|
|
Barcelona, 5/2/2001
Cinco años después
Tres familias de Barcelona entrevistadas en 1995 relatan de nuevo su vida con el ruido
FELIP VIVANCO / BARCELONA
Ocuparon toda la página 43 de "La Vanguardia" del 26 de noviembre de 1995.
Tres familias barcelonesas, una de Sants, otra del Eixample y otra del barrio de Tres Torres, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, hablaron de su combate diario con el ruido que campaba en la ciudad a sus anchas, sin freno ni control alguno. Se acababa de publicar un estudio europeo que calificaba Barcelona como la segunda ciudad con más contaminación acústica del continente. Y ellos aportaron su granito de arena ilustrando con su día a día lo que certificaban los fríos números europeos.
A los Banchs Ruiz, el doble cristal les salvaba de la locura acústica del Eixample. Nada ha cambiado desde entonces: el mismo estruendo, el mismo cristal.
A los Ribalta Ferran les acababa de salvar el cubrimiento de la ronda del Mig -hoy rambla de Brasil- que sembró de silencio uno de los focos más ruidosos y contaminados de Barcelona en los años 70 y 80.
A los Olives Sampere les parecía mágico vivir a diez metros de la Via Augusta y disfrutar de una tranquilidad que, estando en plena ciudad, no se pagaba con dinero. Cinco años más tarde su edén se ha tornado en un barrio menos confortable y saturado por el tráfico. Con más canas, más hijos, más perspectiva, más vivencias por contar y desde los mismos hogares, las tres familias han hecho balance de todo este tiempo transcurrido en su relación con el ruido.
Aragó-Balmes: Familia Banchs Ruiz
Sí, cómo no, el señor Ruido aún vive aquí
Aquel día salieron al balcón y en cinco minutos se hizo la sesión fotográfica. El ruido era ensordecedor. El pasado viernes, cinco años, dos meses y nueve días después, ha sucedido tres cuartos de los mismo. Nada ha cambiado en la jungla acústica de la calle Balmes con Aragó, uno de los agujeros negros del ruido de la ciudad. "No ha mejorado, tampoco ha empeorado, pero mucho más no puede empeorar." En la casa de Josep Banchs y Cristina Ruiz, como en tantas otras del Eixample, rige la ley del doble cristal en invierno y en verano. Otra cosa es coquetear con una situación insostenible que puede desembocar en lesiones neuronales de por vida. Lo dicen los últimos estudios médicos. El doble cristal les aísla y el balcón -reformado- es un lujo que no sirve para nada. Acaso para no oír la tele cuando no interesa. Abrir las ventanas equivale al botón de "eliminar sonido". La familia -el matrimonio y sus dos hijas- ha aprendido a vivir en la parte posterior de la casa, donde están los dormitorios y una salita. Su peor pesadilla, también la de muchos de sus convecinos del Eixample, son las sirenas de las ambulancias y las motos con el tubo de escape libre. Estarán encantados, dicen, si el Ayuntamiento cumple con su promesa de inmovilizarlas hasta que no se equipen con un tubo silencioso. "Es como un mueble más de casa", sostenían en aquella ocasión. Ahora parece que haya adoptado forma humanoide. Sí, como no, el señor Ruido aún vive en Balmes-Aragó.
Lo que opinaban en 1995
La familia Banchs Ruiz ya hacía gala hace cinco años del estoicismo con que hoy se enfrentan al ensordecedor ruido que circula por el Eixample. "Somos esclavos de la ciudad, pero nos gusta", decían entonces. El origen del escándalo cotidiano continúa siendo el tráfico: coches, autobuses, motocicletas con el tubo de escape libre y sirenas de ambulancias generan un escándalo que ya hace un lustro consideraban como "un mueble más de la casa". Al menos, las molestias de los bares de copas cercanos, que se añadían a la lista de inconvenientes, parecen haber menguado. Los cristales dobles y los materiales aislantes eran -y son- las mejores armas de esta familia contra el ruido.
