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Alicante, 14/7/2001

Un millar de motocicletas retiradas de las calles se almacenan en el depósito municipal

Muy pocos dueños acuden a recoger los vehículos, que, pasado un tiempo, se subastan o venden como chatarra
V. MORA

La Unidad de Disciplina controla el ruido emitido

Todos los miércoles, los agentes de la Unidad de Aperturas y Disciplina Urbanística de la Policía Local Juan Carlos Lloret y Juan Antonio Sarrió acuden al depósito de vehículos para efectuar mediciones acústicas a ciclomotores y motocicletas que han sufrido un control y han dado positivo.

A los dueños de los vehículos que superan en más de dos decibelios el ruido permitido se les apercibe para que lo arreglen y se les cita diez días después para hacer las mediciones. Cuando se supera en diez decibelios, se inmoviliza el vehículo, que se traslada al depósito, de donde el propietario lo tiene que recoger con una grúa u otro vehículo y subsanar la deficiencia.

El procedimiento de medición está marcado por las características de cada modelo de moto, de la ficha de homologación. Los agentes cuentan con las características de fábrica y miden el nivel acústico que se marca cuando el vehículo funciona a determinadas revoluciones.

Si el propietario no subsana el problema, se enfrenta a una multa que puede llegar a 50.000 pesetas y la inmovilización del vehículo. Si lo arregla, la denuncia se retira.

El propietario de una Yamaha XS 400 comprueba in situ la medición que hacen los agentes. En la ficha de homologación, el fabricante señala que a 3.850 revoluciones la moto debe emitir 89 decibelios. El resultado son 92,4. Rebasa en más de dos decibelios lo permitido y se le insta a que cambie el tubo de escape, generalmente se recomienda el del propio fabricante. Muchos jóvenes prefieren el ruido y uno de los primeros cambios que efectúan a su ciclomotor es el cambio del tubo de escape.

El depósito municipal de vehículos de la calle Metalurgia es un mar de motos y ciclomotores que esperan, algunos sin demasiado éxito, a que sus dueños vuelvan a por ellos. Las causas por las que están allí son variadas. Predominan especialmente las que son retiradas porque carecen de documentación, no están matriculadas o no tienen seguro; otras duermen en el depósito municipal porque sus dueños las han modificado y padecen alteraciones de ruido y de carburación; muchos ciclomotores se quedan allí después de que sus conductores sufran accidentes y los familiares opten por no recogerlos. En la mayor parte de los casos, están allí porque el dueño ha aumentado la cilindrada y porque carecen de seguro. Motos y ciclomotores están rigurosamente controlados. Por un lado, se hacen seguimientos para evitar el escape libre y también hay programas para evitar que se conduzca sin casco.

En el depósito de vehículos de Alicante hay actualmente 1.100 ciclomotores y motocicletas, la mayoría de los cuales no serán recogidos. La capacidad máxima que tiene es de 1.600 vehículos y generalmente no llega a alcanzarlo porque periódicamente se producen subastas de estos vehículos. En la próxima que se va a celebrar entrarán 560 motos. De ellas, algunas se destinan a chatarra y las comprarán personas que se dedican a este negocio; y otras, las que están en mejores condiciones, se venderán al mejor postor y podrán volver a utilizarse.

En muchos casos, los dueños optan por olvidarse de su vehículo, bien porque las reparaciones que deben hacer posteriormente costarían mucho más que sus motos o bien porque también deden afrontar los costes que supone el almacenaje en el depósito Además de las posibles sanciones a las que se enfrentan los dueños de motocicletas y ciclomotores, también están expuestos a los gastos por mantener el vehículo en el depósito, que asciende a 1.250 pesetas diarias.

El caso más llamativo es el de un ciclomotor cuyo dueño debería pagar por retirarlo 450.000 pesetas, casi tres veces más de lo que cuesta el vehículo.

Uno de los responsables del depósito explica que muchos padres deciden no retirar el vehículo después de que sus hijos hayan sufrido un accidente.

Desde 1999, el ayuntamiento lucha contra el escape libre, generalmente de ciclomotores cuyos dueños trucan su vehículo, que hace más ruido. La campaña que se lleva a cabo desde entonces es muy exhaustiva y ha hecho desistir a buen número de jóvenes que emitían ruidos infernales con sus motos. Cuando se superan en 10 decibelios los límites permitidos, la moto se inmoviliza y se lleva al depósito.

El escape libre despierta a todo un barrio

Los escapes libres de ciclomotores y motocicletas copan las denuncias ciudadanas contra el ruido. Uno solo de estos vehículos que circula por la noche de un barrio a otro de la ciudad puede despertar a su paso a los miles de ciudadanos de su radio de acción. Allá por donde pasa, el ruido que provoca es tan fuerte que altera el sueño de los vecinos.

La ordenanza municipal actual contempla que no se pueden superar sonidos superiores a 30 decibelios, sin embargo, una moto con escape libre puede llegar a cuadruplicarlos. En algunos casos, se han obtenido picos de hasta 118 decibelios.

La unidad de la Policía Local encargada de la contaminación acústica reconoce que la principal fuente de ruido en Alicante procede del tráfico rodado, «fundamentalmente turismos y vehículos de peso medio, pero las motos, y sobre todo los ciclomotores con trucajes en sus motores o tubos de escape, son la principal molestia que denuncian los alicantinos», expone el agente Juan Carlos Lloret. Los máximos niveles se producen entre las nueve y las once de la mañana y entre las siete de la tarde y las nueve de la noche. Los mínimos son generalmente entre las tres y las seis de la madrugada.

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