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Barcelona, 18/1/2001

Hasta el tímpano

El ruido en la ciudad es el principal motivo de queja ante el Síndic de Greuges

FELIP VIVANCO / BARCELONA

ÀLEX GARCIA.
Una joven intenta hablar por teléfono en el cruce de Diputació con Pau Claris, ayer a mediodía

El ruido se ha convertido en la peor pesadilla ambiental de Barcelona y de la metrópoli durante todo el año -en verano más que nunca, pero también en otoño, en invierno y en primavera-. Por el día -las cifras son oficiales- casi la mitad de la ciudad supera los niveles recomendados. De noche, el porcentaje es muy superior. La evidencia, que nadie niega, es que la polución del aire ha pasado el testigo a la contaminación acústica, que, según todos los datos, se está apoderando de la ciudad.

Así lo confirmaba hace unos meses en su visita a Barcelona el profesor alemán Dieter Gottlob, una de las voces europeas más autorizadas en la materia. Lo ratificó la Agencia Europea del Medio Ambiente, que en su estudio más reciente situó a Barcelona como la segunda gran urbe más ruidosa de Europa en un grupo de 19 municipios. Lo reafirmó el último mapa sónico municipal de 1997. Y por si no bastara, lo han dejado más que claro los ciudadanos en sus quejas a las instancias oficiales. Sólo un ejemplo: la Oficina del Síndic de Greuges constató en su informe al Parlament del año 2000 que el ruido copaba, con diferencia, el primer puesto de las denuncias de los residentes de Barcelona y otras urbes catalanas.

En el informe, el Síndic, Anton Cañellas, no sólo recuerda que "el ruido es uno de los principales motivos de queja en esta institución", sino que en sus comentarios, en el tono diplomático habitual, se ve "forzado a reiterar" la necesidad de elaborar leyes y hacer cumplir las ordenanzas municipales tal y como había reclamado un año antes, en el informe de 1999. Los motivos de queja, como las recomendaciones a ayuntamientos y Generalitat, también son similares cada año que pasa. No aparece el tráfico, que es el gran foco del ruido y de las quejas, pero no de denuncias oficiales. En cambio sí aparecen como focos de molestias los gimnasios, los bares, industrias y talleres, pero sobre todo los equipos de aire acondicionado.

El Síndic, en su informe, reclama "prudencia" a la hora de conceder licencias en aquellas calles donde puede aumentar los niveles de contaminación acústica y "rigor" cuando se tenga que hacer cumplir las normativas. Muchos de los casos que ha investigado la Oficina del Síndic (93 en 1998 y más de cien en 1999) tienen su origen en Barcelona, pero también en otras poblaciones en las que la reducción del ruido es mucho más complicada. Dos grandes áreas se disputan el dudoso privilegio de padecer el estruendo de los aviones. Por un lado protestan los habitantes del barrio de Santa Maria de Barberà, en Barberà del Vallès, que sufren el tráfico aéreo del aeródromo de Sabadell; por otro, los habitantes de Gavà, El Prat y Castelldefels, que tienen que convivir con el ruido de los reactores -que pueden llegar a los 140 decibelios (dBA), más del doble del máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

París subvenciona el cristal doble para luchar contra el ruido

J. R. GONZÁLEZ CABEZAS. París
Unas 77.000 viviendas ubicadas en algunos de los ejes más ruidosos de París podrán mitigar su infierno con ayudas públicas. Gracias a un plan lanzado por la alcaldía a mediados del pasado diciembre, inquilinos y propietarios podrán acceder a una subvención municipal del 20% de la factura del blindaje de ventanas y aislamiento de tabiques. La ayuda puede llegar al 50% en combinación con la Agencia Nacional para la Mejora del Hábitat (ANAH), copartícipe de la operación ideada por el alcalde Jean Tiberi. Convertido a la causa medioambiental tras haber servido bajo el mandato de Jacques Chirac al desaforado culto al automóvil, el hoy disidente alcalde gaullista acredita una apreciable hoja de servicios en favor de una ciudad más habitable para sus residentes.

El Ayuntamiento ha dispuesto una partida inicial de 15 millones de francos (unos 380 millones de pesetas) para financiar el plan, programado para tres años y renovable. La subvención, que incluye un peritaje gratuito, tiene un tope máximo de 2.000 francos (50.600 pesetas) por ventana. Una sociedad municipal de economía mixta gestiona la recepción de los proyectos. El plan es modesto y hasta abiertamente oportunista -Tiberi subvenciona lo que sea desde hace meses para lograr la reelección en marzo-, pero no tiene precedentes en los municipios del país. En todo caso, se inscribe en una política global de lucha contra el ruido en las ciudades de Francia, donde una ley aprobada en 1992 obliga a todos los poderes públicos a desarrollar programas contra la contaminación acústica urbana.