|
Brasil / Badal: Familia Ribalta Ferran
Un milagro diario en la rambla Brasil
Se asomaban tímidos por el balcón, como no creyendo lo que veían sus ojos y, sobre todo, lo que ya no escuchaban sus oídos. El milagro de la cobertura se podía tocar y el rugir enfebrecido de los coches pasando a todo gas estaba enterrado bajo el cemento. Todavía recuerda cuando en 1975 compró el piso. La ronda del Mig era una gran zanja viaria por donde no discurrían muchos coches. "Pasaban pocos, eran otros tiempos y el piso estaba tan nuevo, todo tan bonito que lo compramos." Luego la zanja se convirtió en una autopista de primer orden. Aquel 26 de noviembre de 1995, Josep Maria Ribalta musitaba: "Cuando hagan la rambla será una maravilla". Desde entonces, todo ha ido sobre ruedas y está orgulloso de ello: muy pocos barceloneses disfrutan de un nivel acústico tolerable -y no lo que entienden por tolerable en el Ayuntamiento- viviendo en pleno núcleo urbano. "El ruido ha bajado en un 80%, que es muchísimo". Aún en 1996, la ronda era una placa de cemento. Luego vino la urbanización: "Hay que decirlo, el Ayuntamiento hizo un buen trabajo, primero, cubriendo y, después, ajardinando y urbanizando la rambla, aunque en otras zonas -admite- la situación haya ido a peor". Ahora se pasea por la rambla y se lo cree, pero no se olvida de todos los años en que no podían tender la ropa en el balcón: se llenaba de un raro hollín que desprendían los viejos y no tan viejos automóviles y camiones. "Es una lástima que aquí estemos tan bien y en otras zonas, como Via Augusta, tan mal."
Lo que pensaban en 1995
Hace cinco años, la familia Ribalta Ferran hablaba como si hubiese despertado de un mal sueño. Del peor. Por entonces, la familia celebraba la construcción de un aparcamiento entre la avenida de Madrid y la calle Pavia, adonde dan sus ventanas. "Aquello era inaguantable, era brutal; ahora, se puede hablar, ya no hay contaminación y apenas se oyen lo coches cuando pasan", decían. Habían tenido que cubrir el balcón y poner ventanas con doble cristal. Pero todo aquello se acabó. Los días y las noches dejaron de ser una pesadilla acústica. La televisión volvió a sonar a un volumen razonable. Y el humor de la familia se templó.
|
Calatrava / Via Augusta: Familia Olives Sampere
Cuando el silencio ya es sólo recuerdo
Hace cinco años eran, de las tres entrevistadas, la familia privilegiada. Habían dejado un tiempo antes la cloaca sonora de Balmes-Diagonal y disfrutaban de un silencio "monacal" en la calle Calatrava, incluso viviendo a dos pasos de Via Augusta y General Mitre, en aquel entonces mucho menos saturadas que ahora. A Josep Enric Olives, Patrícia Sampere y sus dos hijos, Marc y Pablo, aquel silencio tan impresionante les suena a recuerdo en el álbum de familia. Como a muchos otros vecinos de Sarrià, Sant Gervasi o la Bonanova, su, en general, alta calidad de vida ha bajado en picado, al menos en lo que al descanso se refiere. "La situación se ha deteriorado en todo este tiempo. En nuestra calle, en la Via Augusta, en doctor Roux, en otras muchas partes alrededor el tráfico se ha disparado por la apertura de accesos, por la presencia de los túneles de Vallvidrera y porque -apostillan- ha habido un movimiento demográfico hacia Collserola. Antes no pasaba nadie por aquí y ahora todos, taxis sin pasaje incluidos." Cuando se realizó la primera entrevista, la zona alta de Barcelona aún disfrutaba de la luna de miel con el tráfico que aún no había ahogado las rondas. A los dos años, la situación cambió y los cinturones circulares empezaron a escupir coches y más coches a las grandes vías de conexión.
Entienden que haya sucedido lo que ha sucedido pero desearían volver a la situación de entonces, cuando sólo oían, y de vez en cuando, alguna ambulancia o una moto con el tubo de escape trucado, el peaje acústico mínimo para una ciudad.
Lo que pensaban en 1995
Conversar plácidamente, oír los propios pasos al caminar por las calles, dormir en verano con las ventanas abiertas, respirar aire puro... Unos pocos trazos que dibujan el paradisiaco marco donde vivía la familia Oliver. El marco sigue siendo el mismo: un piso en la calle Calatrava. Pero los trazos han cambiado radicalmente en tan sólo cinco años. Antes, la familia Oliver se sentía privilegiada. Corrían los tiempos en que el escándalo de una ambulancia que rompía el silencio les llamaba la atención. Cuando la quietud invitaba a la incredulidad. Pero hoy todo ha cambiado y el escándalo está a la orden del día.
|
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org
|