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Pamplona, 20/01/2001

Mucho ruido

L OS pamploneses residentes en las zonas de discotecas, salas de fiesta y variantes se quejan del ruido que sube por las fachadas y de la suciedad que les espera en las calles, de par de mañana.

Viejo pleito. Si algún asunto pasa de corporación en corporación, de mandado en mandato, desde la tira de años, es el del malestar vecinal por el estruendo de las madrugadas. Los sucesivos equipos de gobierno se encontraron la queja al llegar al poder y la dejaron tal cual, eso sí, después de haber intentado hacer algo y de fracasar en el intento. O sea, mucho ruido y pocas nueces.

"Lo importante es que los pamploneses sepan que se está trabajando para solucionar uno de los problemas que más quejas provoca entre la ciudadanía", ha dicho el concejal de Protección Ciudadana, José Luis Díez. Cierto. Eso es lo importante. Sin embargo, no es menos cierto lo que advierte el vecindario: que lo verdaderamente importante es encontrar la solución de una vez por todas. Mientras tanto, volvemos a lo de antes: mucho ruido y pocas nueces.

Ya en los años setenta, los vecinos de los piso bajos del Casco Viejo, San Juan e Iturrama se quejaban al Ayuntamiento por el exceso de decibelios. De los locales y de las salidas de los clientes. Querían hacerse oír ellos también ante los medios de comunicación, aunque con una lógica cautela: si colgaban la etiqueta sobre la edificación podía costarles caro en el caso extremo de cambiar de vivienda. Han pasado treinta años: el problema es tres décadas más gordo porque ha engordado también el tiempo y el dinero del ocio.

Gobierno y Ayuntamiento estudian ahora nuevas fórmulas de control para adaptarse a los establecimiento también nuevos, como los llamados disco-bares, y a los horarios impensables antaño, como los mañaneros. Con los imparables cambios sociales las ordenanzas envejecen en un pispás. Si algo quedaba claro al leer la propuesta de estudio de actividades y horarios del ruido, es que la actual normativa está en la inopia.

Pero alguna medida tiene que haber para reconciliar los derechos vecinales con la actividad de ese sector de la hostelería que también forma parte de la vida de la ciudad y tiene su público entre la población de hecho y de derecho.

Ruidos y suciedad. El segundo capítulo, imputable directamente a los consumidores, también ha disparado las alarmas. Sin embargo, se equivoca el Ayuntamiento al meter la suciedad mañanera de las calles en el paquete de las discotecas. Determinadas zonas de la ciudad en las que no hay ningún bar amanecen algunos días de fin de semana con basura de bolsas, cartones de bebidas, botellas, vasos de plástico... Restos de juergas a la intemperie que dan los malos días al vecindario. Que se lo pregunten, por citar un ejemplo, a los de la Plaza de la O.

Y en este caso no es cuestión de nuevas ordenanzas, sino de urgencia en la limpieza.

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