Cantabria, 02/03/08 TRIBUNALESTocar el piano en casa puede salir muy caroLa Audiencia condena a una familia a pagar 4.500 euros a unos vecinos por las molestias que causaba su hijo al interpretar 9 horas al día en su casaC. DE LA PEÑA«La música es el más bello de los ruidos... pero ruido al fin», dijo Napoleón Bonaparte. Y lo ha suscrito ahora la Audiencia de Cantabria en una sentencia en la que condena a unos padres a indemnizar a sus vecinos con 4.500 euros por las molestias que les causaba su hijo al tocar el piano, muchas veces durante nueve horas diarias. «Ni por la intensidad ni por la duración es humanamente soportable» la situación, concluye el tribunal. Además, la sentencia prohíbe al adolescente seguir con su repertorio salvo que sus padres insonoricen adecuadamente la habitación donde se encuentra el instrumento o le compren un piano electrónico. El tribunal ha dado un mes y medio de plazo a los demandados para adoptar alguna de las dos medidas.Y es que por increíble que parezca la música de Mozart o Beethoven puede estar en el origen de un pleito vecinal, porque a veces las mejores partituras son capaces de perturbar la convivencia. Los denunciantes, que son vecinos de El Astillero, se vieron abocados a ir a los tribunales en 2006 hartos ya de los conciertos diarios, muchas veces de 9 horas, del hijo de su vecino de arriba, un adolescente estudiante de bachillerato y de piano. Mientras aquel tocaba, la hija del matrimonio, en edad escolar también, se veía obligada a abandonar el estudio y marchar de casa, situación que le provocó un estado de estrés no sólo a ella sino a todos los miembros de la familia. En febrero de 2007 el Juzgado de Primera Instancia número 6 de Santander dictó sentencia, condenando a los demandados a insonorizar la vivienda o a comprar un piano eléctrico a su hijo para cesar los ruidos, además de indemnizar con 4.500 euros a la familia por los daños psicológicos causados. Los denunciados, lejos de aquietarse a la resolución judicial, recurrieron a la Audiencia, tribunal que ahora ha respaldado íntegramente la sentencia de instancia. Durante el juicio, los demandados reconocieron que su hijo, estudiante del conservatorio, tocaba el piano durante varias horas al día, aunque nunca de noche, en una habitación que no se hallaba aislada acústicamente, pero alegaron que habían insonorizado el suelo donde se encontraba el instrumento musical. Un perito judicial comprobó, sin embargo, que los materiales instalados en el salón «no producen efecto alguno». Vecinos y amigos de los afectados declararon que el piano se escuchaba con un fuerte volumen, y la Policía Local de El Astillero y el propio perito calificaron los niveles de ruido en el domicilio de «elevados». Las mediciones realizadas por unos y otro determinaron que se superaban con creces los 40 decibelios establecidos por la normativa municipal. La jueza de instancia, Laura Cuevas, concluyó que las emisiones sonoras procedentes del piano en que practicaba el joven, «aún previniendo del ejercicio de una actividad lícita y normal, son reiteradas, persistentes y exceden de los normalmente tolerable, vulnerando así el derecho a la intimidad de los vecinos», dando un plazo de mes y medio a los demandados para comprar un piano eléctrico o insonorizar la habitación. Pero el procedimiento judicial llegó a la Audiencia y ahora la sección cuarta ha ratificado la condena, que es firme. Pone de manifiesto el tribunal que el pianista, «no es que use de su libertad para decidir en su beneficio cuándo toca el piano», sino que «a la vez está determinando la libertad y capacidad de obrar de la familia denunciante», a la que ha producido un daño «psicológico y moral».
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