueve el día de la Cruz, no es Día de la Cruz. Así que no te sientas culpable». Yo creo que lo dice para animarme porque entre cuchicheos me están dando fama de gafe. Te quiero Amelia. Gracias por tus ánimos. En la presentación del pregón me pone por las nubes el concejal de Cultura. Es su deber. También tiene palabras elogiosas para mí el alcalde José Moratalla, que es un tío estupendo. Están todos los ediles y algún que otro político de fuera -como Antonio Romero- que no está en la Feria de Sevilla. ¡Qué raro!

Luego de charlar durante veinte minutos, la gente me aplaude. Yo creo que porque he sido corto. Decenas de abrazos -para ellos- y de besos -para ellas-. Me siento el 'prota' de la fiesta. «Si es que lo eres, coño», me dice mi amigo Bartolomé Biedma. Atiendo a los medios que quieren entrevistarme. «¡Dios mío! ¡Qué importante! A ver si luego me atiendes igual a mí», me reprocha mi esposa. Y otro reproche más, el de Asunción Jódar, que dice que en el pregón me he metido mucho con las mujeres. Será verdad.

Ya afuera, la gente más osada se apila como arenques en las barras techadas. Los bares céntricos están casi todos abarrotados. Cualquier hueco es bueno para pedir una manzanilla. Tengo que hacer una crónica y todavía no sé qué decir. Así que pongo la oreja y oigo que una embarazada le está diciendo a una amiga que no toma más leche porque engorda. ¡Toma que si engorda! El ludópata ha echado cinco duros a la maquinita y le han salido mil duros. Y encima el pobre cree que ha tenido suerte. Varias mujeres hacen cola para entrar al servicio. La larga espera a algunas les hace cruzar las piernas y sonreír con los muslos. Uno que está a mi lado se queja de que no le han puesto la tapa, otro de que la cerveza no tiene fuerza... Esta es la cruz de todos.

La lluvia no evitó que los equipos de sonido de la mayoría de las cruces estuvieran funcionando a plena potencia hasta más allá de las cuatro de la madrugada, hora tope permitida. El hecho de que en muchas barras no hubiese casi nadie no fue motivo suficiente para bajar el volumen. El elevado nivel de ruido que se registró en algunas plazas, como la de Mariana Pineda, la placeta del Campillo, Gracia y la placeta de los Lobos, a pesar de ser esta última una zona de seguridad por la presencia de la jefatura Superior de Policía, colmó la paciencia de los vecinos que realizaron múltiples llamadas a la Policía Local que como única respuesta indicaban que el horario permitido por el Ayuntamiento era hasta las 04,00 horas. Los vecinos de la placeta de Los Lobos y de Mariana Pineda han indicado que no entienden los motivos por los que la música no podía cortarse a las 12 de la noche.

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