Salamanca, 20/02/08 Desalojan a 500 estudiantes que hacían un botellón en un edificio de SalamancaROCÍO BLÁZQUEZ
Y esto es lo que sucedió el pasado fin de semana cuando un grupo de estudiantes, la mayor parte de ellos Erasmus, decidieron organizar una fiesta en los pisos que comparten en un edificio de La Rúa, en el centro histórico de la capital. Lo que en principio se presumía como una reunión de un grupo de unos veinte o treinta amigos se convirtió en una gran fiesta que congregó a más de 500 personas atraídas por «un falso reclamo», según han comentado los organizadores. Invitación en cadena En este sentido, los inquilinos de los pisos aseguran que estaba todo pensado para acoger a unas veinte personas por vivienda «aunque unos fueron invitando a otros, y otros a otros y al final esto se desbordó». A la cantidad de estudiantes que acudieron invitados por los amigos de los inquilinos, se unieron decenas de jóvenes que se encontraban por la zona el sábado de madrugada y que pensaron «que aquí podía entrar todo el mundo, y ya no lo podíamos controlar», asegura una de las afectadas. «No se podía dar ni un paso»Hubo momentos, según relatan los inquilinos «en que no se podía ni dar un paso, estaba todo completo, desde los pisos, hasta las escaleras, no cabía ni una persona más». Ante esta situación uno de los moradores intentó convencer a jóvenes que abandonaran la fiesta y a los que esperaban poder entrar, que se fueran, «pero fue inútil» aseguran, hasta el punto de que algunos de los que se encontraban en la fiesta amenazaron a los inquilinos si les echaban. Ante la aglomeración de estudiantes y el ruido que había tanto dentro como fuera del edificio, se personó en el lugar una patrulla de la Policía Local alertada por los vecinos de los edificios contiguos. Al llegar, los agentes fueron recibidos con un vaso de vidrio que impactó en la luna de su coche y procedieron posteriormente a desalojar el edificio e identificar a los que se encontraban bebiendo en la calle. La llegada de los agentes fue acogida con satisfacción por los organizadores de la fiesta ya que aseguran que «estábamos desbordados y con miedo por lo que pudiera pasar. Aunque tengamos que pagar una multa es mejor que lo que hubiera podido pasar». El caso ha sido puesto a disposición judicial a raíz de una denuncia por daños a instalaciones públicas y privadas, así como por exceder los niveles de ruido permitido.
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