Zaragoza, 26/6/2000 La movida nocturna que no cesaTodos los fines de semana se repite la misma historia en las zonas de marcha. Los ruidos, gritos y coches se apoderan de las calles impidiendo el descanso de numerosos ciudadanos, especialmente en el Casco, Moncasi y Francisco de VitoriaSILVIA RUBIO ZaragozaLa marcha es sagrada. Y ni el peso de los exámenes ni el frío de este fin de semana han impedido que las principales zonas de bares se llenaran hasta altas horas de la madrugada de miles de jóvenes. Y con ello ruidos estridentes, gritos y coches «tirados» por aceras, plazas y carriles de circulación. Una vez más. Un paseo por el Casco Viejo, Moncasi o la zona de Francisco de Vitoria demostraba nuevamente la noche del pasado sábado hasta qué punto estas áreas «de ocio» se convierten en un verdadero hacinamiento de vehículos, pitidos y toda suerte de «adornos» por las aceras. Sin olvidar los grupos que mantienen frenéticas conversaciones «hiperdecibélicas» impropias de esas horas y los coches discotequeros con el radiocassette a punto de explotar. «La gente que vive en zonas de marcha ya sabe a qué se expone, así que lo mejor es que no se venga a vivir a ellas», dicen algunos noctámbulos, aguerridos defensores de su parcela de desenfreno semanal. Pero siempre hay alguien que, a pesar de todo, se muestra más sensible. «La verdad es que a mí no me gustaría estar en el pellejo de los que viven encima de algunos bares, porque eso de que se tengan que meter en bañeras y con tapones para dormir no debe de ser la bomba», precisa Leticia, estudiante de Geológicas. Aun con todo, el ritual de los fines de semana se repite con la misma insistencia. Un vistazo a la zona del Casco resulta desolador. Las calles Alfonso y Mayor se convierten en el mejor concesionario de la ciudad, apto para todos los gustos. Gran parte de las aceras desaparecen bajo kilos y kilos de carrocería, motor y ruedas. Dobles filas Las esquinas de las calles del entorno, como Espoz y Mina, Manifestación, Refugio o Santa Isabel, repletas de turismos mal aparcados ponen a prueba los reflejos del conductor, que se las ve y se las desea para evitar echar mano del seguro. Sin olvidar la zona de César Augusto y las Murallas, donde todos los viernes y sábados por la noche desaparece por completo el carril derecho de circulación y parte del central por las dobles filas. Por cierto, ¿qué pasará cuando esta zona tan reclamada por los noctámbulos se cierre para eliminar su adoquinado? ¿Dónde se meterán todos estos coches? La respuesta se sabrá a partir del próximo fin de semana. Similar panorama presenta la zona de Francisco de Vitoria. Esta calle, María Lostal y General Sueiro son las más sufridas, con dobles filas casi kilométricas. Los contenedores dejan de tener ese significado y muchos de los coches de los vecinos aparecen con los espejos retrovisores hechos añicos. Los cánticos de los más animados y sus charlas a voz en grito amenizan noche tras noche el sueño imposible de los habitantes de estas calles, que siguen reclamando una solución que nunca llega. Como los vecinos de Moncasi, de los más luchadores junto a los del Casco Viejo. A pesar de que todos los fines de semana hay algún furgón de la Policía Nacional o de la Local, los ruidos siguen impidiendo el descanso de muchos. Ya no sólo por gritos propios de la euforia nocturna, sino por peleas más o menos serias, como la registrada ayer en la que un joven aporreaba sin descanso una gran persiana comercial mientras le gritaba a pleno pulmón a un amigo «te vas a enterar, porque cien mil pesetas son cien mil pesetas».
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