Los técnicos han acotado las zonas en función de cinco niveles de decibelios. Unas 38.000 viviendas de las 77.000 acotadas tienen al menos una ventana al exterior, lo que arroja un mínimo de 95.000 ventanas que deberían incorporar cristal blindado o doble. El Ayuntamiento cuenta con que una gran parte ya se ha aislado porque de momento su programa no da más que para unas 4.000 al año. La operación programada se concentra en algunos puntos del "périphérique" (gran ronda exterior) y en algunos de los ejes urbanos más bulliciosos y transitados, como los grandes bulevares, calle Rivoli, avenida del general Leclerc, plaza de Italia, etcétera.

Unos diez millones de personas están expuestas a un ruido superior a 65 decibelios en la conglomeración urbana de París. El nivel de ruido en el "périphérique" o en las inmediaciones del aeropuerto de Roissy llega a 80 y 85 decibelios. Las calles más tranquilas registran 50. Los expertos calculan que las viviendas situadas en zonas ruidosas sufren una depreciación del 30% y datos recientes atestiguan que el 31% de las personas que se mudan de domicilio huyen del ruido. Sólo el blindaje de las ventanas puede reducir el impacto sonoro en 25 decibelios.

RECETAS DRÁSTICAS PARA REDUCIR EL TRÁFICO

Crecen las vías destinadas al transporte público, bicicletas, patines y peatones
La ley de 1992 obliga a que ninguna obra de nueva construcción genere más de 60 decibelios. Desde el pasado día 4, uno de los accesos clave de París (la A6B) está cerrado por obras de insonorización y cobertura. Unos 10.000 residentes soportan a diario el fragor de más de 100.000 vehículos. Por encima de las medidas coyunturales, la guerra al coche y la redefinición de los espacios urbanos se abre paso como solución en las ciudades. El actual alcalde de París, que ha ampliado las vías y carriles para el transporte público, bicis, patines y peatones, quiere reducir el ruido en un 4% en seis años, pero su rival y máximo aspirante a la sucesión, el socialista Delanoë, se propone un radical 20%
Tanto la OMS como los expertos que trabajan con el ruido, también asociaciones de neurólogos y otorrinos, consideran que los impactos acústicos que sobrepasan los 65 decibelios por el día (55 si no es en la calle) y los 55 de noche (45 en interiores) ponen seriamente en peligro la salud. En Barcelona (véase el gráfico adjunto) el listón no es tan exigente. Los responsables municipales consideran que sufrir impactos de hasta 75 decibelios por el día y 65 por la noche es tolerable.

Esa flexibilidad a la hora de juzgar el límite de bienestar o malestar tiene que ver con los resultados -poco esperanzadores- del mapa sónico de 1997. El informe evidenciaba que uno de cada tres barceloneses sufría ruidos por encima de los 65 decibelios y que el 57% de las calles durante el día también superaba ese listón (tolerable para el municipio, pero no para médicos y ciudadanos). Durante la noche, cuando el silencio es más necesario para lograr un sueño reparador, la situación empeora: el 79% de las calles, es decir, cuatro de cada cinco, registra impactos sonoros circunstanciales o continuados de más de 55 decibelios. Para muchos ciudadanos, su peor pesadilla, aunque sea por no poder dormir.

LAS MEDIDAS

El dilema de la zonificación
Barcelona ha sido pionera en Europa en el análisis de la contaminación acústica con dos mapas sónicos en su haber. Sin embargo, el diagnóstico, hasta ahora, se ha quedado en poco más que eso y el ruido no ha menguado. La medida más efectiva puesta en marcha hasta ahora por el gobierno municipal es la renovación de la flota de los vehículos de la limpieza, ahora más silenciosos.

Los técnicos han puesto su esperanza en la zonificación, en la que asigna un límite acústico a cada área en función de si es comercial, industrial o residencial. Así se obliga a los establecimientos que se quieran instalar en una zona cualquiera a garantizar unas condiciones acústicas mínimas. Aún está en una fase inicial, si bien las asociaciones anti ruido ya dudan de su efectividad

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