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Barcelona, 24/5/2000

La ciudad de los ruidos

VIVIR EN BARCELONA
PLENO MUNICIPAL: EL AYUNTAMIENTO INCUMPLE SU PROMESA DE PRESENTAR UN PLAN ANTIRRUIDOS

Paseo por las zonas de la ciudad donde el escándalo hace insoportable la convivencia

LUIS BENVENUTY

Algunas zonas de esta ciudad, más que un prodigio, son un escándalo. Vecinos de algunos barrios sufren, no precisamente en silencio, la contaminación acústica. En su lucha contra los decibelios de más, los afectados suelen toparse con una administración poco sensible ante problemas que se arrastran desde hace años y con la falta de solidaridad de sus conciudadanos, que acaban por tacharlos de maniáticos, locos y pejigueros. La contaminación acústica es un problema que se agrava durante los meses de verano, cuando no se pueden cerrar las ventanas.

Los vecinos de la Ribera, hartos de las terrazas que ocupan las calles, encargaron su propio estudio acústico. Los valores guía asignados por la ordenanza municipal para la zona durante la noche es de 60 decibelios -un nivel muy permisivo-, pero con la ventana abierta un viernes noche de primavera se registraron en tres casas del barrio magnitudes por encima de 70 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el descanso se ve perturbado con consecuencias negativas para la salud si se superan los 30 decibelios en el interior de las viviendas. En un dormitorio con doble acristalamiento del paseo del Born se llegó a 42 decibelios. Hoy entra en vigor la polémica ampliación de los horarios de las terrazas de la zona para el verano. Los hosteleros se han comprometido a mantener el orden. Este problema se repite en la plaza del Sol, en Gràcia. Allí, los vecinos llevan casi un decenio protestando por el ruido que generan las terrazas, los escándalos que montan los clientes cuando los bares cierran y el timbaleo de músicos espontáneos de media noche. "Hemos puesto denuncias ante la Guardia Urbana, pero dicen que no pueden hacer nada", asegura la presidenta de la asociación de vecinos de la plaza del Sol.

En esta lucha de intereses hay quien es capaz de todo. Un vecino de la calle Provença asegura haber recibido amenazas de muerte de los dueños de una discoteca colindante con su vivienda: "Me dijeron que me matarían con mi hijo si les volvía a denunciar a la Guardia Urbana". Las denuncias -hasta siete ha llegado a presentar en una noche- de poco le han servido a este hombre de 52 años que, desde hace nueve, sufre un estruendo en su salón que ha llegado a los 75 decibelios, algo así como la bocina de un coche o el tráfico intenso. Una molestia que se desarrolla en las noches de fin de semana hasta las cinco y media de la mañana.

Pero el ruido no siempre deriva de actitudes incívicas. La asociación de vecinos de la plaza Sant Josep Oriol se queja de los servicios de limpieza. Sobre la medianoche aparece el camión de la basura. A las dos de la madrugada llega el coche de riego y cuando se marcha una hora después viene el camión que retira los cartones dejados por los comercios de las calles adyacentes. "Por las características de la plaza, el eco es tan tremendo que no nos deja dormir", dice Jaume Costa desde la asociación. Sus reiteradas quejas al Ayuntamiento han caído en saco roto.

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